LAFC 2-3 REAL SALT LAKE

Los Angeles FC y Carlos Vela, eliminados de los MLS Playoffs

La temporada debut de LAFC terminó dramáticamente con una derrota a domicilio frente a un Real Salt Lake con pegada que enfrentará a Sporting Kansas.

Ciudad de México
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LAFC vs Real Salt Lake, MLS Playoffs
Marcio Jose Sanchez AP

A veces las grandes historias, las más enternecedoras, sorpresivas, tienen finales inmisericordes, dolorosos, crueles. Así ha sido la noche del 1 de noviembre en el Banc Of California, donde la apacible velada se ensombreció a cada minuto. Nueve meses de magia, de estoicismo, terminaron abruptamente. Y no a los puntos, pues el trámite, las sensaciones, el viente resopló a favor de Los Angeles FC. La pegada de Real Salt Lake, notablemente más poderosa y menos retórica, sometió al bisoño conjunto negro, voluntarioso, turbado, engullido por la ansiedad y el pánico escénico. La historia de ensueño terminó.

La medida de fuerzas se rompió cuando Kreilach pescó con el pecho un centro alto de Lennon, pasado por alto por Danilo (21') El remate de volea que venció a Miller fue una premonición. Pronto, el central brasileño encontró redención, al embocar un tiro libre accionado por Vela desde el costado derecho, solo diez minutos después. Eso sí, desde la tribuna le llovió cualquier líquido y algún vaso a Rimando, una reseña condenable. Real Salt Lake probó su refugio anti-aéreo y Los Ángeles comenzó a desgastar la artillería con la misma táctica. Vela y Beitashour trazaban, Zimmerman pedía visado para incursionar en zona ajena desde la retaguardia y Rossi driblaba sombras. Si la puesta en escena era correcta, algún infortunio impedía que la suma de las acciones se concretara en gol. O los centros se perdían en el aire angelino, o el cabezazo de Zimmerman no encontraba remitente, o los esmeros de Rossi terminaban acosados por Rimando o la línea de fondo. 

De vuelta del descanso, LAFC fluyó mejor con la pelota y sin acudir al bombardeo vía aérea. Diomandé cedió su lugar a Ramírez, quien explotó mejor los espacios entre Silva y Onuoha. Un trazo precioso de Nguyen, telegrafiado desde el medio campo, encontró a Ramírez en una pradera. El bombazo desaforado, mero instinto asesino, partió por la mitad la portería de Rimando. Antes, Blessing y Rossi habían perturbado lo suficiente al guardameta mexico-estadounidense; el uruguayo sufrió la mejor atajada del encuentro, reacción felina sobre su izquierda a un remate raso, a quemarropa. Y llegó el arte. Rusnak probó suerte sin mucha decisión, Danilo bloqueó y Kreilach imitó a Steve McManaman en la final de la Champions de 2000. O a Daniel San, o al máximo artista marcial de los tiempos. Patada celestial, una pierna recta sobre el suelo, la otra, en tijeretazo que cortaría el viento. La pelota se alejó de Miller y reposó violenta en las redes. Un gol que aplaudiría (y firmaría) Zlatan Ibrahomovic.

El golazo cambió el signo del partido. Por ello, no fue una sorpresa el gol de Savarino, con colaboración no voluntaria de Zimmerman, consumara la remontada en pleno 'momento groggy' del LAFC. El punterazo del venezolano, precedido de una cabalgata de Lennon, quien sacó la pelota desde su lateral, cambió su trayectoria en el rostro de Zimmerman. No necesitó atacar más RSL. Tres ráfagas, tres goles. Golpes de poder. Y LAFC comenzó a arrullar la pelota y a tirar de artillería. Sus fuerzas aéreas, ahora, no respondieron. Ni las terrestres, cuando Rossi cerró a segundo poste la plegaria de Blessing que abanicó Ramírez al primero, como bateador de los Dodgers. El partido terminó en la desazón de la meritocracia fallida. No ha sido y ha podido ser. La amargura de la derrota inmerecida. Pero es apenas el año 1 de vida de LAFC. Y de qué va la vida si no es de derrotas que anteceden a la gloria.