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Los Diamondbacks se 'entregan' al mundo de la analítica

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Los Diamondbacks se 'entregan' al mundo de la analítica

Mike Hazen pasa de ser el general manager a la sombra de Dave Dombrowski a tomar todas las decisiones en Arizona Diamondbacks.

John Tlumacki

Globe Staff

Una de las pocas franquicias que aún no había apostado por la ‘sabermetría’ recurre a los chicos de la Ivy League para enderezar el rumbo.

Las temporadas traumáticas a menudo desembocan en nuevos proyectos. Si no solo es una temporada, sino quince, lo normal es que se intente dar un giro de 180 grados a la dirección de la franquicia. Esto es lo que parece que están haciendo los D-Backs.

En 2015 Dave Stewart, general manager del equipo en ese momento, “alardeaba” de ser un “true baseball team”. Cuando se le preguntaba por la posibilidad de que un James Shields en lo más alto de su carrera pudiera fichar por Arizona, Stewart contestaba de la siguiente manera: “El hecho de que Tony (La Russa) y otra mucha gente de béisbol este aquí probablemente hace que James (Shields) nos vea como un auténtico equipo de béisbol, mientras que por ahí hay otras franquicias más preocupadas por la analítica y ese tipo de cosas”.

Stewart y La Russa no fueron capaces de firmar a Shields, pero el invierno pasado si que consiguieron hacerse con los servicios de Zack Greinke y Shelby Miller. Al primero le ofrecieron un contrato de súper estrella, algo totalmente merecido, pero que quizás no se adecuaba a las necesidades del equipo en ese momento. Para conseguir al segundo no dudaron en destrozar un ‘farm system’ que tampoco era especialmente profundo.

Si los resultados hubieran sido buenos no habría pasado nada. Todo se habría olvidado. Lo cierto es que los D-Backs volvieron a firmar una temporada horrible y estuvieron muy lejos de competir. Recordemos que se quedaron a 18 victorias de la Wild Card.

Ken Kendrick, dueño de la franquicia, decidió que era el momento de intentar “volver a ser grandes” con otra fórmula. Giró su cabeza hacía aquellas herramientas analíticas que su anterior general manager había despreciado y decidió depositar toda su confianza en Mike Hazen.

Hazen estudió en Princeton y después de un breve paso como jugador por las Menores empezó a trabajar como scout para los Indians. De allí dio el salto a Boston, donde primero estuvo a la sombra de Epstein y Cherington y más recientemente bajo la bota de Dombrowski.

Todo el mundo coincide en que ha sido una de la piezas fundamentales en los éxitos recientes de los Red Sox y uno de los máximos culpables de todo el talento joven que a día de hoy está haciendo disfrutar al público de Fenway.

Este otoño Hazen se encontró ante la posibilidad de continuar en Boston o poner rumbo al desierto de Arizona. Ambas franquicias le ofrecían el mismo puesto, el de general manager, pero la realidad es que si se quedaba en los Red Sox todas sus decisiones estarían supeditadas a Dombrowski, mientras que en los D-Backs iba a tener libertad absoluta. Optó por lo segundo.

La noticia sacudió algunos despachos de la Grandes Ligas. “Soy un gran fan del trabajo de Mike Hazen”, dijo un general manager rival. “Es un gran paso en la dirección adecuada (para los D-Backs)”, comentó otro. “Creo que va a hacer las cosas muy bien. Es un gran fichaje. Me sorprendió que (los Red Sox) lo dejaran ir”, afirmó un scout. Peter Gammons, una de las figuras más veteranas del periodismo deportivo americano, afirmó en Twitter que dentro de los despachos de los Red Sox hay quien ve en Hazen a un futuro Theo Epstein.

La primera decisión de Hazen fue contratar como ayudante a una persona con la que ya había colaborado estrechamente en Boston. Amiel Sawdaye, encargado del área de scouting internacional y amateur de los Red Sox, se convertía de esta manera en la segunda pieza que cambiaba Nueva Inglaterra por Arizona. No fue el último.

Hace un mes escaso se anunciaba que Torey Lovullo, bench coach de los Red Sox entre 2013 y 2016, sería el nuevo manager de los D-Backs. Lovullo ya destacó en 2015 como manager interino de la franquicia de Massachusetts. Cuando un linfoma obligó a Farrell a ausentarse de los banquillos, tomó el mando y enderezó el rumbo de un equipo que estaba perdido. Consiguió un récord de 28-20 en una temporada que acabó con un pobre 78-84.

El invierno pasado ya tuvo algunas ‘novias’, incluso los propios Red Sox se plantearon darle el puesto de un Farrell muy cuestionado. Finalmente Lovullo aguantó un año más en Boston como bench coach y ahora le llega la gran oportunidad de su vida.

Otra de las medidas de Hazen, y quizás su golpe maestro, ha sido hacerse con los servicios de Mike Fitzgerald. De solo 28 años y licenciado en el MIT, Fitzgerald llevaba cinco temporadas trabajando para los Pirates , donde jugó un papel clave a la hora de establecer el orden del lineup o los shifts defensivos. Tal era su importancia en la organización que viajaba con el equipo (algo nunca visto antes en alguien del departamento analítico) y mantenía reuniones con Clint Hurdle, entrenador de Pittsburgh, antes de los partidos. Está considerado uno de los gurús jóvenes de la ‘sabermetría’ y llega a los D-Backs con la misión de crear un departamento analítico potente y moderno.

Bajo la nueva administración los cambios se siguen sucediendo. Se ha nombrado a Dan Haren “pitching strategist”, un puesto totalmente nuevo y que parece que está a medio camino entre el entrenador de pitcheo y el analista estadístico. Todos estas novedades, y las que sin duda están por venir, convierten a los D-Backs en una de las franquicias más interesantes para las próximas temporadas.

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