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Copa Africana de Naciones

Victor Wanyama, de las calles de Nairobi a la élite del fútbol

De niño, Victor Wanyama jugaba con los pies descalzos en las calles de Nairobi. El domingo lucirá el brazalete de capitán de Kenia en la Copa de África.

Wanyama festeja un gol con el Tottenham ante Liverpool

De niño, Victor Wanyama jugaba con los pies descalzos en las calles de Nairobi, a veces hasta terminar sangrando. El domingo lucirá el brazalete de capitán de Kenia en la Copa de África de Naciones (CAN), después de haber brillado este curso con el Tottenham en la Liga de Campeones.

Ha conseguido situar a su país, conocido sobre todo en el deporte por sus fondistas en el atletismo, en el mapa del fútbol. A sus 27 años es todo un icono en el país, que ha logrado clasificarse a su primera CAN en quince años.

Contra Argelia en El Cairo, su "sueño" va a ser compartido por millones de kenianos.

"¡Jugar esta competición es un sueño! Vamos a demostrar de qué es capaz Kenia", declaró el volante a la AFP. "Es el momento más importante de mi carrera", afirmó.

"No hay presión. Lo único que debemos hacer es trabajar duro y obtener un buen resultado", añade este jugador, que tenía por ídolos en su momento a nombres como Roy Keane, Patrick Vieira o Michael Essien.

"Sigue siendo muy humilde, no ha olvidado sus orígenes modestos", explica su primo Harrison Osotsi, destacando que no deja pasar una ocasión para ayudar a los jóvenes futbolistas de Nairobi, facilitándoles material o incluso acogiendo a grupos de ellos en Londres.

Victor Wanyama nació en una familia con once hijos y dio sus primeras patadas al balón en las calles de tierra de Land Mawe, un barrio en aquel momento reservado a los empleados de la empresa keniana de ferrocarril, para la que trabajaba su madre.

"Jugaba con los pies descalzos en la calle, sangraba a veces, pero continuaba", explica su primo.

"Tenía tan arraigada la costumbre de jugar con los pies descalzos que cuando tuvo sus primeros zapados le costó acostumbrarse (...) Se los quería quitar, pero finalmente se habituó", relata.

Su padre, Noah Wanyama, un exinternacional keniano, se acuerda de aquellos inicios: "Victor y los otros chicos me acompañaban al estadio y llevaban bolsas de deporte cuando yo iba al entrenamiento o a un partido".

"Estoy contento de haber inculcado los valores de la disciplina y del trabajo duro a mis hijos", concluye este hombre, que puede presumir de tener dos hijos que han alcanzado la final de la Liga de Campeones.

El hermano de Victor, Macdonald Mariga, fue campeón de la Champions en 2010 con el Inter de Milán, donde desempeñaba un papel secundario.

"He nacido en una familia de deportistas. El fútbol lo llevo en la sangre", reconoce Victor Wanyama.

Su eclosión fue rápida y casi irremediable: fue convocado por primera vez por su selección cuando tenía 15 años, para un partido contra Nigeria.

Ante su precocidad, fue enviado a forjarse como jugador en Suecia y luego en Bélgica, siendo apenas un adolescente, y con 20 años firmó por el Celtic de Glasgow, donde los hinchas se acuerdan todavía de su tanto marcado en 2012 durante una victoria ante el Barcelona en la Liga de Campeones.

En 2013 se convirtió en el primer keniano en jugar en la Premier League al firmar por el Southampton, antes de pasar en 2016 al Tottenham.

Wanyama genera unanimidad en Inglaterra, donde los hinchas perdonan con una sonrisa sus faltas de ortografía en Twitter (como la de escribir "Red Hot Chili Papers") o sus tuits virales ("He comido spaghettis y estaban muy buenos").

Después de un inicio de temporada difícil, marcado por lesiones, Victor Wanyama ayudó al Tottenham a alcanzar la final de la Liga de Campeones, que tuvo que ver desde el banquillo.

Su experiencia al más alto nivel ayudará sin duda a la selección de Kenia en Egipto-2019.

"Hablo a mis compañeros de equipo de nuestro estado de ánimo en el Tottenham. Es lo que quiere transmitirles. Con esta mentalidad podemos llegar hasta el final", explica el jugador.

Kenia, 105º en el ránking FIFA, necesita sin duda la inspiración de su mejor jugador.

"Es un líder sin igual", explica el seleccionador francés del equipo, Sebastien Migné, que lo considera un "formidable ejemplo".