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El mérito de Asensio y la gestión de la contrariedad

Le preguntaron recientemente a Guardiola por las claves para progresar en la Copa de Europa y su primera respuesta fue de orden mental. “Lo más importante es gestionar con eficacia los momentos de frustración que inevitablemente se producen en las eliminatorias”, declaró el técnico del Manchester City. Es la característica que definió la victoria del Real Madrid sobre el París Saint Germain. Pocas veces se ha manifestado con tanta claridad la distancia entre un equipo que disputa la Copa de Europa como si le perteneciera por derecho y otro que no logra evitar su inseguridad.

El gol de Rabiot en el primer tiempo colocó al Real Madrid en una situación extremadamente delicada. Parecía que estaba a punto de tirar la temporada por el sumidero. Durante unos minutos aflojó. Sintió el golpe, pero mantuvo el tipo. Tiene historia, tiene palmarés, tiene jugadores de primer nivel, sabe moverse en la adversidad. Más que ganar el partido, que también, esperó a que el París Saint Germain cometiera los errores típicos de un equipo ansioso y sin verdadera estructura.

El Real Madrid gestionó sus momentos de frustración y el PSG administró muy mal la ventaja y la contrariedad. Pecó de novato a través de Lo Celso, su futbolista menos curtido, y se estrelló cuando Emery tomó decisiones tácticas que invitaron a pensar en el miedo. Nada fue más significativo que el cambio de Cavani por Meunier, un lateral derecho por el máximo goleador del equipo, con un problema añadido: Asensio destrozó la prudente idea de Emery. Ni Meunier, ni Alves, pudieron detener al fenomenal delantero del Madrid.

La elección de Lo Celso, un joven mediapunta con talento pero sin el conocimiento de las obligaciones del típico medio centro, dejó fuera del equipo a Di María, un futbolista perfecto para esta clase de partidos. En un equipo construido por sus dueños como una colección de estrellas, el entrenador prefirió una decisión poco mercantil que también resultó inconveniente desde el lado estrictamente futbolístico.

Ausencia. Lo Celso se enredó demasiadas veces y Di María no disputó ni un solo minuto del encuentro, sospechosa ausencia que benefició claramente al Real Madrid y que será tan difícil de digerir por Emery como el cambio de Cavani. Es lo que faltaba para añadir más crispación al convulso vestuario del PSG y la delicada posición de Emery, expuesto a una crítica sangrante por parte de la prensa francesa.

Al contrario que el Real Madrid, el PSG gestionó mal la frustración y pagó un precio que le deja casi en la lona. El Madrid no impresionó por su fútbol y flaqueó en ocasiones, pero rebuscó en el cajón de soluciones y terminó por encontrarlas. La respuesta definitiva fue Asensio, decisivo en los últimos 10 minutos del encuentro.

Pocos jugadores tan jóvenes son capaces de funcionar con tanta autoridad en los partidos de mayor trascendencia. Lo demostró en la anterior edición de la Copa de Europa, especialmente frente al Bayern, y lo reiteró ante el PSG, en una noche de máxima exigencia para el equipo.

Asensio merece el crédito que no termina de recibir. No se le tiene por figura, pero acostumbra a resolver muchos de los problemas que no solucionan las estrellas. Fue una de las principales víctimas de la crisis, desapareció del equipo titular en la Liga para añadirse al muy suplente que se hundió en la Copa del Rey, y en ocasiones ha dado la impresión de jugador desanimado. Asensio tiene todas las condiciones para erigirse en uno de los futbolistas más importantes del Real Madrid. Sería un grave error condenarle al papel de infeliz meritorio que le ha correspondido esta temporada.

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