Tom Brady engañó al diablo con un pacto fraudulento

New England Patriots

Tom Brady engañó al diablo con un pacto fraudulento

Tom Brady engañó al diablo con un pacto fraudulento

Winslow Townson

USA Today Sports

Podemos afirmar, sin ningún género de dudas, que el acuerdo entre ambos se firmó entre febrero de 2000 y el 9 de septiembre de 2001 y que el demonio busca romperlo sin éxito desde entonces.

¿No os parece que cualquier cosa que huele a perfección es sospechosa? Cuando algo parece perfecto, siempre terminamos por analizarlo a fondo en busca de algún error que la devuelva a la tierra, un fallo de fabricación que haga que no sea para tanto, un detalle inapreciable que se pueda magnificar para que, al final, satisfechos, terminemos con un “¡ya decía yo!” que nos confirma entre los sabios de la galaxia. “A mí me la querían dar”.

De hecho, en España tenemos una buena pócima ‘antiperfectos’. Siempre les ponemos apellidos. “Qué listo es el cabrito”, “que guapa es la puñetera”… Somos incapaces de hablar bien de alguien sin terminar poniéndolo a caldo aunque sea de refilón. La envidia elevada a la categoría de arte. El chiste convertido en hábito.

Y chico, qué queréis que os diga, llevo más de 15 años dándole vueltas a la pelota, y por mucho que lo intento, no encuentro un defecto visible. Ni siquiera una sospecha. En el mundo hay un tipo perfecto al que no le puedo poner ni apellidos. Y por tanto he llegado a la única solución posible para tal rompecabezas: Tom Brady hizo un pacto con el diablo. Pero no un pacto de esos en que uno vende el alma porque no la usa para nada, pensando que va a ser más útil aprender a tocar la guitarra, para terminar perdido en medio de la nada. El de Brady es más bien un pacto con timo de la estampita, vaciado de banco con butrón y asalto al tren del dinero. Tú me lo das todo y yo te doy las gracias, que el alma la necesito para ganar partidos.

Ese tipo que veis aquí encima es Tom Brady de niño con su madre. Sí, Tom Brady. No es un doble, ni una imagen deformada en un espejo. Ese tipo, ese, ya ha ganado cuatro Super Bowls, tres MVP de la gran final, dos MVP de la temporada regular, ha sido elegido para doce Pro Bowls, dos primeros equipos All Pro, dos veces mejor jugador ofensivo de la NFL, una vez comeback player, dos deportista del año en EEUU… sí, ese. Estaréis de acuerdo conmigo en que eso es imposible siguiendo las reglas básicas de la física cuántica y también de la de andar por casa.

Y no, no fue un momento complicado de su vida, o una foto tomada en el peor momento. Solo hay que irse a la foto oficial del combine de 2000, previa al draft en que fue elegido en sexta ronda y gracias. Ese tipo es Tom Brady, en serio. No es el único delincuente atrapado por la policía, el famoso pardillo de turno, o el primero que muere en las películas de terror. Ni siquiera un tipo que pusieron ahí para ajustar el foco de la cámara. Tom Brady en estado puro y con 22 años… en calzoncillos. Sí, sí, el que ha jugado en postemporada catorce de sus quince temporadas como profesional, ha ganado siete finales de Conferencia Americana y tiene en su haber prácticamente todos los records de un jugador en postemporada.

Como podéis comprender, nadie me va a convencer de que el tipo de las fotos de arriba es el mismo de las dos de aquí abajo.

Porque no es solo que parezca un adonís. Como decía hace años Wes Welker, debe resultar increíble ver entrar a un individuo así en el vestuario, con toda la ropa más cara y elegante de la milla de oro sin una arruga y echándose colonia cada cinco segundos, pero que cuando sale al emparrillado se transforma en una fiera indomable que nunca pierde el control ni manifiesta piedad. De verdad que parece un chiste. Una broma imposible. James Bond convertido en jugador de la NFL. 007 contra el Doctor No, llámese ‘No’ todo aquel que ha tenido narices para ponerse delante. Bueno, vale, todos menos dos, que solo hemos visto a Brady con cara de desconcierto, y hasta de auténtico pánico, cuando era Bernard Pollard es que se plantaba delante, o cuando veía a Eli Manning al otro lado del campo. Los dos únicos talones de Aquiles que el diablo fue capaz de encasquetar cuando fue estafado y firmó el acuerdo.

