DESDE EL BULLPEN

El adiós de un hombre bueno

El fallecimiento del señor Motley deja un vacío en Kansas City que sentirán las futuras generaciones.

El adiós de un hombre bueno

El domingo 20 de noviembre, a los 89 años de edad, falleció Mr. Motley o Entrenador Motley, como era conocido ya que infundía tanto respeto que nadie le llamaba por su nombre de pila, Don; trabajó en correos durante muchos años pero su mayor pasión fue el pasatiempo nacional. Era muy conocido en la zona de Kansas City, ya que fue el primer afroamericano que entrenó a la vez en la Legion America League y, durante 41 años, en los Milgram Mustangs de la Ban Johnson League, además de ejercer de ojeador de los San Luis Cardinals y los Kansas City Royals.

El gran legado de Montley se basa en dos pilares

Primero, Coach Motley jamás dio la espalda a nadie y se preocupó de muchachos que otros habían dejado en la estacada. Entre ellos destaca el ocho veces guante de oro Frank White, que estuvo a las órdenes de Montley cuando tenía 19 años y ahora su nombre se encuentra en el salón de la fama de los Kansas City Royals. Motley ejercía de entrenador, padre y mentor y financió oportunidades para muchos chicos en los polvorientos campos de Kansas City. Sus enseñanzas iban más allá del diamante y tanto se preocupaba de sus jugadores, que mantenía contacto con ellos aun después de que estos se hubiesen retirado.

Segundo, fue uno de los grandes impulsores, junto a historiadores, hombres de negocios y exjugadores, del Museo de las Ligas Negras de Béisbol. Montley formó parte de un grupo de personas que se turnaban en pagar el alquiler de una oficina, que en 1990 se convirtió en el museo. Desde 1991 ejerció como director ejecutivo hasta 2008, cuando ayudó a recaudar 15 millones de dólares para el Centro de Investigación y Educación John "Buck" O'Neil.

Declarado admirador de Jackie Robinson y Larry Doby por, como él mismo dijo, llevar el peso de una raza sobre sus hombros, siempre mantuvo que fue Oscar Charleston el mejor jugador afroamericano que los aficionados del béisbol nunca llegaron a ver, según John O´Neil era una réplica de Willie Mays. Le preocupaba como los chicos se interesaban más por el football o el baloncesto que por el béisbol por una cuestión, básicamente, económica y el descenso de afroamericanos en las Majors.

Siempre dijo que si de él dependiera, terminaría con la regla del bateador designado de la Liga Americana y recordaba su mejor momento como aficionado el séptimo partido de las Series Mundiales de 1964, en las que, desde las gradas, vio como Bob Gibson, pitcher de los Cardinals, tuvo que enfrentarse desde el montículo a toda la potencia de fuego de los bombarderos del Bronx capitaneados por Mickey Mantle. Con la ciudad totalmente enloquecida, los de San Luis ganaron el clásico de otoño y Bob Gibson fue nombrado jugador más valioso.

El último homenaje al entrenador Montley tuvo lugar en el museo que él ayudó a fundar, rodeado de la incalculable gente que le apreciaba. Nunca se llenará el vacío que deja éste hombre de béisbol que todo lo hizo por el bien del juego y, sobre todo, de los chicos. Descanse en paz.