NBA EN MÉXICO | MAGIC 97 - BULLS 91

Vucevic liquida a los valientes Bulls en un final explosivo

Un recital ofensivo del montenegrino sometió a los Bulls, que no dejaron de pelear y habían empatado cerca del final. La afición comenzó silenciosa y terminó entregada.

Orlando Magic v Chicago Bulls, NBA
CARLOS JASSO REUTERS

Partido de lenta cocción en la Arena Ciudad de México. Bulls y Magic se presentaron ante un público apagado que se volvió fuego conforme el juego subió la temperatura. Las exhibiciones de Zach LaVine (23) y Nikola Vucevic (26) encandilaron a la afición, que acogió a los Bulls como propios y abucheó al local oficial. Un encuentro de final incandescente, cuyo ‘in crescendo' final, apagó el sopor inicial. El Magic, al final, sigue en carrera en el Este y condenó a los apapachados Bulls al inframundo de la misma zona con el 97-91 final.

La silente afición de la Arena Ciudad de México, que solo respondió a la presencia de Jason Williams y las reverencias de Aarón Gordon y Justin Holiday, acompañó un partido cansino en sus primeros compases. Mientras Robin López entablaba una guerra por la pintura que tuvo efectos devastadores para él en contra de Nikola Vucevic, Zach LaVine fue una centella en un cielo oscuro; no sopla el viento que se lleve las nubes que se ciernen sobre la Ciudad de los Vientos. El repertorio del guardia, que ahora incluye más que mates imposibles con la pelota bajo sus piernas, le bastó para guiar un parcial de 26-24, definido por un triple de Dunn desde la esquina derecha: un impulso eléctrico que recorrió a la Arena por unos segundos. Los Bulls, al mando con solo el 40% de efectividad de campo. La lógica torcida.

El Magic recuperó color cuando la segunda unidad, comandada por Jonathon Simmons y Mo Bamba, acudió al rescate de Vucevic y del inédito y jadeante Gordon. El power forward, otro especialista en clavadas de epopeya (su duelo ante LaVine en 2016 es la interpretación basquetbolística de la Iliada y la Odisea), se marchó a los vestidores tras los dos primeros capítulos con cuatro puntos. Bamba, una tapa y cuatro tablas en 11 minutos, selló las filtraciones de agua que no podía tapar Vucevic. Abrió brecha el Magic hasta que el ‘jumper’ de Holiday, descorchado por la imaginación de LaVine en los controles, igualó a 53.

Vucevic no dejó de machacar y, ni así, la Arena salió del estado de somnolencia. Lo cierto es que el montenegrino tiene todas las guerras ganadas, lo que forzó a la intervención de Jim Boylen para apagar el fuego; un crimen por el que se le acusa de métodos inhumanos en Chicago. La tensión entre el coach y los jugadores puede cortarse con una navaja. El acarreo de Robin López, cuerpo a cuerpo sobre Bamba, y el mate sísmico subsecuente, arrancó al banquillo de los Bulls de sus asientos. El equipo ‘muerto’ sí tiene vida. Como filosos fueron los triples esquinados de Bamba y Simmons que fueron el preludio del partido verdadero. El que tuvo tres cuartos de introducción insulsa, reseñados en una crónica ídem.

Una breve sequía del Magic, con Gordon fuera de combate, llevó a los libres inmaculados de Holiday. 77 iguales. El partido (y la crónica) empiezan aquí. El intercambio de voltea fue antológico. Rocky y Apollo Creed masacrándose a golpe seco; o Shaquille O’Neal y Dennis Rodman, en duelo a muerte por el tablero. Sangre y lágrimas. Y gritos. La Arena fue un bullicio y la temperatura subió mientras cada mazazo era más fuerte que el otro. El doble jumper de Portis, que devolvió la ventaja a los Bulls por primera vez desde el segundo cuarto, descorchó la locura. Fournier y Augustin intercambiaron plegarias, empates y mandos. Vucevic embocó desde la esquina para estirar el delirio, LaVine replicó y Holiday causó otro sismo con un triple de ensueño. Fue Jordan, por un segundo, y la Arena fue el United Center.

LaVine, Holiday, Fournier se sumaron a la campal. La combustión de Vucevic, un francotirador curtido en la fiera Montenegro (26 puntos) antecedió la bomba inteligente de Markkanen, que tuvo efectos devastadores sobre los cimientos de la Arena. Empate a 91 y 1 minutos por delante, suficiente tiempo para la mirada asesina de Vucevic, el carnicero de Morges. Pase pantalla de Fournier y salto imperial, todo red. 93-91. La hemorragia le pudo al Toro, que murió con la tapa final de Isaac para negar a Holiday. El partido empezó en sueño y terminó siendo uno.