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Tom Glavine: Peloteros podrían cargar la culpa de cancelación

El miembro del Salón de la Fama compara las negociaciones actuales con la huelga que paralizó al baseball en 1994.

Tom Glavine con los Braves
Drew Hallowell Getty Images

Blake Snell ya dijo que jamás jugaría bajo la propuesta económica actual de los dueños como parte de su plan para reiniciar la temporada, y Bryce Harper respaldó las palabras del zurdo de Tampa Bay. El problema es que los aficionados pueden vivir sin Snell, pero difícilmente sin Harper.

Las palabras de Snell la semana pasada, de que no estaría dispuesto a “arriesgar la vida” por salir a jugar bajo una propuesta que podría reducir su salario hasta en un 75%, es sólo el giro más importante en una negociación entre dueños y el sindicato de peloteros en un plan para reiniciar la temporada.

Hasta el momento, y gracias a gente como Snell y Harper, los dueños de equipos tienen la sartén por el mango. Todo gracias a las percepciones, como bien lo apunta Tom Glavine.

“Si todo se redujera al tema económico y ese es el motivo por el que no tenemos una temporada, podríamos pasar por una situación similar a la huelga del 94 y 95 en lo que respecta a los aficionados”, declaró Glavine al Atlanta Journal Constitution en un artículo publicado el martes. “Incluso si las quejas de los jugadores estuvieran 100% justificadas, se van a seguir viendo mal”.

Glavine sabe de lo que habla. No solo como un miembro del Salón de la Fama y el cuarto zurdo con más triunfos en la historia, sino como representante sindical durante el paro que le costó al baseball su puesto de privilegio en el corazón de los aficionados.

Es un tema complejo. A medida que el tiempo avanza rápidamente, dueños y peloteros están en una carrera por salvar todo lo que se pueda salvar de la temporada. Los dueños han dicho que, incluso si se juega en estadios vacíos, la liga perdería alrededor de 4,000 millones de dólares y de ahí se origina la propuesta de dividir los ingresos de forma equitativa entre ambas partes, lo que reduciría drásticamente los salarios de los peloteros.

Los peloteros se niegan rotundamente a aceptar dicha condición, primero porque en marzo pasado habían pactado con MLB un acuerdo para recibir la porción prorrateada de su salario basándose en el número de juegos, y segundo porque, según su postura, son los jugadores los que se arriesgan a contraer el virus y estar en cuarentena lejos de sus familias, mientras que los dueños poco arriesgan durante una situación de reactivación controlada.

¿Quién tiene la razón? En el panorama general de la situación, es difícil nombrar culpables e inocentes de una posible cancelación.

Pero Glavine sí está bien seguro de algo: Los peloteros no deberían utilizar los diferentes medios a su disposición para hablar de su situación salarial, pues en vez de generar empatía entre los aficionados, van a quedar como codiciosos. Lo dice basándose en su experiencia.

“Sentí que, si hacía una entrevista en radio o televisión, si tenía 10 minutos disponibles, podía hacer que alguien entendiera lo que estaba pasando y pasarse de nuestro lado”, comentó Glavine. “Eso nunca iba a suceder”.

Glavine tiene razón. El aficionado puede vivir sin baseball, pero sería imperdonable que no lo tenga porque jugadores, muchos de ellos ya con la vida resuelta, se niegan a jugar por más millones. Al baseball le tomó tiempo recuperarse del daño causado por la huelga, y podría enfrentar una situación similar si permite que estas negociaciones se salgan de control.