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NFL

Larry Fitzgerald y Chris Carter responden a Antonio Brown

Antonio Brown en partido de Steelers

Ron Schwane

AP

El volátil receptor está dejando un sendero de destrucción en su camino fuera de Pittsburgh.

“No tengo un ego”, dijo Antonio Brown con toda seriedad mientras LeBron James, Anthony Davis, Jamie Foxx y Meek Mill asentían, tal vez con incredulidad, tal vez con ingenuidad.

En un acto todavía más ingenuo, acusó con James a Ben Roethlisberger de sentirse “el dueño”. De todos los deportistas profesionales del mundo, James es el menos indicado para ponerse en contra de alguien que se sienta el dueño de un equipo. La historia ha sido clara en ese sentido.

No tiene un ego ─asegura─ pero prefirió exigir un cambio y destruir su legado en una franquicia histórica por no aceptar una crítica en una ruta de parte de un quarterback que tiene dos de las pocas cosas que le faltan a la carrera de Brown: Anillos de Super Bowl.

O no se tiene ego y se aceptan las críticas de alguien que quiere lo mismo que tú, ganar. O se llega en helicóptero al primer día del campo de entrenamiento. Las dos cosas no se pueden.

Y en su afán por mantener el papel de víctima, Brown ahora asegura que no “necesita” del football y que “si quieren jugar, va a ser con mis reglas”.

Su postura es clara, no quiere seguir en Pittsburgh. Sus intenciones son un tanto más confusas.

Tal vez esta serie de declaraciones y actuaciones frente a las cámaras solo estén dirigidas a que los Steelers corten el hilo por lo más delgado y decidan darlo de baja para que él pueda firmar con quien le plazca, algo improbable por no decir imposible. Tal vez solo quiere perjudicar su valor de cambio para que, en una última mentada de madre, su equipo actual reciba lo menos posible a cambio.

Tal vez tenga un plan. Tal vez esté improvisando. Pero una cosa está clara, no está funcionando. No con la opinión pública, no con sus colegas.

Cuando una de las personas más respetadas alrededor de la liga, como Larry Fitzgerald, comienza a opinar de un tema ajeno y no es en apoyo a tu colega de posición, sabes que Antonio Brown se ha radicalizado.

“Mr. Big Chest es un buen amigo mío, pero no creo que, en lo personal, esté actuando de la manera correcta”, dijo Fitzgerald. “Poder jugar con uno de los mejores quarterbacks de la historia como lo ha podido hacer él, no creo que entienda la situación privilegiada en la que está. La cosa está difícil en otros lugares”.

Si a alguien debería escuchar Brown es a Fitzgerald, quien tiene maestría en quarterbacks malos a lo largo de su ilustre carrera y nunca pestañeó para salir a dejar el alma. El problema aquí, es que Brown no parece estar escuchando a nadie.

Fitzgerald fue sutil y respetuoso de la situación de Brown. Otro histórico receptor, Chris Carter no lo fue tanto.

“No tiene respeto por el juego. Dice que tiene 30 millones de dólares. Tienes 30 años. ¿Crees que eso es suficiente para llegar a la tumba? Hay un montón de historias horribles de atletas que terminan quebrados. No es tanto dinero en el mundo real”, señaló Carter, quien sabe una o dos cosas de los problemas y tentaciones que pueden llevar a un jugador a la quiebra.

“Bien, dices que no necesitas del football, pero te ha dado cada centavo que tienes. Conozco tu historia, conozco de dónde vienes y me parece increíble lo mucho que ha cambiado como persona. Y si Larry Fitzgerald hablara mal de mí, eso me haría ponerme a pensar”.

Ahí parece estar el problema. Antonio Brown no parece estar pensando. Su estrategia, sea cual sea, no parece estar funcionando. Con cada declaración, cualquier punto de empatía se vuelve más difuso.

Tal vez tenga razón y Roethlisberger sea un mal líder. Tal vez tenga razón y lo mejor sea empezar de cero en otro lado. Vamos, tal vez tenga razón y Mike Tomlin lo dejó mal parado e hizo ver como que abandonó a sus compañeros antes de la última semana de temporada. Pero cada vez se hace más difícil darle el beneficio de la duda.