La mejor Liga del mundo

Claro que siempre será la mejor Liga del mundo. Porque nunca ni el Barça o el Madrid se rinden. Pase lo que pase.

Los mejores jugadores del mundo quieren jugar en las dos catedrales que tienen el mayor estandarte del deporte mundial, que son Barça y Madrid.

Durante un tiempo pueden quitarles el protagonismo, equipos que por suerte y tenacidad supuran alegrías momentáneas como el Liverpool, quien no ganaba una Premier desde hacía más de veinte años o un PSG que hizo más que una pirueta para que la UEFA no lo sancionara por sobrepasar el Fair Play financiero comprando a Mbappé del Mónaco y a otros tantos sin demostrar ingresos fehacientes.

El United lleva años en el infierno del olvido por no hablar de los milanistas o interistas que siguen recuperándose de las migajas que Berlusconi o Mou dejaron.

El Barça está sin presidente, sin un euro en sus arcas, con una deuda escalofriante y con un Messi que en tres meses cumple 34 años y aun así, sigue ganando al Sevilla y no tirando La Liga.

El Madrid lo mismo. Con nueve bajas, con un Isco fuera de forma, con Marco sin rumbo y con un Zidane al que ya no le queda más buena suerte a la que acogerse, ganó a la Atalanta y no suelta La Liga.

Por su parte, Simeone hizo el ridículo contra el Chelsea al que no chutó entre los palos ni una sola vez y sigue resistiendo en una última recta que se le hará larga y en cuesta arriba.

¿Y tiene que ver algo la camiseta en los genes de un jugador? O dicho de otra manera ¿les pesa la camiseta?

Pues claro que sí. La base radica en la mentalidad ganadora y perdedora. El Atlético ganó una Liga de rebote y con un gol injustamente anulado a Messi, pero sacando ese momento, todavía no ha demostrado lo que cualquier equipo tiene que hacer para conseguir el respeto, que es ganar.

Hoy Pedri se ha lesionado, Araujo también, pero Messi ha sonreído, ha luchado y después ha marcado un gol con una croqueta en velocidad que pocos podrán jamás igualar.

El miércoles será una locura y como decía el difunto Balmaña, será el típico partido copero de los que no hay mañana en la que los dos equipos luchan por dejar una muesca más en la historia.