El oscuro futuro de Teddy Bridgewater y los Vikings

Minnesota Vikings

El oscuro futuro de Teddy Bridgewater y los Vikings

El oscuro futuro de Teddy Bridgewater y los Vikings

El equipo de Minnesota se ve avocado a un periodo de intensa incertidumbre derivado de la espantosa lesión que sufrió su quarterback titular
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Hace doce meses los Minnesota Vikings estaban a un par de escalones de pelear por la Super Bowl. No es una exageración. El tiempo pasa muy deprisa, y más en el mundo del deporte, por lo que intuyo que algunos de los que estáis leyendo esto ni siquiera lo recordáis. O no os lo creéis, directamente.

Es por eso que es bueno recordar en que posición estaba la franquicia.

Los Vikings venían de un fantástico año 2014. Con un récord de 11-5 se habían llevado la NFC Norte y se habían colado en los playoffs de la NFL. En la ronda de wild card habían perdido contra los Seattle Seahawks, por 9-10, en un partido en el que fueron timoratos, como equipo joven que se enfrentaba a uno de los favoritos, pero en el que demostraron tener defensa para parar a la huestes de Russell Wilson, que estaban en plena racha de anotación desbocada en aquel instante. Sólo cayeron porque su kicker, Blair Walsh, falló una patada ¡¡de 27 yardas!! con el tiempo acabándose.

Mike Zimmer cumplía su segundo año al frente del equipo como entrenador jefe. Teddy Bridgewater se había instalado como un quarterback competente y capaz de dirigir el ataque con solvencia, cuanto menos. La defensa se encontraba entre la élite. Y Adrian Peterson seguía siendo el mejor running back de la liga.

Para redondear el gran momento, en el draft se habían gastado una primera ronda en Laquon Traedwell, receptor gigante de la universidad de Ole Miss, que venía con el claro propósito de ser el contrapunto a Stephon Diggs y, de esta forma, tener amenazas aéreas en todos los rangos del campo, con Kyle Rudolph, el TE, como martillo pilón de las defensas.

Todo era, pues, felicidad e ilusión en los Minnesota Vikings. Y, como suele acostumbrar en las franquicias malditas, la catástrofe estaba a la vuelta de la esquina.

Entrenamientos de agosto de 2016

La pretemporada de agosto de 2016 quedará marcada para siempre en la historia negra de los Minnesota Vikings. En un movimiento rutinario, Teddy Bridgewater cogió el balón en un snap y al moverse hacia atrás, sin contacto, se destrozó la rodilla. Y no estamos hablando de un eufemismo: se destrozó la rodilla. Ligamentos, menisco... todo se deshizo entre escenas de gran dolor, tensión y un estado de shock evidente en compañeros y entrenadores. Tenía una pinta horrible y las peores previsiones se cumplieron.

En un acto de desesperación, los Vikings traspasaron su primera ronda del draft de 2017 por Sam Bradford, y cubrieron el expediente en el puesto de quarterback. Sin embargo, cual maldición gitana, todo el proyecto se hundió con la rodilla de Bridgewater.

Poco después de comenzada la temporada, y con unos números ya bastante pobres, Adrian Peterson dijo adiós a la misma. El rookie Treadwell ni veía el campo. Y la línea ofensiva se venía abajo empezando por el hecho de que Phil Loadholt se había retirado en el verano al no recuperarse de una lesión de aquiles; Matt Kalil no rendía y, salvo Alex Boone, todo era una catástrofe. Aún con todo, el equipo consiguió ganar 8 partidos, algo que parece casi increíble viendo las desgracias que les ocurrieron.

Un futuro en entredicho

El problema es que, ya en el presente, el equipo vive en una insana indefinición.

El principal problema es saber si Bridgewater tiene futuro en la liga o no. Como todo jugador de primera ronda del draft que se enfrenta a su cuarto año, los Vikings podían extender su contraro una quinta temporada. Al hacerlo, le garantizarían su salario en caso de lesión, y ese es un riesgo que no están dispuestos a asumir: no han querido extenderle el contrato. Lo que nos indica eso es que no creen, o al menos dudan de manera notoria, sobre su futuro. Porque, en caso contrario, lo atarían. No hay más.

Sobre todo si tenemos en cuenta que Sam Bradford también será agente libre el año que viene y, por lo tanto, el problema al que se enfrentan en la posición de QB no es pequeño.

Para suplir a Adrian Peterson, fichado por los New Orleans Saints, han pagado por Latavius Murray y han elegido en segunda ronda del draft a Dalvin Cook. El primero aún deja dudas sobre su verdadero nivel, y el segundo cayó a segunda ronda porque su comportamiento fuera de los terrenos de juego es de los que da miedo a las franquicias de la NFL.

No existe mucha fe en Laquon Treadwell tras su patético año de rookie, pero tampoco tienen mucho más a lo que agarrarse en la posición, porque los refuerzos no han llegado para los receptores salvo tiros al aire, que es lo que son las rondas quinta y séptima que han gastado en esto.

La apuesta por la OL parece más seria, pues se han dejado buen dinero en un buen jugador como Riley Reiff, que viene de los Detroit Lions, y tampoco han escatimado para quedarse con Mike Remmers, que tampoco es que luciese mucho en los Carolina Panthers. Eso sí, han cogido el toro por los cuernos y han renovado sus tackles, que no es poco.

La defensa se va a seguir basando, por supuesto, en los mismos hombres. Más allá del fracaso que fue esa primera ronda de 2013, Sharrif Floyd, el resto de la unidad presenta las mismas virtudes y defectos de los últimos tiempos porque, más allá de pequeños retoques, siguen siendo los mismos en los puestos de importancia. Y, por cierto, algunos de ellos son muy buenos, como Harrison Smith, Xavier Rhodes, Anthony Barr o Linval Joseph.

Hace doce meses los Vikings soñaban a lo grande. Hoy ya saben que no contarán nunca más con Adrian Peterson para sostener todo el ataque, que Treadwell no pinta a receptor de los que te cambia un ataque (ahora mismo no pinta ni a jugador NFL) y que Teddy Bridgewater está luchando para poder tener una carrera deportiva, no para aspirar a liderar un equipo ganador.

Todo se ha venido abajo, y lo que están haciendo es tratar de salvar los restos del naufragio. Mientras tanto, sus estrellas defensivas se encaminan a contratos de renovación y el puesto de QB es una incógnita gigantesca para el próximo enero. El futuro luce oscuro en los Vikings.

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