Surfeando en el abismo de la Copa

El abismo es un territorio sobre el que surfea con chulería vascuence Asier Garitano. Allá donde otros otean con pavor al precipicio, él se lanza sin rilar, sujeto al arnés de sus convicciones y de un hambre voraz que siempre le hacen caer de pie. Será que lleva tanto tiempo en Madrid (aunque sea en la provincia, no en la capital) que se ha transformado en gato. El caso es que los retos le excitan. El de la Copa le provoca una erección competitiva de órdago. No es lo habitual.

Este torneo teledirigido para que los grandes se luzcan suele afrontarse por los modestos como una pérdida de todo: energías, tiempo lesionados e incluso dinero si por el camino no te toca el gigante de turno. Pero Garitano navega contracorriente. “La Copa nos hace crecer”, sentenció el lunes. ¿Y el cansancio? “Es diferente eso de jugar miércoles-domingo. Así aprendemos algo nuevo”, regateó. Antes ya se había pedido al Lleida para octavos porque era el más asequible para acceder a cuartos. No hay duda: a Asier le pone la Copa. Y con él, a su camada de feligreses, toda una afición pepinera que, imbuida del optimismo de un lustro de machadas, ansía vengarse hoy del Villarreal por aquel doloroso 2-1 del curso pasado y, así, pedir otra ronda con la que seguir surfeando en el bello abismo de la Copa.