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Dick Butkus: El prototipo del linebacker moderno

La carrera de “El Animal” fue breve pero suficiente para establecerse como el nuevo estándar en la posición debido a su agresividad.

Dick Butkus con los Bears

Cuando Deacon Jones dice que eres el tipo más violento de la NFL, es porque seguramente lo eres. Después de todo, Jones no era precisamente dócil, pero incluso él sabía reconocer que no era rival para Dick Butkus.

“Era un animal. Un animal muy bien adaptado”, dijo alguna vez Jones, a quien se le atribuye el término ‘sack’ y un sinnúmero de víctimas. “Cada vez que (Butkus) te golpeaba, intentaba mandarte al cementerio, no al hospital”.

Bestia reconoce a bestia. Y durante solo nueve años entre 1965 y 1973, no hubo una más salvaje en la NFL. De hecho, lo más posible es que no haya habido una similar hasta la fecha, un periodo que incluye a Lawrence Taylor, Jack Lambert y Ray Lewis.

Las evidencias van mucho más allá de una reputación. En nueve temporadas en la NFL fue nombrado ocho veces All-Pro (cinco como primer equipo), fue a ocho Pro Bowls, fue dos veces Jugador Defensivo del Año, y aunque no había registros oficiales en esa época se le acreditan 1,020 tacleadas. Debido a la violencia de sus impactos, a nadie sorprende que haya recuperado 27 fumbles en su carrera, un récord al momento de su retiro.

Pero el mito de Butkus va más allá de los números. Es casi una leyenda urbana que cambió para siempre el molde del middle linebacker. Por establecer un punto de referencia, Ray Lewis medía 1.85 y 108 kilogramos. Butkus, quien llegó a la liga medio siglo antes, era más alto (1.91), más pesado y, sin ninguna duda, más violento.

Sus contemporáneos cuentan historias que hoy en día serían imposibles de creer, muchas de ellas también serían ilegales ─no solo dentro del campo de football.

Como la vez que Butkus pidió un tiempo fuera a 10 segundos del final de un juego contra los Lions, solo para tener una última oportunidad de golpear a alguien. O aquella ocasión en que interceptó un pase de Frank Tarkenton y en lugar de conseguir un touchdown fácil, buscó al quarterback de los Vikings para arrollarlo.

¿Su reacción?

Jamás saldría a lesionar a alguien a propósito… a menos que fuera, ya saben, importante, como un juego de la liga, o algo así”.

El reino de terror de “El animal” fue breve porque Butkus solo tenía una velocidad: A toda máquina. Para muchos jugadores, las derrotas tienen una elevada factura, especialmente emocional, pero Butkus nunca perdió la intensidad a pesar de solo pertenecer a dos conjuntos con marca ganadora y acumular un récord de 48-64-4 en su carrera con los Bears.

Butkus nunca se dio por vencido. Sus rodillas sí. Tal vez cansadas de cargar con el peso de una franquicia mediocre durante casi una década, o doblegadas por el peso de su status de leyenda, simplemente no dieron más.

Apenas lo suficiente para convertirlo en un ícono de maldad y agresividad que cautivó a una liga que ha ido perdiendo ese atractivo, hasta convertirse en un deporte de destreza y no de violencia.

Es por eso que jamás volveremos a ver a alguien como él.

Butkus fue una inspiración, incluso poética.

“Bueno, lo único que puedo decir sobre el gran Dick Butkus, lo diré en un poema”, comentó Jones durante una entrevista para NFL Network en 2013.

“Las rosas son rojas y las violetas azules. Y si tienes un poco de sentido común, mantente lejos de Dick Butkus”.