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NFL

Las porristas y sus ridículas reglas de comportamiento

New Orleans' cheerleaders

Bill Haber

AP Photo

Limitar su actividad en redes sociales, no hablar con los jugadores y hasta restricciones para usar joyas y pantalones deportivos, aparecen en los manuales de los equipos.
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Estados Unidos

Bailey Davis es una porrista que los Saints despidieron en enero. Eso no tendría nada de novedoso o relevante si las razones de su despido no fueran conocidas.

Los Saints dejaron sin trabajo a Davis porque la chica publicó una imagen en su cuenta de Instagram que el equipo consideró “inapropiada”. Ella respondió con una queja ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo y alega despido injustificado.

Bailey Davis no es la única porrista de la NFL que recibe un trato injusto, pues según un reportaje publicado por The New York Times, la mayoría de los equipos de la liga tiene un libro de reglas estrictas y anacrónicas para sus animadoras.

The New York Times tuvo acceso a siete manuales que diferentes equipos entregaron a sus animadoras, y entre otras cosas incluyen consejos de higiene personal, como técnicas de afeitado y el uso adecuado de tampones. En algunos casos, les prohíben usar pantalones deportivos en público.

Según el diario, las franquicias de la NFL tratan de establecer control sobre las porristas, al grado de “aconsejarles” cómo llevan sus vidas fuera del trabajo, y eso incluye limitar su actividad en redes sociales, las personas con las que eligen salir y socializar, y hasta restricciones para usar joyas y esmalte de uñas.

The New York Times cita algunos ejemplos específicos.

“Las porristas de los Carolina Panthers, conocidas como las ‘TopCats’, deben llegar al estadio los días de juego al menos cinco horas antes del inicio del partido. Deben cubrir sus piercings y tatuajes. Sólo pueden tomar agua cuando los Panthers están a la ofensiva. Las ‘TopCats’ deben abandonar el estadio para cambiarse a su atuendo personal”, cita el diario.

Algunos otros equipos, como los Baltimore Ravens o los Cincinnati Bengals, tienen un control de pesaje de sus porristas para que “mantengan su peso corporal ideal”.

“Algunas porristas deben pagar cientos de dólares por sus uniformes, pero se les paga poco más que el salario mínimo”, agrega el artículo. Otras aparecen en calendarios (regularmente en bikini) que ellas mismas deben vender, y en eventos de caridad o torneos de golf, pero no reciben un paga extra por estas actividades.

A diferencia de los jugadores, que están sindicalizados a través de la Asociación de Jugadores de la NFL, las porristas son trabajadoras eventuales con pocos beneficios.

Pero lo que sí hay para ellas son multas. Según el manual de los Raiders, las porristas deben pagar 10 dólares si llevan los pompones incorrectos a sus prácticas, o si sus botas no están limpias el día del juego. Si olvidaron alguna parte de su uniforme se les descuenta hasta un día de sueldo.

Y si se quejan, los equipos les recuerdan que son “fácilmente reemplazables”.

“La intención [de los equipos] es controlar por completo el comportamiento de las mujeres, incluso cuando no están en su lugar de trabajo”, dijo la abogada Leslie Levy a The New York Times. Levy, quien representó a porristas que demandaron a los Jets y los Oakland Raiders, agregó: “Es un problema de poder. Hay un trato diferente entre las porristas, las mascotas y cualquier otra persona que trabaja para el equipo”.

Por supuesto, también hay reglas con respecto a los jugadores.

Las animadoras tienen prohibido socializar con los jugadores: no pueden hablar con ellos, pedirles autógrafos o seguirlos en redes sociales y deben bloquear a los jugadores que las siguen.

Es más, algunos equipos, como los 49ers, les piden que nunca digan que están asociadas con el equipo.

“La queja [de Bailey Davis] llega en un momento en que la NFL se ocupa de cuestiones de violencia doméstica y acoso sexual entre jugadores y empleados de la liga, y cuando los problemas de igualdad de género se enfrentan a un escrutinio sin precedentes en casi todos los rincones del país”, apunta The New York Times.

Los Chicago Bears, New York Giants y Pittsburgh Steelers no tienen porristas.