ELECCIONES USA 2020

La guerra abierta de Donald Trump vs. NBA y NFL

A lo largo de su mandato, el presidente de Estados Unidos ha mantenido un enfrentamiento verbal contra jugadores, directivos y hasta espectadores de ambas ligas.

La guerra abierta de Donald Trump vs. NBA y NFL

La era de Donald Trump en el escritorio del Despacho Oval, que podría finalizar o alargarse el próximo 3 de noviembre, ha politizado cada aspecto del 'american way of life'. Su retórica, sus métodos, sus formas encuentran apoyo y resistencia, en grados similares, a lo largo de la Unión Americana. El deporte, siempre susceptible a caer en los tentáculos politizadores, sucumbió ante el tsunami-Trump casi desde el inicio de su gestión. El discurso del mandatario suele colisionar de frente con la libertad y el texto de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Una guerra en tuits y micrófonos estalló hace cuatro años. Y sigue. La fuerza imparable contra el objeto inamovible.

Y es en el deporte donde Trump ha encontrado a algunos de sus más férreos opositores. Las políticas y el discurso del mandatario tienen eco en la élite deportiva estadounidense, que las ha calificado como racistas y divisorias, cuando menos. Las soflamas de Trump, quien suele presentarse como el presidente de 'la ley y el orden', lo cual es chocante en un país doliente del abuso policial, y que apela comúnmente al ultra-nacionalismo como un elemento de discurso político, entra en conflicto con los valores de una sociedad variopinta y diversa representada en las ligas profesionales. La historia de desencuentros entre ambas partes data desde los primeros días de la administración: Loul Deng y LeBron James criticaron la primera orden presidencial de vetar el ingreso al país de inmigrantes provenientes de siete naciones musulmanas, decretada en enero de 2017. Steve Kerr y Gregg Popovich, coaches de los Golden State Warriors y los San Antonio Spurs, respectivamente, despotricaron entonces contra el mandatario: "engreído" y "vergonzoso" fueron algunos de los adjetivos utilizados.

¿Libertad de expresión o respeto al himno?

Un punto central del conflicto Trump-deporte radica en las protestas contra el abuso policial.  En marzo de 2016, Trump por primera vez se refirió a la postura de Colin Kaepernick, exmariscal de campo de los San Francisco 49ers, desempleado desde que optó por hincarse durante la interpretación del himno estadounidense, en protesta por la violencia de los agentes de seguridad contra los ciudadanos afroamericanos. "A la gente le gusta cuando se respeta la bandera", reclamó. Los vientos soplaban. Para el presidente, la protesta no estaba justificada. Pronto, Trump convirtió el gesto de Kaepernick en una discusión nacional sobre el nacionalismo y el respeto a los símbolos patrios cuando la intención del QB era otra: denunciar el racismo imperante en el actuar de los cuerpos policiacos.

El 24 de septiembre de 2017, los brazos del huracán tocaron tierra. Durante un rally en Alabama, Trump descargó artillería verbal contra los jugadores y los dueños de la liga por "tolerar" las "faltas de respeto" a los artilugios de la patria estadounidense (bandera, himnos) y a la investidura de las fuerzas del orden: "¿No les gustaría ver a los dueños de la NFL decir 'saquen a ese hijo de perra de la cancha'?". Sí, "hijos de perra" fue el vocabulario empleado por el presidente de los Estados Unidos. El exabrupto abrió una ventolera de tuits (13 en una semana) en la que Trump llamaba al pueblo americano a boicotear a la NFL. Además, exhortó a los dueños a despedir, o en su defecto, suspender a los activos rebeldes. En carrera, aprovechó para menospreciar a la liga íntegramente: sus niveles de audiencia televisiva, el 'paupérrimo' liderazgo de Goodell, y hasta el exceso de castigos y pañuelos amarillos durante los partidos. Todo era un blanco para Trump. El arma seguía humeante y aún le quedaban municiones.

Colin Kaepernick (centro), hincado durante el himno estadounidense

Colin Kaepernick (centro), hincado durante el himno estadounidense

La respuesta de la NFL fue dubitativa. No existió un consenso. El comisionado de la NFL, Roger Goodell, desestimó el órdago Trump: "La NFL y nuestros jugadores crean un sentido de unidad en nuestro país y nuestra cultura. No hay mejor ejemplo que la gran respuesta de nuestros clubes y jugadores ante los desastres naturales que experimentamos el mes pasado (los Huracanes Harvey e Irma)", sentenció. El centro de atención fue el Ravers-Jaguars de la semana 3 de la temporada 2017, disputado en Londres, en el mítico Wembley. Jugadores de ambos equipos desafiaron al presidente y pusieron rodilla en suelo mientras se escuchaban los acordes de 'The Star-Spangled Banner'. Una revolución en pleno. Los Pittsburgh Steelers, excepto el tackle ofensivo Alejandro Villanueva, optaron por quedarse en los vestidores durante la ceremonia previa a su encuentro contra los Bears. Después, el español se disculpó por haber roto la disciplina del coach Mike Tomlin. Finalmente, los Dallas Cowboys, con los brazos entrelazados en una icónica postal a la que se unió su dueño, Jerry Jones, también se hincaron, pero se pusieron de pie en cuanto empezó la reproducción de la marcha. Trump alabó y atizó a los texanos en un mismo tuit. La tormenta.

Después, los vientos huracanados amainaron. Trump loó a la NHL y a la NASCAR por sí 'respetar' los símbolos nacionales en los días posteriores a la revolución-NFL. El 8 de octubre, Mike Pence, presente durante el Colts-49ers para rendir homenaje a Peyton Manning, abandonó el Lucas Oil Stadium cuando doce jugadores se arrodillaron durante 'The Star...'. "No dignificaré un evento que no respete a nuestros soldados, nuestra bandera y nuestro himno", tuiteó el vicepresidente. Desde entonces, las protestas se volvieron marginales y Trump dedicó sus diatribas tuiteras a Corea del Norte, Rusia y cómo su gestión ha potenciado los récords numéricos en Wall Street. Y una variedad más extensa (y no menos polémica) de temas.

