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Wakaso echó una mano al Atleti

ALAVÉS 0- 1 ATLÉTICO

Wakaso echó una mano al Atleti

Vrsaljko felicita a Gameiro por su gol al Alavés.

VINCENT WEST

REUTERS

Fue clave al cometer dos penaltis. El primero, tras un empujón a Vitolo, se lo paró Pacheco a Torres. El segundo lo marcó Gameiro. Roja al final a Correa.

Madrid

Hay finales de Liga como éste, que el balón rueda, que se juega, pero ya todo se cumplió ya. Los deberes se hicieron, salvarse unos, la Champions otros, y en jornadas como ésta, por nada, sólo queda jugar por disfrutar. O por el orgullo. O por las pruebas. Porque el Atleti se juega el partido de la temporada el jueves y, por momentos, la hierba de Mendizorroza era la del Metropolitano. Fue un partido serio de los dos, sin nada en juego pero competido desde la pizarra, desde el centro del campo. Decidieron dos penaltis. 

Simeone lo afrontó desde el principio con un ojo en el jueves (partido para el Atleti sin laterales derechos naturales) y ahí Thomas, de inicio. Un ojo en el jueves que aullaba Costa cada vez que el de Lagarto tocaba un balón, que estaba de vuelta y con hambre de gol, de Wenger, de Arsenal. Que se enredaba en las diagonales de Vitolo, rapidísimas, muy activo. A su espalda, Werner miraba bajo palos y unía Vitoria a su curriculum. Su debut en Liga, por las molestias de Oblak, un descanso también pensando en jueves. En la primera parte miró más que paró.

Porque aunque los equipos iban de una área a otra sin inquietar demasiado a los porteros pero con brío, de pronto, Munir se escapó solo hacia Werner para que quedara inaugurado uno de los duelos de la tarde: el suyo con Lucas. No lograría quitárselo de encima. Lucas aquí el balón sí. Choque de cuerpo, puntera de la bota, caída de Munir. El árbitro no pitó penalti. Pudo hacerlo. Tampoco falta en la jugada siguiente: caía de Costa ante Wakaso. Patadita por aquí, empujón por allá el partido iba subiendo el tono. Más golpes que fútbol. Moratones en Gabi pueden dar fe. Pisotón de Pedraza, empujón de Wakaso. La camiseta de Costa también. En una de esas tuvo que irse al banquillo a cambiársela. Le habían arrebatado media de un agarrón. Ningún silbato del árbitro se escuchó. A veces, parece, que sólo por ser Costa vale todo contra él.  

Después de una falta lanzada por Thomas con tiralíneas, que se fue fuera acariciando la madera, Simeone varió la pizarra. Tres centrales (Vrsaljko, Savic y Lucas), dos carrileros (Thomas en la derecha y Vitolo en la izquierda). ¿También pensando en Arsenal? Su equipo perdió profundidad. En el cielo se abrió paso el sol, todas las nubes estaban sobre el césped. El partido estaba en modo difícil de ver. Espeso, espeso, como Correa, desesperante. Costa y Torres le dieron pulsaciones a los minutos finales. El Niño al preferir asistir a Costa que rematar de volea. Un Costa cuyo alrededor siempre ocurre todo. Tiene piel de fósforo. Por eso el descanso llegó con esa foto: cabeza con cabeza contra Sobrino, que le había dejado otro recuerdo, ahora pisotón, parece que todo vale contra él. Eso sí, la amarilla fue para los dos. El partido en el que nada se jugaba se iba a la caseta con 200 pulsaciones.

Regresó echando de menos terriblemente a Griezmann, la luz en los partidos que se le van al negro al Atleti, cuando todo ataque es darse cabezazos con una pared. Pero Griezmann se había quedado en Madrid y contra la madera se dejó la clavícula Sivera al ir a atajar un balón de Vitolo. Su salida del campo, entre lágrimas, sucedió a la vez que el primero del Cholo, era doble, Gameiro, por Costa, tras 60 minutos de rigor, y Godín por Koke. Su pizarra iba a volver a cambiar. Más pruebas para el jueves: Godín al centro de la defensa, Vrsaljko carrilero y Thomas al centro. Y Werner, que asomó frente a Guidetti, con un vuelo imposible para sacarle un balón y decirle al mundo: “Aquí hay portero”. En la segunda parte los porteros iban a macharse los guantes.

Los de Pacheco se llenaron de balón cuando en el minuto 70’ Wakaso derribó a Vitolo en el área. Penalti. Lo lanzaría Torres, porque en estos partidos que quedan, Europa League aparte, son suyos. Las hojas que le quedan al calendario son sus últimas. Este podía haber sido su último gol, quizá. Pero no fue. Lanzó ajustado al palo y adivinó el portero. Se lo dedicó a Sivera.

Seis minutos después el Atleti volvería a ese punto, el de penalti, y por Wakaso, al que Godín debió consolar. Esta fue vez una mano, en el área, a un balón de Torres. Éste no lo lanzó El Niño, éste lo lanzó Gameiro, por el centro, directo al cuerpo de Pacheco, que se lanzó a la izquierda. Gol. Un minuto después, Wakaso dejaba el campo. Quedaban diez minutos. Perdonó el Alavés, Pedraza cruzó demasiado casi en línea de gol. Respondió Vitolo con uy, un cabezazo que obligó a Pacheco. Anestesió el Atleti aunque el final estuviese lleno de cosas: un festival de balones colgados del Alavés, Simeone perdiera otro hombre para la próxima jornada (Correa, roja por doble amarilla) y la grada pidiera penalti por mano rojiblanca en la última jugada. Unos rojiblancos que sólo desean el pasar del reloj. Cuando pitó el árbitro quedaban cuatro días, cuatro horas y 59 segundos para el Arsenal. 58, 57...

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