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Lo bueno, lo malo y lo feo de la semana 8 de la NFL

San Francisco demuestra que su mejor ataque es la defensa con una actuación para acaparar reflectores.

Defensiva de 49ers con Panthers
Thearon W. Henderson AFP

Lo bueno

Los Carolina Panthers llegaron a San Francisco como la amenaza más seria para el invicto de los 49ers. El riesgo duró alrededor de cinco minutos.

Fue el tiempo en que le tomó a Jimmy Garoppolo encontrar a su nuevo juguete en el baúl, Emmanuel Sanders, para un touchdown de cuatro yardas que puso a San Francisco al frente y le permitió soltar a los perros para desatar una tormenta que terminó por arrancarle la etiqueta de maravilla a Kyle Allen.

Sí, el ataque de Garoppolo y Tevin Coleman (3 touchdowns) fue el responsable de colgar 51 puntos en la pizarra, pero no habrían podido rebasar el medio centenar de unidades por primera vez desde la semana 14 de 2003, de no ser por una defensiva que los colocó constantemente en posición perfecta para hacer daño en el marcador y horadar por completo la confianza de un equipo que llegó montado en una racha de cuatro victorias.

Allen, el inexperto pasador que llegó al juego sin una intercepción en sus cinco inicios en la NFL, lanzó tres pases al equipo equivocado. San Francisco fue capaz de capitalizar convirtiendo esos robos en 17 puntos, muchos más de los que necesitarían en una noche en la que también acumularon 7 sacks (3 de Nick Bosa), admitieron apenas 2 de 13 conversiones en tercer down y no permitieron un solo viaje de Carolina a la zona roja.

De las 14 series ofensivas que tuvo Carolina, ocho de ellas terminaron con cinco jugadas o menos, permitiéndole a la ofensiva de San Francisco atacar una y otra vez a una defensiva que terminó por otorgar 232 yardas terrestres, la mayor cantidad desde la semana 13 de 2016. Operando con el respaldo en el marcador y de una feroz defensiva, Garoppolo completó 18 de 22 pases para 175 yardas, dos touchdowns y San Francisco brindó la actuación más completa para un equipo en la temporada este año.

Lo malo

Este espacio debería estar reservado durante el tiempo que Jameis Winston sea capaz de mantenerse como titular en la NFL. De acuerdo a lo mostrado el domingo, no debe ser mucho tiempo.

Los Bucs sufrieron una apretada derrota 27-23 en su visita a Tennessee que los colocó con marca de 2-5 y prácticamente les significó el tiro de gracia a su temporada. Un revés fuera de casa por tres puntos en un partido en el que perdieron cuatro balones debería ser una señal de progreso. No lo es cuando Winston fue responsable de las cuatro pérdidas, que se convirtieron en 14 puntos del rival.

Winston, quien acumula 12 intercepciones en la campaña, lanzó otras dos en la derrota ante los Titans, la última de ellas a 26 segundos del final que representó la puntilla en un partido en el que los Bucs hicieron todo lo posible por perder hasta que finalmente lograron su cometido.

El domingo, Winston fue una montaña rusa estadística, como lo ha sido toda su carrera. La mala es que completó apenas 21 de 43 pases; la buena, para 301 yardas. La mala es que lanzó dos intercepciones; la buena, y dos envíos de touchdown. La buena es que solo fue capturado en tres ocasiones, la mala es que soltó el balón en dos de ellas.

Tampa Bay llegó al juego como la cuarta ofensiva más productiva de la NFL, pero eso solo se ha traducido en dos victorias en la campaña, y la razón principal es Winston, quien tiene siete intercepciones en sus últimos dos partidos y podría ser cuestión de tiempo antes de que le ceda el lugar detrás del centro a Ryan Griffin.

Lo feo

Ver con impotencia como el progreso de tu quarterback va en sentido contrario, llevándose con él tus aspiraciones de Super Bowl no es suficiente para los Bears. Ahora también tienen que enfrentarse a los fantasmas de su última eliminación, que de acuerdo a como se han dado las cosas recientemente en Chicago, bien podría ser su mejor oportunidad en mucho tiempo. Eso último es particularmente cruel.

En una jornada infame para los pateadores alrededor de la NFL, desde Adam Vinatieri a Jake Elliott y Wil Lutz, nadie tuvo un domingo más desgarrador que Eddy Piñeiro, el pateador de origen nicaragüense que le costó el triunfo a los Chicago Bears, un equipo que ahora navega en el sótano de un sector que supuestamente debían dominar.

Piñeiro falló un intento de gol de campo de 33 yardas, una patada que impactó el poste e hizo recordar el yerro de Cody Parkey en el último segundo del duelo de comodines que representó vacaciones amargas y prematuras para los Bears. Lo peor estaba por venir.

Después de que Mitch Trubisky había hecho el milagro de colocar a los Bears en posición de gol de campo al moverlos 43 yardas en 1:33, el coach Matt Nagy mandó un kneel down en tercer down con 43 segundos restantes para que Piñeiro, quien había concretado intentos de 25, 19 yardas, pateara un gol de campo de 41 yardas en el último latido del reloj en la derrota de Chicago 17-16 ante los Chargers.

Piñeiro (11 de 13 en la campaña) no le había dado motivos a Nagy para desconfiar, pero el head coach debió tomar en cuenta la historia reciente del equipo e intentar facilitarle las cosas a su pateador. Después de todo, 41 yardas son cualquier cosa menos un gol de campo seguro.

La tercera derrota en fila para Chicago representa el momento de apretar el botón del pánico y Nagy tiene mucho trabajo por delante con una ofensiva que no encuentra tracción y unos equipos especiales que, invariablemente, fallan a la hora cero.