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La cueva del campeón y territorio de cazadores

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La cueva del campeón y territorio de cazadores

Es cierto aunque parezca increíble, pero los Chicago Cubs defenderán su primer título de las Series Mundiales logrado en 108 años.

Getty Images

Los Chicago Cubs defenderán su primer título de las Series Mundiales logrado en 108 años y, por primera vez, serán la presa en las Grandes Ligas.

A falta de 30 minutos para que terminara el 2 de noviembre, fecha en la que México celebra a todos sus muertos con un colorido y vivaz espectáculo, Kris Bryant tomó el corto rodado de Michael Martínez, sacó un riflazo al ‘newman’ de Anthony Rizzo y, de manera irónica, los Cubs dieron muerte a tantas cosas en cuestión de segundos.

Por principio de cuentas, mataron ese día a unos Cleveland Indians que no supieron jugar el papel de verdugos con ventaja de 3-1 en la Serie Mundial y en busca de ahuyentar a sus propios fantasmas. Esa noche, los Cubs también mataron un maleficio de 108 años. Mataron la imagen de Steve Bartman en 2003, de Daniel Murphy machacándolos en 2015, de mil pesadillas y noches en vela.

Sin quererlo, también dieron muerte a parte de su esencia. Todo el mundo quiere a un adorable perdedor. Pero los Cubs ya no lo son más. Son los actuales campeones. Postrándose en el trono a toda ley. luego de sortear 162 partidos con la mejor marca del circuito (103-58), de ganar otros 11 juegos en playoffs, los últimos tres consecutivos y dos de ellos por margen mínimo para evitar una nueva debacle.

Un animal distinto

Es obvio, entonces, que estos no son los mismos Cubs. Son unos Cachorros que, literalmente, nadie nunca ha visto antes. Son los campeones defensores. Son una novena que tiene ante sí la posibilidad de convertirse en lo que nunca antes se atrevieron, siquiera a soñar: Una dinastía.

Pero antes tendrán que evitar las complacencias que vienen con quitarse de la espalda una loza de 108 años y demostrar porque la sortija está en dedo y no en el de alguien más. O no saldrán con vida de uno de los sectores más competitivos de Grandes Ligas para ganarse el derecho a defender su gallardete.

El año pasado no solo contaron con talento, sino con la fortuna de la salud, una bella dama que no le sonríe a cualquiera. De la mano de esos dos factores, los Cubs fueron capaces de dominar la División Central de la Liga Nacional, al ritmo de 50 triunfos por 25 derrotas.

Basta tomar en cuenta que la División Central ha enviado a 18 equipos a playoffs en las últimas 10 temporadas para que esa foja de 50-25 cobre una nueva dimensión. Basta con considera que en las últimas cuatro temporadas cinco de los ocho comodines han sido vecinos de los Cubs.

Y si las huestes de Joe Maddon creen que las cosas cambiaron ahora que tienen un anillo en la mano y la casa libre de fantasmas, están muy equivocados. El sector puede ser tan competitivo como siempre. Al menos parcialmente.

Los viejos Cardinals

Desde la creación de la División Central en 1994, 95 para fines prácticos debido a la infame huelga del año anterior, ningún equipo ha dominado el sector de la manera en que lo han hecho los St. Louis Cardinals, con 13 apariciones en playoffs, incluyendo 10 veces como campeón divisional, y obtenido 2 gallardetes.

Este año se puede esperar lo mismo de los viejos Cardinals. No es casualidad que se hayan establecido como una de las franquicias más exitosas de la Gran Carpa.

Su ofensiva encabezó la Liga Nacional en cuadrangulares, y aunque este año perdieron dos importantes bats veteranos, ganaron en flexibilidad y profundidad, además de, claro, seguir produciendo su propio talento con maderos de la talla de Aledmys Díaz, Stephen Piscotty y Randal Grichuk.

