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Señor Goodell, haga algo con las porristas de la NFL

Estados Unidos

Agreguen a las porristas en la cada vez más larga lista de problemas que debe resolver la NFL. Es más, las cheerleaders han tomado el primer lugar en las prioridades.

Para quienes no estén enterados, permítanme ponerlos en contexto.

Hace unas semanas, The New York Times publicó un largo reportaje en el que se revelaron las ridículas condiciones de trabajo de las porristas en algunos equipos de la NFL.

El diario tuvo acceso a siete de los manuales que recibieron las animadoras de sus respectivos equipos, en los que les piden mantener su “peso ideal”, cierta higiene personal y hasta cómo llevar sus vidas fuera del trabajo y en redes sociales, entre otras cosas.

Bailey Davis, ex porrista de los New Orleans Saints, presentó una denuncia en marzo ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo, después de que el equipo la despidió tras publicar una foto en su cuenta de Instagram.

Davis también alega que los Saints no tratan igual a los jugadores y a las cheerleaders.

El mes pasado, Kristan Ware, animadora de los Miami Dolphins, presentó una queja ante la Comisión de Relaciones Humanas de Florida; alega discriminación debido a su género y fe cristiana.

Además, asegura que el equipo le pidió que dejara de hablar públicamente de su virginidad.

El miércoles, The New York Times publicó un nuevo artículo, ahora con un vergonzoso capítulo que involucra a las porristas de los Washington Redskins, durante un viaje de promoción a Costa Rica en 2013.

El periódico entrevistó a varias de esas porristas y confesaron que fueron obligadas a posar en topless o usar solo pintura corporal en el “shooting” para un calendario. Por si fuera poco, los patrocinadores y dueños de las suites de lujo en el estadio de los Redskins, todos hombres, tuvieron acceso a esas sesiones fotográficas.

A otras nueve porristas se les pidió asistir a un evento en un club nocturno como escorts de los patrocinadores.

Los Redskins de inmediato respondieron.

“Con base en el diálogo que hemos tenido con varias porristas actuales y anteriores durante las últimas 48 horas, hemos escuchado relatos de primera mano muy diferentes que contradicen directamente muchos de los detalles del artículo del 2 de mayo”, aseguró Bruce Allen, presidente de la franquicia, a través de un comunicado de prensa. “Les prometo que una vez que hayamos terminado de investigar este asunto, si se revela que alguno de nuestros empleados actuó de manera inapropiada, esos empleados enfrentarán repercusiones importantes”.

Toda nuestra organización tiene un gran aprecio y respeto por nuestras porristas. Desde el trabajo que realizan en la comunidad local hasta visitar a nuestras tropas en el extranjero, estas mujeres son miembros ejemplares de nuestra organización y merecen nuestro máximo respeto. Estamos orgullosos de ellas y las apoyaremos. Continuaremos tomando todas las medidas necesarias para crear un ambiente de trabajo seguro y respetuoso”, agregó Allen.

A diferencia de los jugadores, las porristas no tienen un sindicato que las respalde y son empleadas eventuales con escasos beneficios.

Si más capítulos como el de Costa Rica comienzan a ver la luz pública, la NFL -y no sólo algunos equipos- tendrá que revisar minuciosamente los manuales de sus cheerleaders y mejorar de inmediato sus condiciones laborales.

La liga castiga a los jugadores que se ven involucrados en eventos de violencia doméstica, pero aparentemente en las entrañas de sus franquicias imperan ambientes misóginos y de desigualdad.

Colin Kaepernick sigue en la calle sin un equipo y su ex compañero Eric Reid está en las mismas e incluso ya demandó a la NFL, acusándola de tener una conspiración entre sus dueños para no contratarlo.

Señor Goodell, haga algo.

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