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El Real Madrid en el mercado invernal: 5 fichajes para olvidar...

REAL MADRID

El Real Madrid en el mercado invernal: 5 fichajes para olvidar...

Cierra el mercado de invierno y el Madrid no acudió a él. No es de extrañar, a tenor de las malas experiencias del pasado...

Madrid

El mercado de invierno cierra esta noche a las 23:59:59. En cuanto sean las 00:00 horas del día 1 de febrero ya no se podrán inscribir jugadores. El Madrid, un año más, no acudirá al mismo, y no es de extrañar viendo algunas experiencias que ha tenido en el pasado. No todo fue malo, jugadores como Marcelo o Higuaín llegaron en enero y han hecho carrera de blanco o han dejado buenas cantidades en caja con sus traspasos. Pero son más nutridos los casos decepcionantes. Repasamos cinco de ellos.

1. Gravesen: un Ogro para reforzar la media

Mediada la temporada 2004-05, el Madrid andaba segundo en la tabla, a siete puntos del Barcelona de Ronaldinho y Etoo, dentro de una espiral peligrosa. Tres técnicos habían pasado por el banquillo (Camacho, García Remón y Luxemburgo) y el equipo no encontraba la solidez defensiva necesaria. Algunos culpaban a un centro del campo (Beckham, Figo, Zidane, Raúl...) poco solidario y por ello el Madrid buscó en el mercado músculo. Lo encontró en Thomas Gravesen, medio danés del Everton por el que el club pagó 3,4 millones de euros. Su aspecto (fuerte, sin pelo, muy expresivo) su forma de jugar al límite del reglamento y su temperamento le habían granjeado varios sobrenombres: El Ogro, Shrek... Recordada es su pelea con Robinho en un entrenamiento, así como la pata que le propinó a Cassano en otro ensayo. Le dio cierto empaque al equipo blanco, pero el salto de calidad que había entre él y Zidane, su compañero de medular, era demasiado evidente. Para el recuerdo quedó aquel reportaje de Deportes Cuatro sobre "La Gravesinha", un regate del danés aprovechando que se caía ante el Sevilla. Estuvo en el Madrid una temporada y media, jugando 49 partidos y marcando un gol. No levantó ningún título de blanco.

Gravesen, en el Real Madrid.

2. Cassano: más cruasanes que goles

En el invierno de la 2005-06, el Madrid tenía que recurrir de nuevo al mercado de invierno ante la ausencia de resultados: era cuarto en Liga, a 13 puntos del Barcelona, y sufría un evidente problema de gol. Ronaldo acabó aquel curso como máximo artillero del equipo... con sólo 15 tantos. Sólo Robinho (12 goles en su primer curso en España) estaba cumpliendo con las expectativas. Florentino buscó gol en el mercado y firmó a Cassano desde el Roma a cambio de 5,5 millones de euros. Un precio interesante por un delantero apodado Talentino en Italia debido a sus enormes condiciones técnicas. Pero había truco: Cassano llegó pasado de peso y nunca llegó a estar en plentiud física. De ahí, probablemente, su rendimiento: sólo jugó 29 partidos en el año y medio que estuvo en el Madrid, marcando apenas cuatro goles. Años más tarde, reveló en su autobiografía el estilo de vida que llevaba en Madrid: "A menudo jugué partidos tras haber hecho el amor. Tenía un amigo camarero. Su misión era llevarme tres o cuatro cruasanes tras haber realizado el amor. Me los llevaba a la escalera, yo acompañaba a la chica y hacíamos el cambio: él se llevaba a la 'tipa' y yo me hinchaba de cruasanes. Sexo y comida, la noche perfecta". Al menos ganó una Liga con el Madrid, la de la temporada 2006-07.

Cassano, en el Real Madrid.

3. Gago: el nuevo Redondo... o no

Al invierno siguiente, otra vez el Madrid debía acudir al mercado de invierno para paliar su situación: era tercero, a sólo un punto del Barcelona, líder, pero el equipo de Capello desprendía sensaciones preocupantes en el juego y el doble pivote Diarra-Emerson no cuajaba como debía. Llegaron tres jugadores ese mercado, todos desde el fútbol sudamericano: Marcelo, Higuaín y Gago. El último, desde Boca Juniors a cambio de la nada desdeñable cantidad de 20 millones de euros tras haber despuntado en el campeonato argentino durante 2006. Su posición, la de 5, su nacionalidad, argentino, y su aspecto, con el pelo largo, le granjearon el apodo de el nuevo Redondo. Pero pronto se vio que Gago estaba lejos de dar las prestaciones que ofreció en su día El Príncipe. Estuvo cuatro temporadas y media en el Madrid en las que ganó dos Ligas, una Copa y una Supercopa de España; jugó 121 partidos y marcó un gol.

Gago y Messi.

4. Huntelaar: pólvora poco usada y malvendida

El mejor Barcelona de la historia, el de Pep Guardiola en la temporada 2008-09, era primero tras acabar la primera vuelta, a 12 puntos de distancia del Real Madrid. Ramón Calderón, presidente blanco entonces, quiso darle un golpe de timón a la temporada firmando a tres jugadores: Lass, Faubert (del que hablaremos acto seguido) y Huntelaar. El goleador holandés llegaba con excelentes referencias desde el Ajax de Ámsterdam y sus números no fueron malos: ocho goles en 20 partidos y 1.122 minutos, uno cada 140 minutos. No pudo jugar la Champions porque tanto él como Lass habían jugado la Copa de la UEFA y en aquel momento el reglamento prohibía que disputasen torneo europeo con otro equipo en una misma campaña; un fallo que ridiculizó al Real Madrid ante todo el Viejo Continente. Juande Ramos, técnico blanco tras el cese de Schuster, eligió a Lass para la Champions (en la que el Liverpool arrasó 0-1 y 4-0 en octavos). Y el verano siguiente llegó Florentino con un nuevo proyecto que incluía a Cristiano, Benzema, Kaká, Xabi Alonso... Para compensar el gasto, se quiso hacer caja con varios jugadores y salieron Robben, Sneijder y el propio Huntelaar, entre otros. Fue traspasado al Milán, donde tampoco cuajó, pero de allí pasó Schalke y ahí sí logró brillar, marcando 126 goles.

Huntelaar.

5. Faubert: siestas en el banquillo

Al mismo tiempo que Huntelaar aterrizó Faubert, extremo francés desconocido para el gran público. Vino del West Ham cedido hasta final de temporada a cambio de un millón y medio. El Madrid peinó el mercado inglés y su elegido fue Antonio Valencia, del Wigan (a la postre en el United), pero le pedían 30 millones y se consideró un precio demasiado alto. En su lugar, incorporó a Faubert, que dejó una huella casi imperceptible: 54 minutos en dos partidos. Lo más recordado que dejó fue su imagen durmiendo en el banquillo mientras se jugaba un partido. Normal que, finalizada su cesión, nadie reclamase que el Madrid estudiase su fichaje.

Faubert, dormido en le banquillo.

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