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Red Sox, Patriots y el arte de salirse con la suya

El comisionado de Grandes Ligas anunció penas muy tenues para los Red Sox por su supuesto escándalo de robo de señales, pero eso ya se ha visto en la ciudad.

Anuncio de los Red Sox campeones de Serie Mundial
Omar Rawlings Getty Images

Han sido meses difíciles en lo deportivo en la ciudad de Boston. Mookie Betts fue cambiado por unas cuantas monedas a los Dodgers, Tom Brady dejó atrás dos décadas en la ciudad para irse a retirar a Florida, como lo hace cualquier anciano. Rob Gronkowski salió del retiro, pero solo para irse a jugar con su amigo a Tampa Bay.

Pero hey, al menos se salieron con la suya con otra trampa que se convirtió en un anillo. Y nadie, nunca, podrá quitarles eso.

La ciudad con más títulos deportivos a nivel profesional en los últimos 20 años en Estados Unidos lo hizo de nuevo el miércoles, cuando el comisionado de Grandes Ligas Rob Manfred anunció los resultados de su, digámosle, “investigación” al supuesto robo de señales de los Red Sox durante las temporadas de 2018 y 2019. El equivalente a un manazo y una hora en el rincón para pensar en lo que hizo.

Eso ya se ha visto en la ciudad. La Ciudad de los Campeones... a como dé lugar. ¿O es que acaso ya nos olvidamos del SpyGate de los Patriots? ¿O del otro SpyGate? Del DeflateGate ni hablar porque ese, sinceramente, sí es una payasada. Pero, el punto es que Boston ha llegado a acostumbrarse a hacer cosas, digamos, cuestionables, y salirse con la suya. Mantener los beneficios y privilegios de ser campeón sin tener que pagar el precio total de sus acciones, por ilegítimas que sean.

Con su anuncio, Manfred no solo le evitó como 100 pelotazos a los bateadores de los Red Sox, sino que limpió un gallardete que estaba sumido en un pantano de estiércol. Boston solo tuvo que pagar con una segunda selección del draft y la pérdida de su operador de video. Un precio muy bajo por un título de Serie Mundial.

No cualquier título de Serie Mundial, vale decir. Un título de Serie Mundial sin manchas ni signos de interrogación, sin asteriscos ni botes de basura, como el que obtuvieron los Astros un año atrás con un sistema ideado, en parte, por Alex Cora, el manager de los Medias Rojas que, según la exhaustiva investigación de Manfred, no tuvo nada que ver con el sistema implementado en Boston. Sí, claro.

La investigación de Manfred a los Medias Rojas, al igual que con los Astros, se basó en entrevistas con los peloteros que hablaron bajo condición de inmunidad. Ninguno de ellos saltó del barco, ninguno de ellos levantó un dedo para acusar a un manager que ya no era parte del equipo. Cerraron filas y crearon un chivo expiatorio que, sinceramente, nadie va a extrañar. ¿Quién es J.T. Watkins, después de todo?

Manfred concluyó que Cora no estaba al tanto de la situación. Y que el caballo blanco de Napoleón tampoco era blanco.

Hace un par de meses, cuando los lanzadores de toda la Liga Americana se relamían los bigotes por ponerle un pelotazo entre ceja, oreja y rabo a Alex Bregman, José Altuve y compañía, David Ortiz, símbolo y rostro de los Red Sox, salió a declarar que Mike Fiers, el expitcher de los Astros que destapó la cloaca, era un soplón.

Las palabras de “Big Papi” ─en plena investigación a los BoSox─ no eran un mensaje a Fiers, sino un mensaje al interior del grupo. A nadie le gustan los soplones. Todos en el equipo descifraron la señal. Nadie acusó a nadie. Cuatro años después de su retiro, Ortiz sigue siendo el salvador de la franquicia, líder y redentor.