Dos ceremonias de premiación, dos medallas de oro y un escándalo sin parangón

HISTORIAS DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO

Dos ceremonias de premiación, dos medallas de oro y un escándalo sin parangón

Dos ceremonias de premiación, dos medallas de oro y un escándalo sin parangón

La pareja de Canadá Jamie Salé-David Pelletier y la rusa Elena Berezhnaya-Anton Sikharulidze compartieron medalla de oro en los Juegos de Salt Lake City.

Estados Unidos

Las historias de conspiraciones rusas, características de la Guerra Fría, han reverdecido en los últimos días. Los frentes han instalado al mundo en una atmósfera digna de la década de los 60: la investigación sobre el gobierno de Donald Trump por colusión con la Rusia de Putin durante el proceso electoral de 2016, la invasión de la franja oriental de Ucrania y la posterior anexión de la península de Crimea al Estado ruso, el esquema de doping de Estado durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi 2014. Antes de ello, de doctores arrepentidos, frascos violados y la furia de Putin, sucedió el complot de Salt Lake City. Dos parejas, dos ceremonias de premiación, dos medallas de oro y una sesión de arrepentimiento y confesión de diván en un hotel de lujo. 

2002. Salt Lake City. Delta Center. 11 de febrero. El programa largo del patinaje artístico de pareja. Elena Berezhnaya y Anton Sikharulidze, de Rusia, interpretaron "Meditation" de Jules Massenet. Un baile cadencioso, sin aspavientos, sin la emotividad que confiere el cobijo social, un dance académica en hostilidad. No obstante, bellísimo. Después, aparecieron sobre el hielo Jamie Salé y David Pelletier, canadienses. Su rutina, sonorizada por el 'Love Story' de Francis Lai fue un sobrecogedor ejercicio estético. Dos cuerpos que hacían suyo el espacio y el tiempo, que desgajaban el aire y circulaban por el hielo con la gracia de dos pétalos arrastrados por la suave brisa. El publicó les aclamó con su último aliento. Los jueces dictaron sentencia. Cinco vieron como ganadores a Berezhnaya y Sikharulidze. Cuatro optaron por Jamie Salé y David Pelletier. Las calificaciones rondaron del 5.7 al 5.9. Salé no pudo contener las lágrimas al revisar las puntuaciones. La desilusión reinó en sus ojos. El oro, pese a los amagos de rebelión en las gradas del Delta Center, terminó en los cuellos de Berezhnaya y Sikharulidze. 

El día siguiente se descorchó el escándalo. ABC, NBC y USA Today, en sus editoriales, emitieron sus sospechas. Acosado por la presión mediática, Sally Stapleford, alto cargo de la Unión Internacional de Patinaje (ISU, por sus siglas en inglés), acudió al hotel donde se alojaban los oficiales, ubicado en el centro de Salt Lake City, y confrontó directamente a la principal señalada: la francesa Marie-Reine Le Gougne. El Washington Post reportó que, durante el encuentro, Le Gougne sufrió un colapso emocional y reveló la trama: el presidente de la Federación Francesa de Deportes sobre Hielo, Didier Gailhaguet, la presionó para votar a favor de la pareja rusa, a cambio de que la jueza Marina Sanaya devuelva el favor hacia el dúo galo para la competencia de danza. El referee oficial del evento, Ron Pfenning, dio parte de las confesiones a la ISU y al Comité Olímpico Internacional. Ambos organismos anunciaron una "investigación interna" para deslindar y/o confirmar responsabilidades. El escándalo ya era imparable. 

El 15 de febrero, cuatro días después de la competencia, Ottavio Cinquanta, presidente de la ISU, y Jacques Rogges, su contraparte en el Comité Olímpico Internacional, anunciaron en conferencia de prensa que Jamie Salé y David Pelletier serán condecorados con la medalla de oro y que Berezhnaya y Sikharulidze no perderán la suya, toda vez que no pudo probarse su participación directa o indirecta en la trama. En la víspera, el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, dedicó palabras a la controversia: "Creo que lo correcto es otorgar dos medallas de oro para los patinadores"Además, confirmaron la suspensión de tres años a Le Gougne, quien nunca volvió a su rol de jueza y, en cambio, buscó la presidencia de la Federación Francesa en dos ocasiones, sin éxito. Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos invernales, se repitió la ceremonia de premiación de una misma competencia. La postal surrealista, ante un Delta Center en delirio, en reverencia y glorificación Jamie Salé y David Pelletier, terminó con ambas parejas a la misma altura del podio, sonrientes, lágrimas sobre el hielo y cuatro oros que colgaban de cuatro cuellos. 

Rusia reaccionó con retórica made-in-Guerra Fría. Valentin Piseyev, cabeza de la Federación Patinaje Artístico de su país, proclamó un complot orquestado por los medios estadounidenses con motivos políticos: “Es una decisión sin precedentes que resultó de la presión ejercida por la prensa norteamericana, que terminó favoreciendo a los fanáticamente leales". En 2008, el oligarca Alimzhan Tokhtakhounov fue detenido en Italia. Tokhtakhounov estaba acusado por nexos con la mafia, lavado de dinero y las investigaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos apuntaban a que él era el autor intelectual del contubernio. A saber. La Guerra Fría, 14 años después de concluida, no solo existía aún, sino que también había danzado sobre el hielo olímpico. 

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