Hasta mediados de 2020, nada había cambiado sustancialmente. La NFL no había encontrado homogeneidad en su proceder conjunto, el abuso policial continúa y Colin Kaepernick sigue desempleado. No fue sino hasta las protestas nacionales desencadenadas por el asesinato de George Floyd en Minneapolis, a manos de un policía blanco, cuando el tema volvió a la agenda pública. Y, ahora, con el 'beneplácito' de Trump. Si bien el presidente no dejó de censurar el 'maltrato' de los símbolos patrios e, incluso, amenazó con sofocar las manifestaciones ciudadanas con el auxilio de las Fuerzas Armadas, su discurso se suavizó. En junio pasado, Trump, quien había vilipendiado a Kaepernick en numerosas ocasiones, se manifestó a favor de su reincorporación a la NFL. "Si tiene la capacidad para jugar. Empezó muy bien y después no acabó muy bien, en términos de jugador (...) Me encantaría ver que le dieran otra oportunidad, pero, obivamente, tiene que ser capaz para jugar bien". En paralelo, y en respuesta a las proclamas de justicia social y racial, el gobierno federal inició una serie de reformas al sistema policial encaminadas a brindar mayor capacitación a los agentes y dotar de más herramientas de transparencia a los ciudadanos para denunciar futuros abusos de autoridad.

"La NBA es una organización política"

La máxima liga de baloncesto en el planeta asumió, en pleno, una postura muy clara respecto a la violencia policial tras la muerte de Floyd. El veredicto fue directo: repudio a cualquier forma de discriminación y violencia racial desde las estructuras del Estado; la dignidad humana vale más que una bandera y un tema musical. La posición fue rotunda, institucional y oficial, incentivada desde la misma oficina del comisionado de la NBA, Adam Silver. La Asociación convirtió sus partidos de reactivación post-confinamiento en la 'burbuja' de Orlando en un continuo 'statement' colectivo. Los jugadores, entrenadores y staff técnico de todos los clubes portaron camisetas que rezaban leyendas reivindicativas ('Black Lives Matter', 'Vote', 'Stop Racism', etcétera), pusieron rodilla en suelo en la reproducción del himno estadounidense en casi todos los partidos e, incluso, amagaron con boicotear la post-temporada tras un nuevo altercado policial: el sufrido por Jacob Blake, afroamericano que radica en Wisconsin, quien recibió sendos disparos a quemarropa en la espalda mientras volvía a su automóvil tras una inspección.

La NBA canceló toda actividad durante dos días después de que los Milwaukee Bucks se negaran a comparecer para el quinto partido de la primera ronda de playoffs, ante Orlando Magic. "O las cosas cambian, o no volvemos a jugar", fue la demanda. El sindicato de basquetbolistas, liderado por Chris Paul, negoció una mayor inmersión de los equipos en actividades políticas: sus estadios e instalaciones serán habilitados como centros de votación y se creará un proyecto en conjunto con las autoridades para fortalecer el civismo y la noción de justicia desde el deporte. Silver apoyó los reclamos de los jugadores: "Puedo ver y entender el trauma y el miedo que la violencia racial causa y cómo continúa con un legado doloroso de inequidad que prevalece en nuestro país. Entiendo que sientan que la liga podría hacer más. Los escucho y espero que sepan que estoy enfocado en asegurar que, como liga, efectuaremos un cambio real, tanto como organización como en las comunidades a lo largo del país", aseguró durante la crisis del pasado agosto.

El activismo de la NBA no ha caído nada bien en la Casa Blanca. "Cuando veo personas arrodilladas durante el juego y que faltan al respeto a nuestra bandera y a nuestro himno nacional, lo que hago es pagar la televisión", tildó Trump en palabras a Fox News una semana después del abandono de los Bucks. "Es un grupo marxista que no busca cosas buenas para nuestro país", abonó. La avalancha de declaraciones contra la NBA no hizo más que empezar y LeBron James se volvió su objetivo preferido: "Es un vocero del Partido Demócrata, un vocero muy desagrable. He logrado muchas cosas por la comunidad afroamericana y la gente no lo quiere ver. Él es un gran basquetbolista, pero la gente no quiere ver a alguien como él haciendo esas cosas. Es un enemigo", sentenció el mandatario en las vísperas de las Finales de la NBA. Por supuesto, Trump no se entusiasmó con la serie definitoria: "La NBA se ha vuelto tan política que a nadie le importa más. Ni siquiera sé qué equipos están en las Finales".

Trump también ha atacado a la NBA con sus ratings. "La audiencia de las Finales de la NBA finalmente cayó casi 70%, la venció un Sunday Night Football (NFL) cualquiera. Tal vez lo vieron en China, pero lo dudo. ¡Cero interés!", tuiteó el 12 de octubre. Pero LeBron ha contragolpeado. Previo al primer partido de la última eliminatoria de la temporada, ante Miami Heat, 'El Rey' llegó a la duela coronado por una gorra roja, similar a las que utilizan los simpatizantes de Trump, pero con un texto distinto: en lugar de 'Make America Great Again', decía 'Haz que EEUU arreste a los policías que mataron a Breonna Taylor". Durante el último debate presidencial, celebrado el 22 de octubre, el jugador de los Lakers subió una fotografía a su cuenta de Instagram, en la que colocó un emoji de payaso sobre el rostro del presidente.

La guerra podría terminar el 3 de noviembre. O abrir cuatro años más de hostilidades.