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Icaro y Griezmann

Miami

Denoto, por lo que se ve y se siente, que cada vez más rápidamente, los humanos tenemos una necesidad todavía más imperiosa de construir nuevos ídolos y nuevos Dioses.

Independientemente de los dioses religiosos a los que no hago referencia, me voy a referir a los dioses que creamos los humanos de forma simplona, reactiva y ¿por qué no? obligada hasta cierto punto.

Pero tampoco no nos vamos a extrañar ahora, ¿no?, esto viene de tiempos paleolíticos y más allá. El ser humano necesita creer ya que si no hubiera fe, seríamos animales.

De lo que quiero reflexionar contigo, amable lector, es que ahora, parece que está de moda que los propios humanos, gracias a las redes sociales, se quieran convertir en dioses de la noche a la mañana.

Hoy parece ser que miles saben de ropa, arte, deporte, fotografía o de lo que sea y hay que seguirles, según creen ellos.

La historia y la civilización griega ya entendieron que no se puede jugar ni con los dioses ni tampoco a ser dioses. Hay un sinfín de historias de Sófocles, Eurípides y demás griegos eternos que ya nos avisaron con robar el fuego a los dioses o con querer volar.

Ícaro, hijo de Dédalo, una vez se dió cuenta de que con sus alas podía volar, creyó que podía llegar hasta el Sol y lo único que consiguió fue que sus alas se derritieran y, por tanto, cayó a la Tierra y no te voy a decir lo que le pasó, pero seguro que te lo puedes imaginar.

Por eso, querido Griezmann, tú, que no has hecho nada todavía, excepto marcar goles en la Europa League porque en la Champions no atinaste ni una, has hecho un show como el de Lebron cuando eligió Miami Heat hace unos cuantos años, para decir que sigues en tu equipo y que vas a cumplir el contrato. Vale, pues muy bien, ¿y qué?. Felicidades.

¿Pero quién eres tú? Si hasta que no llegó Diego Costa ni las olías. Tú que con el balón en medio campo hiciste el "shhh" famoso con el dedo en la boca haciendo callar a tu propia afición.

Comprueba tus alas querido, mira bien que no sean ni de plumas ni de cera como las que construyó Dédalo a su hijo. Podría ser, que los dioses no te dejaran entrar en su reino y la caída, sería estrepitosa.

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