#NFL100

Mike Ditka: El coach que se convirtió en ícono

Los Chicago Bears de 1985 son considerados uno de los mejores equipos de la historia de la NFL, y el arquitecto de esa escuadra se convirtió en una leyenda.

58: Mike Ditka, un campeón a prueba de todo

Se necesita valor para escapar de tu destino en un pequeño pueblo dedicado al acero en Pennsilvania.

Se necesita talento para revolucionar una posición de tight end hasta convertirla en una verdadera arma.

Se necesita calidad para ganar dos títulos como jugador en dos de las franquicias más icónicas de la NFL.

Se necesita confianza para escribirle una carta a George Halas y decirle que un día quisieras tomar las riendas de los Bears.

Se necesita liderazgo para convertir a 53 jugadores en uno de los equipos más dominantes de la historia del deporte profesional.

Se necesita corazón para lamentarse, incluso ahora casi 35 años después, no haberle permitido a Walter Payton acariciar la gloria en el máximo escenario.

Se necesita humildad para saber cuándo dar un paso al lado y reconocer el fracaso, por más que duela.

Se necesita carisma, mucho carisma, para adueñarse de Chicago.

Para hacer todo eso se necesita ser Mike Ditka.

Como el mayor de cinco hijos de una familia dedicada a la industria siderúrgica en los suburbios de Pittsburgh, lo más lógico es que Mike Ditka tuviera corazón _ a pesar de un par de episodios cardiovasculares _ de acero. Los Bears, una de las franquicias más añejas, conservadoras y físicas, y un coach que comparte todas esas características fueron la pareja perfecta.

Como el pupilo, primero de George Halas y después de Tom Landry, lo más lógico era que su identidad ganadora se revelara de inmediato. Después de todo, acumuló cinco Pro Bowls, cinco nombramientos All-Pro, anillos de Super Bowl como jugador, coach asistente y head coach.

Pero eso no te convierte en ícono. Y Mike Ditka fue, y sigue siendo, lo más parecido a una estrella de rock que haya tenido la NFL.

Fueron esos orígenes de clase trabajadora, el entrecejo eternamente fruncido, la honestidad a flor de piel y la ultrajante confianza, eso y un (horrendo) chaleco tejido los que convirtieron a Ditka en una leyenda.

A su llegada a los Bears, un equipo al que ayudó a darle su último campeonato en 1963 y después pasó una penuria tras otra hasta su reencuentro en 1982, Ditka reunió al equipo.

Chicos, les tengo una buena noticia y una mala noticia”, comenzó. “La buena noticia es que llegaremos al Super Bowl en tres años. La maña noticia es que la mitad de ustedes no estará aquí para verlo”.

Cumplió ambas promesas.

Ese era Mike Ditka, siempre preocupado en respaldar sus palabras sin importarle quien resultara herido. Porque cuando Ditka hablaba por lo general alguien resultaba herido: La prensa, sus jugadores, Buddy Ryan. Ahí la clave de su estatus de ícono en la cultura pop de Estados Unidos en las últimas dos décadas del siglo pasado, cuando la diplomacia comenzó a ganarle terreno a la honestidad.

Pero a sus 80 años de edad, Ditka sigue siendo el mismo. El que procesa más rápido con la boca que con la mente. El que dirá todo lo que no quieres oír. El que está dispuesto a promocionar cualquier marca por el precio correcto. El que aún no se perdona dejar a Walter Payton sin un touchdown en el Super Bowl.