Jazz
102
FIN
112
Rockets

JAZZ 102-122 ROCKETS

Un celestial Chris Paul llega a su primera final de conferencia

Chris Paul, jugador de los Houston Rockets

Eric Christian Smith

AP

Partidazo histórico de CP3, quien destrozó a unos valerosos Jazz a base de triples, asistencias y mucho corazón. Donovan Mitchell anotó 22 puntos en un cuarto.

Estados Unidos

86 partidos de playoffs después, Chris Paul por fin jugará una final de conferencia. Nadie había jugado más partidos que él sin llegar a la antesala de las NBA Finals. Ahora, la noche del martes, echó tierra al mal agüero con todos sus recursos; todos sus trucos y todo lo que ha aprendido en 13 años de infortunios. Una noche celestial para un jugador ídem. Los Rockets, el mejor equipo de la NBA en 2017-2018, están a un paso de pujar por el Larry O'Brien. Y si tienen a James Harden y a Chris Paul, parte de las labores ya estarán hechas.

Así se vivió la narración del partido en directo

El Jazz presentó intenciones, muy hostiles, por cierto. Mientras Capela y Gobert se retaron a un duelo de tapas, Harden y Paul calentaron el brazo e Ingles, sin mayor aspavimientos, quemó la red a distancia. Suyos fueron dos disparos que detonaron la reacción de los Rockets: del 11-7 inicial al 16-21 con el que terminó el primer cuarto. Las esquinas fueron su hábitat y también el de PJ Tucker, cuya escopeta con mira definió el transcurso del segundo parcial. En tanto, Burks surgió como su émulo, su contraparte, y aportó desde el banquillo seis de sus 22 puntos, uno a través de un triple colosal que obligó a la réplica de Paul; una premonición del cierre de la velada. Entonces, corrió el último minuto de la primera mitad y Houston desplegó la artillería pesada; los lanzadores de mortero sumaron tres bombas desde el perímetro en 60 segundos: una tras otra, un sembradío de fuego y puntos: dos de CP3 y uno de Tucker; dos de frente y uno en la esquina. ¡Pum, pum, pum! Utah, we have a problem, fue la señal enviada por Snyder a Salt Lake City frente a la lluvia de meteoros.

Sometido Utah frente al poderío de los Rockets, recuperó su cuerpo el alma en pena de Donovan Mitchell. Dos puntos en el primer cuarto, entró en combustión y de las manos le surgieron llamas incandescentes. Un personaje de Stan Lee. Un espectáculo sin igual: de tres desde el codo, 'fadeaway' desde la llave, con baile sobre Capela, media vuelta en la pintura para derrotar las manos extendidas de Mbah a Moute. Red, siempre red. Su triplazo para el parcial de 78-72 fue catársis. La rebelión Mitchell rompió el partido y forzó a D'Antoni a trazar el plan de emergencia. Entre tanto, la serie entró en suspenso (parcial de 21-6 para el Jazz, ¿se avecinaba el sexto juego?) y Mitchell, en la historia: 22 puntos en 12 minutos de playoffs: solo Curry y Harden le igualan en los úitimos 20 años. Vaya, ni LeBron. O Kobe.

Y apareció Chris Paul. Eterno Chris Paul. Colosal Chris Paul. Surrealista Chris Paul. Ajeno al brutal cara a cara Capela-Gobert, dueños y señores de las pinturas, terror de los tiros mansos y geniales; tan monstruosos (10 tapas entre los dos). Un triple de Tuckers desde la esquina izquierda firmó la remontada 80-81 y, desde entonces, el Jazz volvió a la vieja historia de la última semana: remar a contracorriente. Y ahora, bajo una lluvia de fuego. Green trazó un arcoiris desde la llave como preludio al shock CP3; un Rambo con metralleta a discreción. Cayó uno, dos, tres. Cuatro triples en el último cuarto. Ocho en los 48 minutos. 20 puntos sobre el cierre. 80% desde la tercera dimensión. 59% de campo. 10 asistencias. Primer jugador con semejante actuación (41+10) desde 1989. El otro, un tal Michael Jordan. Tan bestial que ni apenas los 18 de Harden merecieron un lugar en la crónica. Y eso, solo como homenaje al MVP de la temporada.

El danzón de Paul sobre O'Neal, crossover fino, bote en retirada, tiro en 'fadeaway', golpe sobre el cristal y balón acariciando las redes, ya es historia viva de los playoffs. La postal de una noche inolvidable en Houston. El inicio, quizá, del fin de un mal agüero. CP3 merece un Larry O'Brien. Su abrazo final con Donovan Mitchell fue la fusión de futuro y presente.

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