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Lions 16 – Vikings 13

Los Lions remontan en el último cuarto y condenan a Vikings

Una intercepción a Bradford en el último minuto sentenció a unos Vikings que hasta esa jugada no se habían arriesgado ni una sola vez en todo el partido.

Los Lions remontan en el último cuarto y condenan a Vikings
Gregory Shamus AFP

Estos Lions son indestructibles. En vez de leones parecen gatos con siete vidas, y ya veremos si con más. Por sexta vez en esta temporada, consiguieron remontar en el último cuarto un resultado adverso. A falta de 1:50 para el final del partido perdían 10-13 contra unos Vikings que hasta entonces no habían corrido riesgos en una sola jugada ofensiva. Un segundo después, llegó el empate con un field goal de 48 yardas de Prater, y poco más de un minuto después, Bradford se atrevía a arriesgar por primera vez un pase… que resultó interceptado.

La patada posterior de Prater no solo significó la victoria de los Lions, también le convertía en el equipo a batir en la NFC Norte. El equipo de Detriot empezaba la temporada como presunta víctima de Vikings y Packers en una división que debería ser una batalla cara a cara entre morados y amarillos. Sin embargo, a falta de cinco partidos, y pendientes de lo que Rodgers y los suyos sean capaces de hacer el lunes en Filadelfia, los de Minnesota están ahora a dos partidos reales después de perder in extremis dos veces con Detroit. Y los Packers, como poco, también están a dos partidos de diferencia con cinco por jugar. Detroit, a la chita callando, puede convertirse en una de las grandes sorpresas de la temporada.

El partido comenzó explosivo, con una serie perfecta de los Lions, que terminó con un touchdown de Boldin después de 7:46 minutos en los que bailaron a la defensa de Minnesota. Stafford completaba todos los pases, y Riddick aparecía lo justo para hacer daño y dale un respiro. Los Vikings no movieron el balón con tanta facilidad en la primera serie. Y desde el primer minuto fue evidente que eran incapaces de correr, como ya ha sucedido en el resto de sus partidos esta temporada. Sin embargo, entre las penalizaciones, algunas excesivamente rigurosas, y los pases cortos infalibles de Bradford, terminaron por conseguir que Asiata entrara por fuerza en la end zone y el partido quedara empatado 7-7.

Ahí se acabaron los fuegos artificiales. A partir de ese momento la defensa de los Vikings se fue ajustando poco a poco, y aunque Stafford movía el balón con cierta facilidad, terminaba por estrellarse contra un muro en cuanto entraba en la zona roja rival. El quarterback de los Lions rehuía en sus pases a Xavier Rhodes, pero Trae Waynes tenía una actuación sobresaliente e incluso impedía milagrosamente que Marvin Jones controlara el balón en la end zone.

Sin embargo, el ataque de los Vikings era completamente inoperante. Sin juego de carrera, con una línea ofensiva que no le daba ni un segundo de respiro y sin Diggs para crear peligro en el pase profundo, Bradford se limitaba a buscar pases cortos a los laterales. Rudolph y Thielen se multiplicaban en la labor, pero un plan de juego tan plano facilitaba mucho el trabajo a la defensa de los Lions, que podía limitarse a meter presión a la porosa línea rival y poblar la zona intermedia. En cuanto los Vikings necesitaban más de5 yardaspara conseguir un primer down, era absolutamente imposible que pudieran conseguirlo.

Con ese panorama transcurrió la primera mitad, en la que los Lions consiguieron anotar un field goal más (10-7) pero merecieron ir al descanso con una ventaja superior.

Sin embargo, el panorama cambió completamente en la segunda parte. Los Vikings seguían igual de inoperantes en ataque, pero una pase a McKinnon de 41 yardas, y una sucesión de jugadas de fantasía a la desesperada, les dieron dos posiciones de campo ideales para que Kai Forbath, mucho más seguro que Blair Walsh en el pasado, anotara dos field goals que le dieron la vuelta al marcador (10-13).

A la vez que el ataque de los Vikings conseguía anotar a duras penas, la defensa de los Vikings consiguió colapsar a Stafford, que de campar a sus anchas en la primera mitad pasó a estar acogotado por la presión. El front seven de los Vikings no paraba de entrar en blitz, mientras Rhodes y Waynes no daban un metro de margen a los receptores con coberturas perfectas. El partido era tenso, casi de postemporada, pero los Vikings intentaban dormirlo y parecían estar consiguiéndolo con la ley del mínimo esfuerzo y el mínimo riesgo ofensivo.

A falta de 5 minutos los Lions recuperaron el balón en su propia yarda 2, y visto lo visto hasta entonces en el segundo tiempo, parecía que no serían capaces de llegar a distancia de field goal. Sin embargo, en el peor momento volvió a aparecer Anquan Boldin, el héroe de la primera serie del partido, para conseguir una recepción de 29 yardas que empezó a enterrar a Minnesota, y otra de nueve yardas que metió a su equipo en distancia de field goal. El viejo rockero fue el héroe de Thanksgiving.

Tras eso, llegaron los 109 segundos fatídicos para los Vikings. Dos fieldgoals que enterraron a un equipo que todo el año se ha visto lastrado por las patadas les dejaron con un pie fuera de postemporada. Y Bradford, un quarterback cuyo secreto este año ha sido arriesgar lo menos posible, terminó sufriendo una intercepción que mató a los suyos en la única jugada en que se atrevió a soltar el brazo.

Los Lions están de vuelta cuando menos se les esperaba. Y presentaron su candidatura para jugar los playoffs en su partido favorito: el día de Acción de Gracias.