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El Salón de la Fama hizo lo correcto con Derek Jeter

El capitán de los Yanquis en cinco títulos de Serie Mundial no logra convertirse en el segundo pelotero en la historia en ingresar de forma unánime.

Derek Jeter

Derek Jeter llegó la tarde del martes a una cita con su destino, pactada hace apenas cinco años cuando se despidió como pelotero en activo después de 20 años. El Capitán de los Yankees es, final y justificadamente, miembro del Salón de la Fama.

Igualmente justificado está el hecho de que alguien no votara por él.

No, no lo digo por ser diferente ni por llevar la contraria en un absurdo ejercicio por ser diferente. Lo digo porque es lo correcto.

¿Cuál era el argumento de Jeter para ser el primer pelotero de posición en ingresar de forma unánime al Salón de la Fama? Su carisma. Su presencia como capitán en el equipo más querido, y el más odiado, del deporte. Sus cinco anillos de Serie Mundial.

Sí, lindo muy lindo. Lástima que esos no son criterios a considerar en un recinto que toma en cuenta los logros deportivos individuales y no los colectivos. No debería ser un concurso de popularidad. Al final del día, sin embargo, lo es.

Podría hacerse un caso por sus 3,456 hits, la sexta mayor cantidad en la historia. Pero si consideramos que únicamente encabezó ese departamento en dos ocasiones en 20 años en la liga, su récord toma más una dimensión de vigencia que de excelencia. ¿Cinco Guantes de Oro? En una posición netamente defensiva como las paradas cortas, no son suficientes. Omar Vizquel tiene 11 y recibió el 52.6% de los votos. Los números como son.

Nunca ganó un título de bateo, nunca obtuvo una designación de MVP. Nunca tuvo una temporada de al menos 150 juegos con menos de 85 ponches. Nunca negoció más de 100 bases por bola en una temporada. Nunca bateó más de 24 home runs en una temporada y solo produjo más de 100 carreras en una ocasión. ¿Sabermetría? Solo tres temporadas con más de 6.0 de WAR.

La frialdad de los números puede ser difícil de digerir. En especial cuando detrás de ella se esconde una sonrisa fácil, una maquinaria comercial, una respuesta atenta a cualquier reportero -los eventuales votantes de su inmortalidad. Los flashes de las cámaras con Mariah, Minka o Jessica del brazo.

Fue DiMaggio después de DiMaggio. La gran figura para la gran ciudad. Solo que con peores números. Mucho peores.

Que no se malinterprete.

Derek Jeter merece estar en el Salón de la Fama. Es un inmortal a toda ley, como también lo es Larry Walker -con números prácticamente idénticos, pero con una lista de espera 9 años más larga para el canadiense.

Jeter es un inmortal hecho y derecho. Pero en un deporte tan apegado a su historia, simplemente no merecía ser el primer jugador de posición en recibir todos y cada uno de los votos.

No lo fueron Cal Ripken Jr. ni Ken Griffey Jr. antes de él. No lo fueron Tony Gwynn ni Greg Maddux. Entonces, ¿Qué lo hace diferente a ellos? Tampoco Babe Ruth, Lou Gehrig ni Ted Williams. ¿De qué privilegios habría de gozar Jeter?

No debería existir una distinción entre Jeter y los demás y, gracias a un solo héroe anónimo entre los 397 votantes, no la hay.

Felicidades Derek, eres un digno miembro del Salón de la Fama. La única distinción que se requiere... y que mereces.