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LAKERS 109-105 CAVALIERS

Cleveland ovaciona a LeBron, y 'El Rey' responde con 32 puntos

LeBron James, Los Angeles Lakers

Jason Miller

AFP

Nuevo recital de LeBron James. Ahora, para triunfar en su primera aparición en la que fue su casa durante 11 años repartidos en dos épocas. Los Lakers llegan a 10 victorias.

Estados Unidos

LeBron es Cleveland. Y Cleveland es de LeBron. Pocas ciudades están tan identificadas con una figura como la metrópoli de Ohio y sus alrededores, los deprimidos suburbios de Akron, ligados a sangre y legado con 'El Rey'. 11 años, dos MVP de la liga, un Rookie del año (2003) y un título de la NBA (el único en la historia de la ciudad) después, LeBron cerró el libro para expandir su reinado en Los Ángeles. Nuevas tierras han de ser conquistadas. Cleveland acogió al hijo pródigo con verbena, nostalgia, homenaje y osadía. Un equipo bravío que, sobre el parqué, no justificó su paupérrimo récord (2-13, antes del partido). Pero a LeBron no le puede la morriña ni el sentimentalismo. Lo suyo es la bravura. La inmisericordia. Eso, mientras el balón ruede sobre la duela. Después de la bocina, Cleveland vuelve a fundirse en él.

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Los primeros puntos del partido fueron obra de 'quién más'. Eso sí, con la jugada menos 'lebronezca' de los tiempos; más inspirada en Kareem, por ejemplo: tip sobre el cristal. A ritmo lento se coció el primer cuarto, condimentado por el juego externo de Sexton (ocho puntos en la primera manga), las apariciones furtivas de Kuzma desde las esquinas y los entierros de Larry Nance, que vagó por el Quicken Loans Arena con pala en mano; cuando se dejó ver, claro. Con LeBron fuera de combate (algún momento deberá descansar), los Cavs activaron a Osman, quien ejerció de un JR Smith en plenitud de facultades mentales, lo que suele ocurrir cada cuanto. Dos triplazos, acompañados por sendos remates de Tristan Thompson (10 rebotes antes del entre-tiempo), obligaron a que LeBron ajustara la cinta de la frente. Su mate por todos los cielos puso en pie al Quicken Loans Arena en un flashback desgarrador con tintes de dilema moral: los tiros de púrpura y oro no debían ser celebrados. Su sociedad con Lonzo Ball diagramó dos triples, con LeBron como remitente y Lonzo como ejecutor en la esquina izquierda. 49-52 al medio tiempo. Cleveland había demostrado, hasta entonces, que sí podía vivir sin LeBron, aunque las últimas cuatro semanas han probado lo contrario.

Si los pupilos de Larry Drew lucieron como un equipo competente fue porque, al medio tiempo, no habían sufrido ni una sola pérdida. Y los Lakers, siete. El partido no se definía en las furtivas ráfagas de Hood y Lonzo, sino en la pulcritud de los Cavs con la pelota, juego de fundamentos. El primer turnover llegó avanzado el tercer periodo y el partido lo terminaron con solo tres, la cifra más baja en toda su historia. Tan baja como cruel, e irónica. Y un atentado contra la racionalidad del juego. Los manuales tácticos estiman que, mientras menos pérdidas, el partido siempre estará más cerca del control. Normal, LeBron desafía la lógica. La muestra de ello fue que Nwaba le batió en dos duelos, Ingram embocó dos triples y un tiroteo de triples entre Jordan Clarkson (exlaker), Osman y Caldwell-Pope dejó las pistolas humeantes para el cuarto periodo.

Al carnaval llegó Kyler Korver (tres triples de seis intentos) y se descorchó Cleveland. El eurostep de Harrison, el 'fadeaway' de Clarkson y el mate sísmico de Larry Nance, previa pantalla sobre Ingram para habilitar a Clarkson, quien luego descargó dos triples consecutivos desde la esquina derecha. 87-96. ¿Game over? No, señor. Kuzma imaginó un triple a-lo-Curry apurado sobre el rincón y LeBron ejerció de Baker Mayfield para conectar con Lonzo Ball, quien depositó en caída sobre la pintura como alero a quien la suerte le sonríe (15 puntos, seis en el último cuarto). LeBron lanzó el empate a 99 desde la tercera dimensión y Osman opositó con la misma fórmula, cada que 'El Rey' y Caldwell-Pope abrían brecha. La tercera no fue la vencida. En su enésimo viaje al poste bajo, McGee emuló a LeBron en Oakland sobre Draymond Green y el bloqueo de los siglos. El partido murió en dos ocasiones: ahí, y cuando Kyle Korver emergió de la cortina para recibir, girar y disparar el mismo movimiento, todo para que la pelota quedara en el aro. LeBron y los Lakers debieron sudar en Cleveland. Pero así, el homenaje sabe mejor.

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