"¡Que le corten la cabeza!"

“¡Que le corten la cabeza!”. Desde que Rafa Benítez aterrizó en Madrid sonaba por el Bernabéu como un murmullo  esta frase de la Reina de Corazones de Las aventuras de Alicia en el país de la maravillas. La marcha de Ancelotti le había colocado como un extraño en un banquillo que no parecía suyo. Los jugadores alababan al entrenador italiano aún después de haberse marchado, la directiva parecía haber elegido al entrenador que quedaba de saldo —los grandes nombres estaban comprometidos— y la afición miraba con recelo la imagen de conservador que siempre ha arrastrado. Llego sin hacer olvidar a su predecesor y siete meses después, el madrileño se ha visto engullido por la sombra de su sustituto. Zidane. Un mito.

Benítez ha corrido como el Conejo Blanco del cuento de Lewis Carroll con miedo a no llegar a tiempo para acariciar títulos que se le exigieron desde el principio. Finalmente, decidieron que se le acabó el tiempo. Pero en esa huida hacia adelante, más sólo que la luna y con el esperpento de Chérysev en el camino, ha terminado por caer víctima de los resultados. El Barça se empeñó en darle vidas extra con estos tres empates en los últimos cuatro partidos. Sin embargo, no ha sido capaz de darle caza a los blaugrana y el Atlético ha aprovechado para colarse primero y proponer su candidatura al título.

La filosofía del Cholo —ese “partido a partido” que en el Chelsea sueñan con importar como el “day by day” con el argentino a cabeza de los blues— vuelve a tener vigencia. Pero también denota que algo está cambiando en LaLiga. Parecen haberse igualado las fuerzas. Una de las costumbres que me anclan a España es jugar a la quiniela con mis amigos. Cinco años atrás, era impensable apostar por una derrota de los dos monstruos de LaLiga. Si lo hacías, fallo seguro. Ahora, Madrid y Barça ya no ganan pasando como bulldozer por encima de sus rivales. Cristiano Ronaldo y Messi no coleccionan goles como el que amasa cáscaras de pipas. La sorpresa está de moda. Ahora en cada jornada siempre me pienso en colocar una X en el empate o en la victoria del rival porque me digo: "Es posible".

Zidane tendrá una dura tarea. Exigencia máxima, experiencia mínima. Y deberá pelear con un Barça cuyo tridente es temible y con un Atlético que no se quita el cuchillo de entre los dientes ni durmiendo. Pero a diferencia de Benítez, el francés llegará avalado por consenso. Sus méritos con la camiseta merengue le otorgan crédito. Ése que Benítez le hubiera hecho falta antes de irse con el turrón en la boca mientras se oía a gritos: “¡Que le corten la cabeza!”.