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Derrick Thomas: Jefe entre los cazadores de cabezas

El linebacker de los Chiefs perfeccionó el arte del sack hasta convertirse en la pesadilla de todos los quarterbacks durante la década de 1990.

Entrevista a Derrick Thomas con el uniforme de los Chiefs
Aubrey Washington Getty Images

Aquel 11 de noviembre de 1990, los cuatro aviones de la Fuerza Aérea que sobrevolaron Arrowhead antes del encuentro fueron la llave que desencadenó a la bestia. Dave Krieg estaba a 60 minutos de pasar al lado equivocado de la historia.

Nadie iba a detener aquel día a Derrick Thomas. Impulsado por la memoria de su padre Robert, capitán de la Fuerza Aérea que falleció durante una misión ─irónicamente llamada Operación Linebacker Two─ en la Guerra Vietnam, Thomas pasó la siguiente hora de juego reescribiendo los libros de historia de la NFL con una actuación de siete sacks a Krieg, quarterback de los Seattle Seahawks.

Tuve una sensación especial cuando esos aviones pasaron volando”, dijo Thomas.

En apenas el 25to juego de su carrera, Derrick Thomas dejó su huella y envió un mensaje que perduró durante toda una década de terror en la NFL: Ningún quarterback de la liga está a salvo siempre que el número 58 esté cerca.

La amenaza terminó de manera trágica 11 años y 126.5 sacks después de iniciar, cuando el 8 de febrero de 2000 Thomas murió a consecuencia de las heridas que sostuvo en un accidente vehicular que, un día antes de Nochebuena, lo había dejado paralítico de la cintura para abajo.

Su prematuro adiós lo convirtió en leyenda. La noticia de su muerte dejó a muchos preguntándose ¿qué pudo haber sido? ¿A dónde hubiera llegado? Thomas se despidió como el séptimo mejor cazador de cabezas de la historia en una trayectoria recortada por la tragedia. Pero su legado es imborrable.

Casi una década después de que Lawrence Taylor revolucionara para siempre la posición de linebacker externo, Thomas la perfeccionó convirtiéndose en el molde de lo que actualmente se conoce como “pass rusher”. Su técnica, inigualable. Dotado de una velocidad pocas veces vista anteriormente en la posición, Thomas la explotó durante 11 años para convertir a tackles de 150 kilos en muñecos de trapo.

“Un paso y todo terminaba”, dijo alguna vez Bill Belichick sobre cómo defender a Derrick Thomas, quien por lo regular iniciaba hacia el hombro externo del tacle y, una vez que “vendía” su movimiento, explotaba al interior y ponía punto final a las aspiraciones del quarterback.

Thomas jugaba con una mezcla aparentemente incompatible de furia e inteligencia. Una especie de ira controlada que le permitía dominar el juego, comenzando con el aspecto mental, hasta culminarlo con un estruendo físico.

“No creo haberle temido nunca a nadie dentro del campo”, dijo alguna vez el running back Marcus Allen. “Pero el más cercano fue Derrick Thomas".