Nadal, a dos victorias del título

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Nadal, a dos victorias del título

Él fue el gigante ante Milos Raonic (número tres y 1,98 metros), al que derrotó por 6-4, 7-6 (7) y 6-4. Jugará el viernes contra Dimitrov (15º), que eliminó a Goffin.

Rafa Nadal sigue siendo el maestro de los imposibles. Un elegido con mente de acero que ha vuelto para quedarse. Que se niega a que los problemas físicos dejen su cuenta en catorce Grand Slams. Lo sigue demostrando con 30 años en Melbourne, donde fue campeón en 2009 y donde ocho años después se ha plantado en semifinales. Mañana jugarán la primera Roger Federer (35 años) y Stanislas Wawrinka (31). Aroma añejo, conocido, mientras Andy Murray y Novak Djokovic lo verán desde casa.

Nadal tumbó al número tres del mundo, Milos Raonic (26 años), otro de esos tenistas destinados a ser el relevo, al que ventiló en tres sets: 6-4, 7-6 (7) y 6-4 en 2h:44. Nadal está a una victoria de pelear por otro título grande, que se le resiste desde hace dos años y medio, desde Roland Garros 2014. Pura ambición y orgullo, tendrá el viernes enfrente a Grigor Dimitrov (15º), que despidió a David Goffin por 6-3, 6-2 y 6-4. Un tenista fino y técnico de revés a una mano al que domina por 7-1 en el cara a cara.

Y es que Nadal, tras dos meses y medio parado por una lesión en la muñeca izquierda, ha conseguido recuperar su mejor versión. La sacó ante la torre canadiense. El primer set que firmó fue prácticamente perfecto, espectacular al resto ante un tenista de 1,98 metros que había promediado 23 aces por partido (14 sólo ante Rafa, con una punta de 227 km/h, lo que dice mucho del español). Sólo cometió dos errores no forzados (acabó con 21 por 40 winners) y ganó nueve de las diez subidas a la red (22/25 al final). Una trituradora. Agresividad con control.

En el segundo parcial llegó la gran prueba. Está claro que las piernas de Nadal tienen chispa. Pero quedaba por ver si su cabeza también, esa capacidad de dominar la presión que le ha distinguido. Con 2-3, Raonic pidió el fisio y un largo tiempo médico. Se fue al vestuario. Sin que diera síntomas de molestias, mas bien pareció un intento de romper el ritmo. Los reveses a los pies que le lanzaba Nadal (concluyó con 16 ganadores) le iban a provocar lumbalgia... Con 4-5, Raonic tuvo tres bolas de set. Y las levantó el español. Con grandes saques y el drive. En el tie-break, el de Pogdorica tuvo otras tres. Pero el set fue para Nadal. Seis veces se asomó al abismo y seis veces se agarró al borde.

Carlos Moyá, hasta noviembre en el equipo de Raonic, aleccionó bien a Nadal. Le enseñó las grietas. Este, varió sus golpes y supo dónde caerían las bombas. Valiente, se metió a restar en la pista. Quedaba cerrar, y cuanto antes mejor. En el tercer set, llegó el break en el undécimo juego. Nadal no se ha ido. Aterrizó como número nueve y ya es el seis. Subirá al cuatro si gana el torneo. Se arrodilló, se echó las manos a la cara y gritó. Desató su pasión. Liberó sus demonios. Ya está en semifinales. El gigante era él.

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