NFL PLAYOFFS

Lo bueno, lo malo y lo feo de los playoffs divisionales de la NFL

Patrick Mahomes no es parte de esta sección a pesar de lanzar 5 pases de touchdown, el rival al que enfrentó sí.

Mike Vrabel en las laterales
Maddie Meyer AFP

Lo bueno

Sí, Patrick Mahomes lució -finalmente- como el de la temporada pasada y encaminó a los Chiefs a un contundente triunfo. Eso ya se ha visto antes.

Pero hacer que Lamar Jackson parezca un simplemente mortal después de una temporada histórica, bueno, eso sí es una novedad.

Derrick Henry ha sido un invitado recurrente en esta sección durante la segunda mitad de temporada y durante el fin de semana de los playoffs divisionales, el “Tractorcito” (30 acarreos y 195) yardas tendría los méritos para apoderarse de este espacio por sí solo. Pero lo que mostraron los Tennessee Titans va más allá de su monstruoso running back.

El coach Mike Vrabel, apenas en su segunda temporada en el cargo, estableció un plan de juego perfecto para contrarrestar al mejor equipo de la NFL durante la temporada regular. Utiliza a tu mejor arma hasta el cansancio, resiste el primer embate, pega primero y repite. ¿El resultado? Unos Ravens unidimensionales, un Lamar Jackson sin piernas y una mayúscula, y grata, sorpresa.

No son muchos los entrenadores en esta liga que están dispuestos a darle el balón 30 veces a un running back. Son muchos menos los que se conforman con que su quarterback, el líder en rating de toda la NFL, lance el balón apenas 14 ocasiones. Pero para Vrabel, llegar a esas instancias significa un escenario ideal. Lo han hecho durante toda la postemporada y los resultados están a la vista de todos. Un viaje a la antesala de Super Bowl con triunfos a domicilio sobre el actual campeón y el equipo con la mejor marca de la NFL, ambos a domicilio.

Un juego de control de balón, y de reloj, una ofensiva eficiente y, sobre todo, contundente, hacen la mitad del trabajo para cualquier defensiva, en especial una tan agresiva como la de los Titans, que han permitido apenas 13 puntos en promedio en sus últimos tres partidos. Ante Deshaun Watson, Tom Brady y Lamar Jackson, nada más y nada menos.

Lo malo

Los Baltimore Ravens llegaron a playoffs como el mejor equipo de la NFL, la ofensiva más peligrosa de la liga y una máquina devoradora de yardas por tierra. Se despidieron como cualquier cosa menos eso.

El inminente MVP de la temporada, Lamar Jackson, les sirvió un banquete a sus detractores con una actuación para el olvido y, de la mano del coach John Harbaugh, cargarán con la responsabilidad de una eliminación inesperada.

Arriba 14-0 luego de (muy) poco más de un cuarto cortesía de una intercepción y dos espectaculares recepciones de touchdown a envíos de Ryan Tannehill, los Titans pusieron a prueba la paciencia del coach Harbaugh y los Ravens. Resulta que no fue mucha.

Con la necesidad de remontar en casa y con su temporada en la línea, los Titans obligaron a Jackson a ser lo que pocas veces fue en la temporada regular: un quarterback de tiempo completo. En sus 59 envíos -por mucho la mayor cantidad de su joven carrera-, Jackson justificó todas las dudas que pendían sobre él de que no era un pasador a nivel de NFL.

Con el marcador en contra y sin Mark Ingram en el backfield, Harbaugh se deslindó prematuramente de su mejor arma, la ofensiva Read-Pass Option desde la misma primera mitad, poniendo el juego justo donde Tennessee lo quería: en el brazo de Jackson.

Cuatro días después de cumplir los 23 años, Jackson demostró que aún tiene mucho que trabajar para ser un quarterback que pueda ganar los partidos con su brazo cuando su brazo es la única opción. Lanzó dos intercepciones, soltó un balón y completó apenas el 52% de sus pases, derribando en cuatro cuartos lo que le costó toda la temporada construir.

Lo feo

Los equipos grandes encuentran su camino a la victoria incluso bajo la neblina más espesa, los equipos chicos encuentran la manera de perder cuando todo parece en el bolsillo. Después de lo ocurrido el domingo, sería absurdo preguntarse a qué categoría pertenecen los Texans.

Arriba 21-0 en menos de un cuarto ante Patrick Mahomes y la ofensiva más vertical con vida en los playoffs, y discutiblemente de toda la NFL, el coach Bill O’Brien optó por patear un gol de campo de 31 yardas en lugar de ir por ella en 4ta y menos de una yarda por avanzar en la 13 de Kansas City. No hay oportunidades mucho mejores que esa de darle el tiro de gracia a un rival con tres cuartos por jugar.

Tal vez para compensar su garrafal error, arriba 24-7 en su siguiente serie ofensiva, O’Brien decide jugar una 4ta y 4 desde su propia yarda 31 con un engaño de despeje. La jugada no funcionó y de ahí se destapó la cloaca a 34 puntos sin respuesta de los Chiefs. Un providencial escape de las garras de la victoria para unos Texans carentes de respuesta para la adversidad.

Si convertirse en el primer equipo en la historia de los playoffs en perder por al menos 20 puntos después de ir ganando por al menos 20 puntos no es suficiente humillación para Houston, tal vez la declaración de O’Brien de que se tomó una decisión “subóptima” al ir por el gol de campo en esa 4ta y 1 al no decidirse por una jugada, sea suficiente para enterrar la cabeza en la tierra y no sacarla de ahí hasta que empiece la siguiente temporada.