Eso debe proveer las suficientes carreras para mantener protegido a un cuerpo de lanzadores con el balance perfecto de experiencia (Adam Wainwright, Lance Lynn) y juventud (Carlos Martínez, Michael Wacha). Esos nombres, una gerencia inteligente y un manager paciente podrían realizar el truco de colocar a los Cardenales nuevamente en la postemporada, de la que se ausentaron en 2016 por solo un juego de diferencia con Mets y Giants.

Pero los Cubs, que en 2016 consiguieron apenas su cuarto título divisional desde la realineación y su sexto viaje a postemporada, no solo deben cuidarse las espaldas de los Cardinals, su rival más añejo, pues los Pirates a los que dominaron 14-4 la campaña anterior, traen la promesa, o al menos el maquillaje, de no ser el mismo equipo de la temporada pasada.

Un equipo dinámico

No hay que perder de vista que los Piratas han avanzado a la postemporada en tres de las últimas cuatro temporadas y que apenas hace dos años lograron 98 triunfos. Sí, 2016 fue un enorme paso atrás, de 12 juegos para ser precisos. Pero sigue siendo un equipo con una ofensiva dinámica encabezada por Andrew McCutchen y Starling Marte.

Además, Pittsburgh presume un pitcheo prometedor, pero que hasta el momento Gerrit Cole, Jameson Taillon e Iván Nova no han podido convertir en realidad. Pero las cuentos de hadas existen, ahí están los Cubs como la prueba más reciente y un buen ejemplo del cual los jóvenes y aguerridos Pirates pueden aferrarse para dar un golpe de timón y regresar al camino de la competitividad.

Por fortuna para los Cubs, es ahí donde se acaban las amenazas. Los Milwaukee Brewers, que sólo tienen dos apariciones en postemporada en más de tres décadas deberían incluir la palabra reconstrucción en su nombre oficial.

Apenas cinco años después de su última visita a playoffs, el conjunto de Milwaukee no cuenta con muchas amenazas al bat, y esa es la parte sólida de la novena. El pitcheo está centrado en el brazo del joven Zach Davies y un montón de veteranos que realizan la función de parches, ocupando tiempo y espacio hasta que la rotación de un giro total y llegue nuevamente el turno de Davies de subir a la loma. Si existe algo llamado estado de emergencia en el béisbol, seguramente trae puesta una gorra de los Brewers.

O tal vez de los Reds. Después de todo, Cincinnati no está mucho mejor. Después de dos campañas consecutivas de más de 90 triunfos, los Rojos finalmente abrieron los ojos para darse cuenta que ese plantel solo los llevaría hasta cierto punto y apretaron el botón que detonó la explosión.

En las siguientes tres temporadas se despidieron de Johnny Cueto, Mike Leake, Aroldis Chapman, Brandon Phillips, Todd Frazier y Jay Bruce, hasta convertirse en un equipo de 68 victorias y un montón de prospectos, muchos de los cuales aún no están listos para aportar en Grandes Ligas, por lo que será difícil ver los primeros pasos de una reconstrucción exitosa. Pero bueno, al menos tienen a Joey Votto bajo contrato hasta 2024.

Como se puede ver, los Cubs tienen las manos llenas, pero en su defensa, las han tenido así toda la vida. Son un equipo acostumbrado a caminar cuesta arriba, a tropezar más veces de las que pueden levantarse.

Pero que hoy, están en la cima del mundo. Y que hoy, con un Kris Bryant que aún no termina de mejorar, con un Rizzo convertido en líder, con un Javier Báez y un Addison Russell con sus mejores años por venir, con un versátil y oportuno Ben Zobrist y un toletero espectacular como Kyle Schwarber, no le tienen miedo a nada.

Y no deberían, protegidos por una rotación tan codiciosa, con veteranos probados como Jon Lester y John Lackey, con un Jake Arrieta jugando por un contrato de nueve cifras. Con un honor renovado, luego de más de 100 años de estar oculto.

El Día de Muertos, es el Día de los Cubs. Pero ahora, por una vez, no son ellos los que ocupan la tumba.

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