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#NFL100

Larry Fitzgerald: Unas manos que merecen un anillo

El veterano wide receiver de los Cardinals tiene el respeto universal y números de Salón de la Fama, pero no un campeonato que valide su increíble carrera.

Larry Fitzgerald en partido de Cardinals
Christian Petersen Getty Images

Pocas veces en un siglo de historia, la NFL ha visto unas manos como las de Larry Fitzgerald. Es una pena, sin embargo, que no haya una sortija de campeón que las adorne después de 15 años en la liga.

Y con el estado actual de los Arizona Cardinals, es probable que la ventana de campeonato se le haya cerrado para siempre.

A pesar de sus 1,303 recepciones (tercera mayor cantidad en la historia), sus 16,279 yardas (segundo en la historia) y sus 116 touchdowns, las manos de Fitzgerald ni siquiera sean la mayor de sus virtudes.

Su profesionalismo, lealtad, paciencia y altruismo superan, por mucho, su habilidad para correr rutas y atrapar pases, convirtiéndolo en una de las figuras más influyentes en la historia de la NFL.

En una época en la que los receptores cada vez asumen más posturas de diva ─léase Beckham Jr., Odell y Brown, Antonio─ Fitzgerald está en una categoría aparte gracias a su humildad. En una era en la que los wide receivers van con más ganas por el dinero que por el balón, Fitzgerald siempre ha dejado que sea su juego, y no su boca, la que cobre los cheques. Y en una época en donde cada vez con menos tapujos se piden cambios o se critica a compañeros, Fitzgerald siempre se mantuvo ecuánime, incluso si eso le costó mejores oportunidades de obtener el esquivo título.

En otras palabras, Fitzgerald no pertenece a la era en la que juega. Es, simplemente, un jugador chapado a la antigua, con valores en lugar de ambiciones. Cuyo mayor logro es el respeto y la paciencia. Obteniendo, en el proceso, la empatía de toda una liga y de aficionados cada vez más pasionales pero, que al tratarse de Fitzgerald, asumen una postura solidaria. Es que, es bien sabido, Larry merecía más.

Salvo los cinco años que estuvo con Kurt Warner entre 2005 y 2009, en los que jugó su único Super Bowl, Fitzgerald tuvo que hacer algo de magia para ganar cada una de sus yardas. En década y media, Fitzgerald estuvo del otro lado de los pases de Josh McCown, Shaun King, John Navarre, Matt Leinart, Tim Rattay, Derek Anderson, John Skelton, Max Hall, Kevin Kolb, Ryan Lindley, Brian Hoyer, Carson Palmer, Drew Stanton, Blaine Gabbert, Josh Rosen, Sam Bradford y Mike Glennon.

Si usted tuvo problemas para reconocer más de un nombre, ahora imagínese lo que ha de haber sido intentar atrapar uno de sus pases. Y Fitzgerald lo hizo, con la boca cerrada, transpirando profesionalismo y con los colores de Arizona tatuados.

Ya no los hacen como Larry Fitzgerald.