SEVILLA 2-5 ATLÉTICO

Griezmann quiere esta Liga

Muy superior ante un Sevilla noqueado. El golpe lo dio Costa, al robar un balón a Banega. Griezmann, hat-trick, uno de penalti, y asistencia a Koke. Sarabia y Nolito maquillaron.

Madrid
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Griezmann quiere esta Liga
Aitor Alcalde Getty Images

Había aprendido Simeone de la Copa y no se dejaría derribar por los mismos golpes. Allá donde Montella hizo daño hace un mes ahora tenía escudos. Oblak el primero. Porque no era el segundo 28 cuando el Sevilla se presentó por primera en su área pero casi. Minuto 2 y Murial que se cuela entre los centrales rojiblancos y dispara solo, mano a mano, ante el portero rojiblanco. San Jan de pronto se hizo gigante. Sacó manos, cuerpo y manopla, repelió el balon. El rechace de Correa, lo vio irse fuera. En su portería no dejaría pasar ni a su madre. La de Rico la llenó de agujeros Simeone. Sólo necesitó tres cosas: un robo, magia y un milagro.

Y eso que en los primeros primeros, el Sevilla no dejaría de llamar a la puerta. Nzonzi, siempre solo, tenía tiempo para pensar y preparar, y el partido sólo tenía una dirección: la que corrían las botas del Sevilla. Alegre y con ganas, no dejaba de lanzarse hacia la portería del esloveno. Con cuatro centrocampistas, el Atleti era incapaz de tener el balón. Entonces se escuchó un clac casi imperceptible que cambiaría el partido para siempre. Sonó en el gemelo de Navas, aquel que Montella probó en el lateral por primera vez en el Atleti y que, desde entonces no había descansado. Banega pidió el cambio. Montella jugaba contra dos rivales. Simeone y la fatiga. El último le había marcado un gol cuando mejor estaba. El primero sólo tardaría un poco más. Layún, frío, salió para ser Navas. Los centrocampistas del Atleti ya se habían presentado al balón. Thomas, junto a Gabi, no dejaría de crecer a su alrededor. 

Entonces, entre los rebotes y balones en largo, apareció él. Primero él es un sonido, dos pies golpeando el suelo del Nervión con la fuerza de un ejército. Él es una figura que corre hacia la portería contraria e intenta rebasar a Mercado como si fuese un semáforo en verde; a Lenglet lo arrolló, amarilla. Él es ese cruce de miradas entre Rico y Banega. Saca el portero, al centrocampista, entonces el miedo sacude al Pizjuán. Porque entonces aparece él, para robarle el balón al argentino según lo recibe, sin revisar su espalda, sin sentir sobre ella el aliento de la Bestia, y reencontrarse con el gol. Se levanta y pasea su dedo por su nombre a la espalda en la camiseta. Die-go-Cos-ta. Por si al Pizjuán, en sus años de ausencia, se le hubiese olvidado.

Al descanso el Atleti había desmadejado a ese Sevilla que salió imponente. Primero hirió La Bestia, después, El Artista. Porque Griezmann se sacó un pincel de la bota justo cuando la primera parte moría. El francés se vistió de Messi y se inventó un gol al borde del área, con la pierna derecha, su mala, ja, y entre tres envió el balón a la escuadra contraria. Simeone se fue al descanso amarrado a la diestra del francés. Cresta al viento, sus manos bailando, como si fuesen una guitarra. Qué pareja tiene el Cholo. Costiezmann.

Espectáculo Griezmann

Acababa de regresar el partido del descanso cuando La Bestia obró el milagro. Le arrolló Rico, en su área, y entonces, un silbato, del árbitro. Penalti. Al Atleti hasta le sonó raro: hacía 30 partidos que no lo escuchaba. No lo desaprovechó Griezmann, por cierto. Gol. El tercero.

Y habría un cuarto. Porque ya se sabe que "aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo" y la defensa del Sevilla, deshecha, se estremecía cada vez que sentía correr cerca a un rojiblanco. Griezmann les robó otra pelota y asistió de tacón para el gol de Koke. Una jugada después un balón en largo de Oblak, dos toques después, lo enviaba Griezmann a la madera. Justo después Simeone miraba a su banquillo para recrearse en su venganza. Una cuarta palabra le pondría. Ex. Vitolo y Gameiro al campo mientras el Pizjuán silbaba, rugía y Griezmann se pedía un último balón. Se lo pondría Saúl, para el hat-trick. El honor del Sevilla lo pondría Sarabia, a cinco minutos del final. Un gol que no maquillaba nada. Tampoco el que haría cinco minutos después Nolito, ante un desconocido Oblak, que derribó a Sarabia en el área. Fue penalti. No se pitó. Una mancha los minutos finales. El Atleti se había desconectado ya. Mirando al Lega, mirando al Camp Nou. Vuela alto sobre esa capa. Conduce Griezmann. Atrona la música del rapero Drake, en el baile de sus manos.