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Lo bueno, lo malo y lo feo de la semana 7 de la NFL

Cada vez luce más improbable que la dinastía de New England se mantenga con vida y ahora hay a quién echarle la culpa.

Arizona Cardinals
Christian Petersen AFP

La séptima semana de la temporada tiene credenciales suficientes para ser una de las más memorables y trascendentes de todo el calendario. Tres equipos llegaron al domingo con marca perfecta y sólo uno de ellos llegó al lunes con esa misma etiqueta.

Tres equipos ganaron en la última serie y uno más dejó ahí la oportunidad de concretar una remontada épica. El Este de la NFC de alguna forma logró ponerse más feo de lo que anticipábamos con la lesión de Andy Dalton. Los Jets perdieron un juego en el que fueron el único equipo en lograr un touchdown. Pittsburgh ganó uno en el que perdió tres balones y no robó ninguno. Nada salió como se esperaba.

Kansas City anotó en ofensiva, defensiva y equipos especiales, Tom Brady es el nuevo líder histórico en pases de touchdown y Davante Adams y Tyler Lockett se afianzaron en la conversación de los receptores menos valorados de la NFL. ¿Candidatos a lo mejor de la semana? Sin duda. ¿Ganadores? No tan rápido.

Lo bueno

A pesar de que la semana siete estuvo plagada de brillantes actuaciones, récords y remontadas, lo más justo es darle lo mejor al ganador del mejor juego de la semana: Los Arizona Cardinals.

Kyler Murray y los jóvenes Cardinals no han visto una montaña que no crean que pueden escalar. La noche del domingo en el desierto llegaron a la cumbre de la más alta que se les ha atravesado en el horizonte al vencer a unos previamente invictos Seahawks.

Murray completó 34 de 48 envíos –mejor porcentaje que su contraparte Russell Wilson (33 de 50)– para 360 yardas, tres touchdowns y una intercepción, sin incluir sus 67 yardas en 14 acarreos y otro viaje a la zona prometida. Los números ciertamente son impresionantes, pero no cuentan toda la historia.

Lo más importante de la velada fue que Murray no comandó una, sino dos improbables ofensivas en los segundos finales. La primera con una marcha de 54 yardas en 52 segundos para mandar el juego a tiempo extra. Y la segunda de 19 yardas en 42 segundos para sentenciar el triunfo. Sí, los Cardinals nunca estuvieron en ventaja hasta que Zane Gonzalez se redimió con su gol de campo de 48 yardas para ganar el encuentro a 15 segundos del final.

Si bien es cierto que la defensiva de los Seahawks es meramente simbólica, eso no debe restarle mérito a unos Cardinals que ahora están a medio juego de Seattle en la disputa por la cima de la división más competida de la NFL. Arizona tiene tres encuentros seguidos con al menos 30 puntos a favor... aunque claro que los dos previos fueron ante Jets y Cowboys. Pero igual...

Lo malo

Hace poco menos de un mes, era conocido en los círculos de la NFL como “Súper” Cam, un digno heredero de Tom Brady y el elegido para mantener con vida a la dinastía de los Patriots, el robo de la agencia libre y sólo Dios sabe qué tantas cosas más.

Un diagnóstico de COVID-19 y dos horrendas actuaciones después han convertido a Cam Newton en el eslabón más débil de un equipo en franco declive.

La actuación de Newton el domingo tiene todos los méritos para convertirse por derecho propio en lo peor de la semana. Después de todo, no es de todos los días que vayas a la banca para darle paso a Jarrett Stidham después de completar miserables nueve pases de 15 intentos y otras miserables 98 yardas con tres intercepciones. Tres intercepciones.

Ahora, si sumamos sus últimas dos actuaciones desde que se recuperó del coronavirus, Newton acumula: 26 completos de 40 intentos para 255 yardas sin pases de touchdown y cinco intercepciones. Más importante aún, dos derrotas que tienen a los Patriots en penúltimo lugar de la división y sumamente agradecidos de compartir sector con los Jets.

Con cada semana que pasa, Newton se ve más como el quarterback que firmó por el salario mínimo y no como el arma de doble filo que fue MVP de la NFL hace apenas cinco años.

Lo feo

Los Falcons. Nuevo coach, misma capacidad de tirar juegos a la basura.

El domingo, sin embargo, existe una buena posibilidad de que se hayan superado a sí mismos en el arte de escapar de las garras de la victoria.

Arriba por dos puntos, con 1:12 en el reloj y primer down, lo único que tenían que hacer los Falcons era NO anotar. Detroit no opuso resistencia, se encargó de abrir el hueco para Todd Gurley, quien se dio cuenta demasiado tarde que había caído en la trampa.

Pueden culpar a Gurley todo lo que quieran, pero un coach normal habría enviado formación victoria, y habría permitido que el reloj continuara su inexorable marcha. Raheem Morris simplemente no estaba en el juego, vaya herencia que le dejó Dan Quinn.

Con los fantasmas de debacles pasadas sueltos por todo el Mercedes Benz Dome, la improbable marcha de Detroit de 75 yardas era prácticamente inevitable. Los equipos chicos hacen jugadas chicas.