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Cancelación del juego de NFL en México: Culpa compartida

México se quedó sin recibir el juego del año en la NFL y los señalamientos apuntan en varias direcciones.

Estados Unidos
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Cancelación del juego de NFL en México: Culpa compartida
Rebecca Blackwell AP

Era el partido del año. Ahora es una funesta anécdota.

Es una incómoda mancha en el historial de un país que se enorgullece de ser anfitrión. Una vergüenza internacional que podría tener repercusiones más allá de un solo juego de NFL.

Es también una evidencia de doble moral en una liga que se enorgullece de tener los jugadores más rudos, los que están dispuestos a partirse el alma bajo cualquier circunstancia por un ovoide. Ahora sabemos que esas circunstancias no cruzan fronteras.

¿A dónde apuntar en busca de culpables?

En todas direcciones.

Por un lado, el Estadio Azteca y su administración. Tal vez fue orgullo de que su campo aguantaría, tal vez fue confianza en que la NFL y sus guardacampos se encargarían de arreglar todo lo que ellos hicieran y deshicieran. Tal vez una necedad que comenzó meses atrás con la instalación de una superficie híbrida que decepcionó desde la primera vez que fue puesta a prueba.

Lo más seguro es que haya sido una ambición desbordada. Organizar tres conciertos masivos y dos partidos de fútbol en las dos semanas previas a la visita de la NFL, fue demasiado para un campo que no es la primera vez que aqueja problemas. Tal vez los responsables del terreno de juego lo habrían tenido en condiciones para el lunes. Apostaron y perdieron.

La NFL había advertido que el campo no estaba en condiciones ideales y el Estadio Azteca respondió a esa advertencia albergando un concierto masivo. El comunicado de que las inusuales lluvias afectaron el estado del césped es simplemente ridículo. Se les dio la oportunidad de actuar y decidieron no hacerlo y afrontar las consecuencias.

Tal vez creyeron que el contrato vigente los amparaba. Tal vez no leyeron las letras chiquitas. Tal vez pensaron que la NFL no tendría las agallas para llevarse su producto estelar de regreso a Los Ángeles.

El sur de California, donde la liga se siente más cómoda sin importar las condiciones en el Coliseo. Tal vez sea una recompensa para una región que en dos semanas tuvo un tiroteo masivo a menos de 10 kilómetros del campo de entrenamiento de los Rams y el peor incendio forestal en la historia del estado. Devolverle la joya de la corona del calendario sería justo.

Porque dentro del territorio estadounidense todo es más justo para la NFL, aun si no lo es. Porque un terreno infumable es admisible en Miami, Denver o Green Bay. Porque no importa si hay un torrencial aguacero o 20 centímetros de nieve. Nada es suficientemente riesgoso para nuestros atletas.

Porque es nuestro negocio. Porque nosotros podemos descomponer nuestros juguetes, pero es inadmisible que se los prestemos a alguien y no los devuelva en condiciones impecables.

Porque podemos prestarle algo a México, pero un Chiefs-Rams es demasiado valioso como para que nos lo descompongan.

La liga no prestó sus juguetes, y advirtió que no lo haría si México no los trataba con cuidado.

Es otro ojo terriblemente morado que le deja la NFL a México. Justo cuando apenas se recuperaba del ridículo de Mauricio Ortega y su robo de jerseys o de las declaraciones de Bill Belichick y sus viajes a lugares sísmicos y volcánicos.