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Los playoffs comienzan este domingo con el Steelers-Ravens

AFC Norte

Los playoffs comienzan este domingo con el Steelers-Ravens

Los playoffs comienzan este domingo con el Steelers-Ravens

Patrick Smith

AFP

El ganador de la rivalidad Steelers-Ravens tendrá en su mano el título divisional. Quien pierda, dependerá de complicadas carambolas de terceros para entrar en postemporada.

Algo bueno habremos tenido que hacer este año cuando Santa Claus nos deja como regalo este Ravens-Steelers el día de Navidad. A la fogosa rivalidad entre ambas franquicias se suma no sólo estar en juego la corona divisional (a los acereros les quedaría recibir a los inofensivos Browns y a los córvidos visitar Cincinnati en una misión que no se antoja tan difícil como la encomendada a los protagonistas de “Rogue One”), sino dejar prácticamente eliminado de la carrera a playoff al perdedor, sujeto a complicadas combinaciones de resultados de terceros.

La competencia hace mejores a los contendientes. Cofradías que pugnan entre sí por sacar el mejor paso a la calle en Semana Santa; cabilas moras contra mesnadas cristianas en las Fiestas de la ciudad; patios mejor engalanados y bonitos que los del vecino… En el mundo del deporte, las grandes rivalidades, tanto a nivel personal como de clubes, han contribuido a engrandecer a ambos contrincantes. Barça-Madrid, Boca-River o America-Guadalajara, en futbol. En USA, los Red Sox vs Yankees en béisbol, o los Celtics-Lakers de la NBA. En football, los clásicos Ohio State-Michigan de college; y en la NFL, tenemos desde las tradicionales Bears-Packers, o Pieles Rojas contra Vaqueros, hasta otras de nuevo cuño como las surgidas entre 49ers y Seahawks.

Como vemos, rivalidades hay muchas. La que nos ocupa no es muy antigua. Recordemos que los Ravens sólo tienen 20 años de existencia. Sin embargo, pocas han emergido con mayor virulencia desde que ambas franquicias fueron emparejadas, primero en la extinta AFC Central, y tras la reconfiguración de divisiones, en la Norte. Para que surja este antagonismo es obvio que deben competir por los mismos intereses. En 14 años de AFC Norte, acereros y córvidos se han disputado entre ellos tanto lideratos como presencias y duelos en playoffs. 6 veces han sido campeones los Steelers y 4 los Ravens, con 9 y 8 presencias en playoffs respectivamente.

Para que exista rivalidad debe haber igualdad. De las 41 ocasiones que se han visto las caras en temporada regular, la ventaja es para Baltimore por 21-20. Sin embargo, en las 4 que se han cruzado en postemporada, el balance favorece a los de Pittsburgh por 3 a 1. En 19 de sus enfrentamientos, el resultado se ha decidido por 3 puntos o menos. Por si alguien duda que la rivalidad no lleve a la excelencia, en lo que va de siglo ambos equipos ya han ganado 2 anillos.

Cuando colisionas contra un espejo lo normal es producirse heridas. Esto ocurre cuando se enfrentan dos equipos tan similares. Golpes sucios, declaraciones explosivas, recompensas por la cabeza del rival, incluso un entrenador entorpeciendo un retorno. Rivalidad que los veteranos transmiten a los jóvenes. En la semana de partido, los jugadores Steelers tienen prohibido vestir nada púrpura. Los jugadores Ravens entrenan con la canción “Renegade” para no sentirse intimidados por ella cuando suene en el Heinz Field. Como declaró Ed Reed: “… it was always a dogfight. That’s AFC North football.” Una pelea de perros, football de AFC Norte. La nariz sangrante de Roethlisberger y el ingreso hospitalario de McGahee son prueba de ello.

Más de medio artículo y aún no he hablado de football. Es lo que tiene estos partidos: la pasión supera lo deportivo. Son enfrentamientos en los que técnica y estrategia quedan relegadas a segundo plano por la intensidad y la emoción. Sin embargo, al final será quien mejor lea el encuentro quien se lo termine llevando, y en la banda tienen a dos técnicos como Tomlin y Harbaugh, a quienes se les podrán discutir arriesgadas decisiones, pero no su talento.

El juego de carrera de los Steelers vive un momento que no se recuerda desde los tiempos de Franco… Harris. Le’Veon Bell ha superado récords del legendario RB convertido en una temible amenaza tanto terrestre como en vuelo rasante. Sin embargo, enfrente tendrá la segunda defensa que menos yardas permite por carrera. Su concurso será fundamental para liberar de presión a Antonio Brown si finalmente no se recupera a tiempo el TE Green. En el bando contrario, Flacco no está teniendo un buen año, pero se crece en estos partidos, y la veteranía de Steve Smith puede sacar de quicio a la novel secundaria steeler. Si no es el front-seven acerero, el propio OC Mornhinweg se encargará de anular la carrera raven. Y como tenga que decidirse con el pie, más incertidumbre todavía, porque ambas escuadras cuentan con sendos monstruos en la posición, como Boswell en los negroamarillos y Tucker en los purpurados.

El domino de los Bengals en la división durante estos últimos años había relegado esta rivalidad, siempre latente, pero no tan decisiva como antaño. Aunque ahí estaba, agazapada, esperando emerger. Ryan Clark, Hines Ward, Mike Mitchell y James Harrison en un lado de la mesa. Ray Lewis, Haloti Ngata, Bart Scott y Terrell Suggs en el otro. Tony Siragusa y Joey Porter peleando por trinchar el pavo de la cena. Ed Reed y Troy Polamalu discutiendo quién es el mejor safety de la historia. Roethlisberger y Flacco presidiendo y mirándose de reojo. Desde luego, el encargado de diseñar el calendario fue un cachondo programando esta intensa rivalidad para el día de Navidad. Noche de ¿paz? Noche de ¿amor? No entre Ravens y Steelers.

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