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Lo bueno, lo malo y lo feo de la semana 3 de la NFL

Aaron Rodgers y Russell Wilson continúan con su magnífico inicio de temporada, pero Josh Allen no está muy atrás de ellos.

Estados Unidos
Josh Allen
Bryan M. Bennett AFP

Aaron Rodgers sigue siendo una máquina para encontrar talento, y victorias, donde nadie más lo ve. Russell Wilson luce determinado a conseguir al menos un voto a MVP luego de ocho años de ser ignorado. Al paso que va, sin embargo, a nadie le sorprendería si consigue 50 esta temporada.

Nadie tendría problema alguno si Wilson y Rodgers monopolizaran lo bueno de la semana durante toda la temporada. Eso está claro. Si bien son los dos nombres —con justa razón— que han acaparado los reflectores, no son los únicos que lo merecen.

Lo bueno

Hace dos años, Jalen Ramsey dijo que Josh Allen era “Basura” y una “estúpida selección de draft” después de que Buffalo tomó en el séptimo lugar del reclutamiento al egresado de Wyoming, un jugador con enorme capacidad física y dudas del mismo tamaño sobre su precisión.

Después de lo que mostró el domingo, Ramsey necesitará mucha agua para tragarse sus palabras.

Allen lanzó cuatro pases de touchdown, el último de ellos a 15 segundos del final (después de una dudosa interferencia de pase que mantuvo con vida a los Bills), y agregó una anotación por tierra para mantener a los Bills con marcha invicta y luciendo como uno de los pesos completos de la Conferencia Americana.

La exhibición de Allen (23 de 33 para 311 yardas) llegó ante unos Rams que iniciaron la semana como la tercera mejor defensiva de la NFL y la mejor en puntos contra el pase. Pero Allen sigue sin encontrarse con una defensiva a la que no pueda dominar. En lo que va de temporada lleva 10 pases de anotación, otras dos por la vía terrestre y sigue sin pasar por debajo de las 310 yardas en la temporada. Si alguien cree que los Bills son pura defensiva y nada de ofensiva, está completamente equivocado.

Allen es el primer jugador de los Bills con al menos 10 touchdowns (12) en los primeros tres juegos de la campaña desde Jim Kelly, una compañía envidiable. Pero no son sólo los pases de anotación, sino el momento en el que llegan. En su corta carrera tiene ocho remontadas en el último cuarto y 10 series para ganar el juego en 30 inicios.

Lo malo

Kirk Cousins suele ser la única respuesta válida a la pregunta ¿Por qué perdieron los Vikings? Eso es lo que sucede cuando tienes un contrato de ese tamaño y el balón en tus manos la mayor parte del tiempo.

El domingo, sin embargo, fue culpa de cualquiera menos de Cousins. Y por cualquiera, nos referimos a cualquier jugador de la defensiva de Minnesota.

Los Vikings continúan sin ganar en la temporada, y la culpa no es de Cousins, sino de la defensiva, la penúltima de la NFL en puntos de cara a la tercera semana y que poco hicieron por salir de ese sitio ante los Titans.

¿Qué tan malos fueron? La ofensiva de Minnesota anotó 30 puntos por segundo juego en la campaña, Dalvin Cook corrió para 181 yardas en apenas 22 acarreos con un touchdown, el novato Justin Jefferson tuvo 7 recepciones para 175 yardas y una anotación y de cualquier forma los Vikings encontraron la forma de perder.

Tennessee terminó con puntos sus últimas cinco series del encuentro y Minnesota no hizo nada por detenerlos. Han permitido al menos 134 yardas por tierra en cada uno de sus tres juegos, han admitido 28 puntos o más en cada partido, y Cousins, limitado como es, no puede siquiera maquillar las carencias del otro lado del balón.

Lo feo

Te sucede una vez en el Super Bowl y resulta hasta gracioso. Después de todo el número 28-3 se ha convertido en material de incontables memes y en un símbolo de la incapacidad que define la mediocre historia de los Falcons.

Te sucede una segunda vez, con una debacle la semana pasada ante Dallas en la que dejaron escapar una ventaja de 29-10 al medio tiempo uy una de 35-17 luego de tres cuartos y comienza a ser preocupante.

Una tercera debacle de Atlanta ya resultaría dolorosa, ¿cierto? No, sigue siendo algo gracioso. Y, al parecer, inevitable. Los Falcons lo hicieron de nuevo.

De hecho, los Falcons lo han venido haciendo desde hace rato, pues el colapso ante Chicago significó la quinta ocasión desde 2016 en que pierden un juego en el que llevaban ventaja de por lo menos 16 puntos.

Una semana después de hacer el ridículo ante Dallas, los Falcons se superaron el domingo ante los Bears.

Al frente 26-10 con 9:10 por jugar, y con el quarterback suplente del otro lado, los Falcons hicieron lo que los Falcons hacen. Derretirse en el momento clave.

Nick Foles, quien entró en la segunda mitad para reemplazar al ineficiente Mitch Trubisky, lanzó tres pases de touchdown en el cuarto final (la segunda ocasión que los Bears logran la hazaña esta campaña) para “sorprender” a los Falcons. Considerando el estado en que se encuentra Atlanta, ya ningún colapso resulta sorprendente.

Foles necesitó apenas 2:50 minutos para mover a Chicago 62 yardas para el primero de sus tres pases de touchdown. Apenas 59 segundos en su segunda serie, de tres jugadas y 55 yardas, para poner el marcador 26-23 y 2:06 para completar una serie de cinco jugadas y 44 yardas. Sí, en pocas palabras a los Falcons les anotaron dos veces en cuatro minutos y con nueve jugadas.

Para su próximo truco deberían hacer desaparecer a su coach Dan Quinn.