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Houston Texans

O'Brien acierta sentando a Osweiler, pero pagará por ello

El entrenador de los Houston Texans fue valiente al quitar la titularidad a su QB, aunque eso mete a la franquicia en un enorme problema.

O'Brien acierta sentando a Osweiler, pero pagará por ello
Bob Levey AFP

Bill O'Brien tomo ayer una de las decisiones más complejas de la temporada en la NFL: sentó a Brock Osweiler en favor de Tom Savage. Es difícil encontrar un instante de más valentía en el curso que el que protagonizó el entrenador de los Houston Texans.

Y, como suele ocurrir con las decisiones valientes, acertó aunque eso pueda llevarle a perder su propio puesto de trabajo a medio plazo.

Brock Osweiler ha tenido un año muy malo. Su quarterback rating sólo es superado en inutilidad por Ryan Fitzpatrick, que lo dice todo. Es el tercero en intercepciones. El vigésimo séptimo en tanto por ciento de pases completados. El peor, de todos los titulares, en yardas por intento de pase. Y eso dentro de un equipo que, ahora mismo, marcha con ocho victorias y seis derrotas en la cima de la AFC Sur y con los playoffs al alcance de la mano.

Ayer, a modo de guinda, los Jacksonville Jaguars, equipo desesperado y desesperante, les iba ganando por 13 a 0 y Osweiler ya había cometido dos pérdidas de balón en el momento en el que fue relevado de sus obligaciones.

En corto: sentarle era lo más lógico desde un punto de vista deportivo.

Bill O'Brien es entrenador de football, así que su lógica deportiva es intachable. De hecho, quizás hasta llegue un poco tarde esta bajada del QB en el escalafón del equipo. Con la temporada en el alero decidió que, para ganar, lo mejor era que Tom Savage intentase algo diferente porque con Osweiler el barco se iba a pique sin remisión.

Y acertó. Sin duda. El equipo remontó y se llevó una victoria imprescindible para su salud en las dos jornadas que quedan.

Pero, O'Brien no es sólo entrenador de football: es entrenador de la NFL. Y aquí es donde el asunto se complica tanto como para imaginar que, en el instante en que decidió que Savage entraba por Osweiler, o estaba con un subidón absoluto, enajenada la razón por una necesidad primaria de supervivencia instantánea, o le había dado tantas vueltas que ya no pudo pensar un instante más en las consecuencias.

Y es que los Texans le han dado en esta agencia libre 72 millones de dólares por los próximos cuatro años, con 37 de ellos garantizados. Meter eso en el banquillo es, sencillamente, decidirte a jugar con una mano atada en la espalda.

O'Brien sabe que este tipo de decisiones no suelen tener una fácil vuelta atrás. Una vez demonizado el jugador, señalado por prensa y aficionados, sería difícil de entender el camino inverso. Es decir, todo lo que no sea que Tom Savage salga de titular el próximo sábado sería una sorpresa. Siendo así, Osweiler ha pasado a ser uno de los reservas mejor pagados de la NFL.

El espacio salarial en la NFL es un asunto sagrado. Su manejo es esencial para competir al máximo nivel. Somos testigos de la tremenda igualdad de la competición y de cómo los equipos cambian de rol de un año para otro. Los 18 millones de dólares de Osweiler son una absoluta losa para los Texans. No pueden competir partiendo de tener 18 millones de dólares menos que sus rivales. El espacio salarial es el bien más preciado, el más escaso, el más sensible: un error de estas características de hunde porque tu clase media deja de serlo, porque esos jugadores que cobran 5, 6, 7 millones de dólares tienen que pasar a cobrar 2, 3, 4 y, entonces, los demás equipos tienen la opción de adelantarte por la derecha sin intermitente.

Cualquier posibilidad de traspaso queda enterrada, de la misma forma, por esta decisión. Por si no era evidente que el jugador no merecía su actual sueldo, el hecho de sacarle del terreno de juego añade un plus de devaluación que le convierte en un objeto de imposible movimiento en el mercado.

La decisión a medio plazo de O'Brien es potencialmente ulcerosa. Les limita en las construcción de la plantilla, amén de convertir la convivencia dentro del vestuario en un problema. Dijo el entrenador que él no se fijaba en cuanto cobraban los jugadores para tomar decisiones deportivas, pero eso no es verdad en absoluto. No lo es y no lo puede ser. No sería inteligente. Porque ha de ser consciente que el futuro de su puesto de trabajo estará lastrado por -18 millones de dólares, y eso no le servirá de excusa cuando presente su resumen anual.

Para él, de forma egoísta, hubiese sido más cómodo aguantar, ver hasta donde llegaban con el actual esquema y hacer un balance final en el que las decisiones del general manager, Rick Smith, y su gestión fuesen evaluadas en conjunto. Osweiler le serviría, que duda cabe, de escudo protector ante las críticas. Sin embargo, ha declinado esa seguridad por un mayor porcentaje de opción de victoria.

Lo que ha sucedido es que lo deportivo ha gritado tan alto, tan fuerte, que el problema subsiguiente, el que habrá que resolver pasado marzo, ha quedado convertido en un rumor lejano. Es por eso que O'Brien acierta, porque el equipo va a ser mejor hoy que ayer. Y es muy probable que, a medio plazo, también acierte por lo que ha demostrado de coraje, de valentía. Pero que nadie olvide que el problema, y es gigantesco, estará ahí cuando se despierten de la resaca de esta temporada, acabe como acabe.