Pacers
95
Cavaliers
98
Finalizado

NBA

¡Bestial LeBron! ¡44 puntos, tapón a Oladipo y triple ganador!

Partido histórico en Cleveland con una resolución catártica: LeBron reeditó su tapón a Igoudala con Oladipo y, acto seguido, embocó el triple de la victoria.
Final NBA: Cavs vs Warriors, juego 1

Estados Unidos
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LeBron James, jugador de los Cleveland Cavaliers
Tony Dejak AP

LeBron es eterno. Es el último adjetivo aún vigente para calificarlo; el resto ya se ha desgastado en litros y litros de tinta, kilos y kilos de papel, bytes y más bytes en la web. A decir verdad, su aura milagrosa no es materia periodística ya, como tampoco lo fueron, digamos, los ganchos de Chamberlain, los penaltis de Cristiano o el amanecer de cualquier día. Rutina, pues. Pero LeBron redefine el tiempo, los significantes, la semántica y la épica. Por ello es eterno. Ante los Pacers, en la noche del 25 de abril, un enésimo milagro suyo tuvo propiedades metafísicas. Se rompió el espacio-tiempo, y LeBron fue LeBron, claro, y Oladipo Igoudala. Y los Pacers, los Warriors. 95-98, Cavaliers y serie con ventaja 3-2. Un partido de los que parten aguas. Que cambian el 'momentum'. El antes y el después nace en noches como éstas. En las que LeBron es eterno.

Así se vivió la narración en directo del partido.

Desde el inicio, LeBron ya avisaba sus pretensiones. 14 puntos, exclusivamente en el primer cuarto. Hasta entonces, El Rey, como cid campeonador, cargaba sobre sus espaldas a los Cavaliers, con espada blandida y armadura abierta a rajadas en el pecho. Dos incursiones consecutivas a la pintura redujeron el déficit inicial detonado por Young y Sabonis, un digno émulo de su padre; un danzarín prolijo en la pintura, baila como garza y pica como avispa (algo así dijo Ali). Sus cotizaciones suben a cada gancho, cada 'jumper' escorado. El Zar dejó descendencia. Al auxilio de LeBron acudía Kyle Korver, el francotirador por excelencia; dos triples en épocas de carestía resucitaron a los Cavaliers como dos electroshocks. Pero McMillan supo romper la inspiración con las granadas de Stephenson (otra vez, liado a navajas con LeBron) y la elegancia de Sabonis.

El trabajo colosal de McMillan se destruyó en la segunda mitad. Un parcial de 7-0, al comenzar el tercer cuarto, revirtió el signo del partido definitivamente. Los Pacers no se recuperaron de la vorágine y los Cavaliers encontraron el ángulo de Korver (cinco triples, el 16° máximo encestador a distancia de los tiempos en playoffs) y el estado de gracia de LeBron. Entretanto, Bogdanovic (11 puntos) y Calderón (6), intercambiaron apariciones furtivas con bombas explosivas made-in-Europe; esos triples suaves, parabólicos, que desde el momento en que salen disparados de los dedos sabes cuál será su destino.

Hasta que Larry Nance Jr. falló un tiro libre a cuatro minutos del final, los Cavaliers llevan 100% de efectividad desde la línea. Una brutalidad más. LeBron aportó 15 de los 27 puntos embocados en el paredón. 15 de 15 intentos, claro. Pero también estaba de dulce Sabonis (66% de campo), y un doble largo suyo empató el partido a 95. Y entonces, la magia. Oladipo encontró autopista, enfiló, entró al perímetro, como un bólido, y LeBron, fantasmagórico, apareció por detrás suyo. El golpeo de su palma sobre la pelota resonó hasta Oakland, hasta Indianapolis. El flashback todos lo evocamos. Lo que nadie previó fue el acto seguido. Tres segundos. Tres puntos y una parábola para los tiempos. Cuarto 'buzzer-beater' en playoffs, uno más que, quién más, Jordan. La comparación sigue y seguirá. Porque LeBron es eterno.