SERIES MUNDIALES

Series Mundiales #7: La historia más bonita jamás contada

Los Chicago Cubs, en un partido dramático, derrotan a los Cleveland indians y ganan el Clásico de otoño 108 años después.

Series Mundiales #7: La historia más bonita jamás contada
TASOS KATOPODIS AFP

Theo Epstein, como el padre que lee un cuento a su hijo, le señalaba con el dedo a su pequeño que sólo faltaba un eliminado para ser campeones. En ese momento, parte baja de la décima entrada, Mike Montgomery, pitcher de los Cubs, lanzó una bola a Michael Martínez que bateó mordida. Kris Bryant, con la sonrisa en el rostro, la recogió rápido del suelo y se la lanzó a Rizzo en la primera base, el mismo sitio donde se certificó la victoria en las series de campeonato. El sonido de la bola con el cuero del guante fue el chupinazo de la fiesta de los Cubs. Rizzo tiraba el guante por el aire al tiempo que se guardaba la bola en el bolsillo trasero de su pantalón, una bola que valdrá millones. Ciento ocho años después, los Chicago Cubs son los ganadores de las World Series.

El partido, como no podía ser de otra manera, fue dramático. Los Cubs pronto se pusieron por delante y no dejaron que los Indians tomaran en ningún momento la iniciativa en el marcador. En su último partido, David Ross, el alma de los Cubs, se despidió de la mejor manera posible, con un home run. Parecía que los Cubs se iban a llevar el partido, cuando en la octava entrada Rajai Davis mandó a la grada una bola que empataba el partido.

Ese era el momento de los Indians y aunque en la novena entrada el marcador no se movió, la sinergia ganadora parecía del lado de los de Ohio. En ese momento hubo que suspender el partido, porque apareció la lluvia. Por una vez, los elementos se pusieron del lado de los Cubs.

Muy bien les vino a los Cachorros el remojón, porque Ben Zobrist, que ya fue campeón con los Royals el año pasado, conectó un doble que impulsó la carrera de Albert Almora Jr. y dejó a Rizzo en la tercera base. Finalmente Rizzo llegó al home y el resto es historia.

Siempre hay que honrar al caído y la victoria de los Cubs no debe hacer olvidar el soberbio mes de octubre de los Indians, que en todas sus series partían como víctimas y se han quedado a un palmo de tocar la gloria.

La alegría se desbordó en el Progressive Field, había tantos seguidores de los Cubs que parecía un campo neutral y en la ciudad del viento la gente se lanzó a la calle. WrigleyVille, con las banderas de la W ondeando al viento, estaba atestada de aficionados celebrando algo que nadie en Chicago, ni sus padres ni sus abuelos, habían visto. Ya no tendrán que soportar eso de “maybe next year” (puede que el próximo año). El próximo año ha sido éste.

Dorothy ya puede morir tranquila, a sus noventa años por fin ha visto un campeonato de sus amados Cubs. Carold lloraba en su casa y recordaba como todas las penurias pasadas en el campo de sus amores por fin tenían sentido. Frank Colleti ha sido el único de sus cuatro hermanos que ha visto ganar a los Cachorros. En 1945 lloraba porque sus hermanos iban al partido y él no podía. Anoche se le llenaban los ojos de lágrimas por la alegría del momento y el recuerdo de sus seres queridos.

El salón de la fama ya puede ir llamando al escultor para que vaya preparando la placa de Theo Epstein. El presidente de operaciones beisbolísticas ya rompió la maldición del Bambino y ahora hace lo mismo con la de la cabra. Tras este éxito y tras haber renovado por 5 años por cincuenta millones de dólares, hay gente que le anima a que de el salto a la política y se presente a senador por el partido demócrata por Illinois o Massachusetts. Dicen que podría plantearse incluso hasta participar en la carrera presidencial. Él de momento sonríe y afirma que quiere cumplir su contrato con los Cubs.

Al terminar la noche, la cabra Murphy pastaba tranquilamente en el césped de Wrigley Field. Su dueño, William Sianis, hablaba con el espíritu de Steve Bartman cuando le pegó un silbido y la cabra le siguió. Al ver lo que ocurría, un gatito negro se unió a la comitiva. Finalmente, todos juntos entraron en la hiedra del muro de Wrigley Field para, tras mirar atrás y esbozar una sonrisa, desaparecer para siempre.

Los Chicago Cubs han escrito la historia más bonita jamás contada y han ganado las Series Mundiales.

Nosotros hemos tenido la suerte de vivirlo.