No creáis que contrato se redujo al deporte, o a la porte. Ni de lejos. Ocupa un buen taco de folios e infinidad de aspectos de la vida. Año tras año está en la lista Forbes de los 100 deportistas más ricos del mundo. De hecho, no solo en la de deportistas, en la que este año ocupa el puesto número 15, también está situado el número 54 en la clasificación Forbes de celebridades en general, sin importar a lo que se dediquen. La revista calcula que el jugador ganó en 2016 44 millones de dólares, sin olvidar que por el camino se dejó otros dos millones a cuenta de Roger Goodell, el defaltegate, y los cuatro partidos de sanción por los que, lógicamente, no cobrará. Como veis, el diablo, insaciable, sigue poniendo piedras en su camino y hasta le desinfla los balones. ¡Que dura es la vida!

Y eso si nos limitamos a él. Que si sumamos a su señora esposa, ambos forman la pareja de famosos que más dinero gana del mundo según la misma revista Forbes, con 74,5 millones de dólares. Por encima de Jay-Z y Beyonce, la explosionada Brangelina, David y Victoria Beckham y cualquier otra que es os pueda ocurrir.

Pero ya que hablamos de su mujer, y tras lo contado hasta ahora, debéis saber que Tom Brady primero tuvo una relación con Bridget Moynahan, con la que rompió en diciembre de 2006, cuando estaba embarazada, para irse con Gisele Bündchen, con la que tiene otros dos hijos. Sí, de la actriz de ‘Bar Coyote’ a la supermodelo brasileña más cotizada del mundo. Ahora parad de leer un momento, y volved a revisar las fotografías de arriba. La de Brady con su madre y la del combine de 2000. Pensadlo un momento y decidme si no es humanamente imposible que ese señor llegara a este punto.

Por algo será que en la película ‘Ted 2’ el oso de peluche protagonista intenta conseguir su esperma como sea para inseminar a su novia, por considerarlo el más perfecto del mundo, por encima del de cualquier superhéroe.

Os cuento todo lo anterior sin entrar en sus imágenes tirándose por precipicios y cascadas sin desnucarse, poniendo la canoa bocabajo durante un cuarto de hora sin ahogarse, viajando al carnaval de Rio sin ser atracado… No sé explicaros porqué, pero Brady es intocable. Indestructible. A ver cómo se explica si no que esté jugando al máximo nivel con 39 años, y no arrastrándose en los últimos estertores como era de esperar y hemos visto anteriormente en otras viejas glorias. Si llegáramos de nuevas a la NFL y nos dijeran que tiene 28 años, nos lo creeríamos a pies juntillas. Es más, solo de pensar que lo mismo sí que tiene otra vez 28 años, se me ponen los pelos de punta. Perdonad que insista, pero ¿os imagináis que mañana Brady anunciara que vuelve a tener 28 años? No solo nos parecería perfectamente posible, sino que media NFL pediría asilo en México, Roger Goodell incluido, y no por culpa de Trump.

Por tanto, y sin lugar a dudas, puedo afirmar aquí y ahora que Tom Brady hizo un pacto con el diablo en un día indeterminado entre febrero de 2000, fecha del combine en que se presentó en sociedad para la NFL, y el nueve de septiembre de 2001, fecha en que sustituyó a Drew Bledsoe, el quarterback mejor pagado en la NFL en ese momento, para no volver a perder la titularidad más que en 2008, año en que se tomó un descanso obligado y los Patriots no se clasificaron para playoffs pese a terminar la temporada con un récord 11-5.

Y punto.

Ah, se me olvidaba, el diablo con el que pactó se llama Bill. Tito Bill para los amigos.

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