Guerra entre jugadores NFL por el dinero de causas sociales

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Guerra entre jugadores NFL por el dinero de causas sociales

Guerra entre jugadores NFL por el dinero de causas sociales

El comité creado para negociar con la liga qué hacer al respecto de las protestas ante el himno y la bandera se ha roto de muy malas formas.

La línea temporal de las protestas raciales en la NFL del último año ha sido lo suficientemente extraña como para que el último giro de los acontecimientos no pueda resultar sorprendente. Y, sin embargo, lo es. Los jugadores han acabado enzarzándose entre ellos en una batalla pública que les debilita como grupo y muestra lo complejo de la situación.

El comité que se había creado por parte de los atletas de la liga de fútbol americano profesional para negociar con las oficinas del comisionado, Roger Goodell, qué actuaciones sociales debían seguirse ha estallado entre acusaciones de no buscar el fin común, de plegarse ante los poderosos y de quitar dinero a causas como la lucha contra el cáncer o la ayuda a veteranos del ejercito para acallar la protesta racial.

¿Cómo se ha llegado hasta este punto?

Empecemos por el principio. Colin Kaepernick, allá por el lejano y casi olvidado verano de 2016, hace una eternidad, decidió sentarse, primero, y arrodillarse, después, en los actos protocolarios que preceden a los partidos de la NFL y que tienen como protagonistas a la bandera y al himno norteamericano. El objeto de su gesto era protestar por lo que a su juicio era un rebrote del racismo en Estados Unidos y a la desmesurada y criminal actuación de la policía en algunos sucesos que tuvieron como consecuencia el asesinato de varios chavales afroamericanos.

La respuesta contra el entonces quarterback suplente de los San Francisco 49ers, y hoy en el paro, fue de enfado, de acusarle de hacerlo por motivos egoístas, de querer llamar la atención, de que estaba ofendiendo a los militares, de que hacía que cayeran las audiencias de televisión, de que era la causa de que bajara el número de personas que iban a los estadios y poco menos que de ser el toro que mató a Manolete si es que en Estados Unidos tuvieran idea de quien era Manolete, claro.

Con la ley de acción y reacción en la mano, lo que surgió de aquel "linchamiento" fue una ola de apoyo, muy superior a la del enfado. Y, de ella, decenas y decenas de jugadores protestando ante la interpretación del himno. De rodillas, con el puño en alto, sentados o abrazados, los gestos no hicieron sino aumentar en cada jornada.

Y, entonces, el Presidente de los Estados Tuiteros de América, Donald Trump, arremetió con la finura que le caracteriza en medio de la función y exigió a los dueños de franquicias de la NFL que echaran a los díscolos de sus equipos y restablecieran el orden moral de la nación. El resultado, evidentemente, fue el del incremento de las protestas y el aumento de los apoyos.

Tanto, que hasta los dueños bajaron al césped a abrazarse junto a los jugadores. Y las oficinas de la liga emitieron un comunicado de total apoyo a la libertad de expresión de sus empleados. Ahí surgió la idea de trabajar juntos para concretar el apoyo de la NFL a la causa de erradicar el racismo en Estados Unidos.

No hay duda de que a la liga le sirvió todo este asunto para acercarse al sindicato de jugadores. Dentro de tres años ha de negociarse el nuevo convenio colectivo y las posiciones estaban, están, tan alejadas que las probabilidades de que haya una huelga son elevadas. Así que puede intuirse un cínico interés de la NFL en este movimiento.

No obstante, los jugadores tomaron la palabra y crearon un comité para negociar con Goodell y los suyos. Pusieron al frente a Malcolm Jenkins, de los Philadelphia Eagles, y al receptor Anquan Boldin. Y estos llegaron a conseguir 100 millones de dólares para trabajar por reducir la brecha entre blancos y negros en las comunidades más necesitadas. Pareció un gran éxito.

El problema es que ese dinero no era una cantidad nueva aportada por los dueños de los equipos, sino que saldría del fondo común de causas sociales de la liga, esto es, serían 100 millones de dólares sustraídos de las campañas de apoyo a la lucha contra el cáncer y los veteranos del ejercito estadounidense.

Y ahí es donde se han bajado muchos de los compañeros de Jenkins y Boldin, que consideran ésto una injusticia y un enorme fracaso. Así lo ha explicado, por ejemplo, Erid Reid, de los San Francisco 49ers, Russell Okung, de Los Angeles Chargers, o Michael Thomas, de los Miami Dolphins, que han retirado su apoyo al comité a pesar de pertenecer a él.

Además, aunque no de manera explícita, la NFL habría dejado caer que con este dinero tendrían que acabarse las protestas, y los jugadores también se han peleado en este punto. Jenkins estaría intentando parar cualquier gesto desafiante en la banda de los Eagles, ante lo cual el enfado ha crecido por parte de Reid y los suyos.

En este asunto la NFL parece incapacitada para ganar. Ahora mismo tienen en contra el presidente de su país, los propietarios están enfrentados entre sí con algunos muy cabreados por la incapacidad de Goodell de poner fin a las protestas, los jugadores han roto el comité que habían formado, las asociaciones contra el cáncer y las de veteranos del ejercito están que trinan y nadie se cree que estén preocupados por el racismo en serio. Una catástrofe de relaciones públicas tras otra.

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