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El Madrid persiste en su molicie sabática

El Madrid persiste en su molicie sabática

Algo en el juego del Real Madrid invita a pensar en un periodo sabático. El equipo ha perdido vigor, entusiasmo y cohesión, una deriva inesperada después del merecido doblete de la temporada anterior. Aquel Madrid se evaporó después de dos partidos sensacionales frente al Barça, anticipo de lo que no ha ocurrido. Preparado para imponer su hegemonía en España y en Europa, el equipo comenzó a responder de forma tan negativa que tardó casi un mes y medio en ganar su primer partido de Liga en el Bernabéu. Lejos de empujar al Madrid al liderazgo del fútbol mundial, aquella Supercopa sació su apetito.

El Real Madrid figura a 14 puntos del Barça en la Liga, con un partido menos, y se ha clasificado en el segundo puesto de su grupo en la Liga de Campeones, después de empatar con el Tottenham Hotspur –sexto en la Premier League- en el Bernabéu y perder en Wembley, un déficit que le coloca ante un desafío de primer orden: eliminar al París Saint Germain en los octavos de final. Por el camino, el Madrid no ha logrado la victoria contra el Barça, Atlético de Madrid y Valencia, los tres primeros del campeonato.

La derrota con el Barça es una de las más relevantes de los últimos años, por el grosor del resultado (0-3), por la importancia del momento –el resultado limita gravemente las posibilidades de remontar en la segunda vuelta- y por la perplejidad que generó el partido. El equipo que arrolló en la Supercopa fue un juguete para el Barça en el segundo tiempo. Pocas veces se ha visto un giro tan radical en el juego y en la respuesta competitiva del Madrid. La hinchada salió en silencio del Bernabéu menos por indulgencia con el desempeño del equipo que por el recuerdo de los títulos obtenidos anteriormente. La mirada de los aficionados será infinitamente más crítica a partir de ahora.

Uno de los aspectos más imprevistos del curso actual es la brecha entre titulares y suplentes. Zidane, que el pasado año trazó el círculo perfecto en una plantilla donde los titulares jugaban bien y los suplentes mejor, no ha conseguido generar el mismo efecto esta temporada. Los titulares se sienten muy titulares, en muchos casos sin razón alguna, y los suplentes comienzan a aceptarse como secundarios. El partido de Soria dijo bastante de esta situación. El Madrid ganó con una engañosa rotundidad al Numancia, que jugó con 10 durante media hora y sólo concedió dos goles de ultimísima hora.

Era un buen momento para establecer los propósitos del nuevo año. No se vieron por ninguna parte, o no fueron diferentes a los que el Madrid mostró en la eliminatoria anterior, frente al Fuenlabrada. Fue un equipo mal sintonizado, pendiente de las soluciones individuales, con déficits en todas las líneas. Carvajal, que es un titularísimo, fue el mejor del Madrid. Es un jugador sin dudas, al contrario que la mayoría de los que jugaron en Soria.

La situación más preocupante corresponde a Isco y Asensio, dos jugadores que combatieron hasta la extenuación en la anterior temporadas, dos suplentes que hicieron todos los méritos del mundo por alcanzar la titularidad. Isco lo consiguió de manera tan radical que se convirtió en figura a escala mundial. Durante gran parte de la primera vuelta ha sido el mejor futbolista del Madrid, a veces con un exceso de compromiso. Isco, que no jugó un minuto contra el Barça, disputó los 15 últimos minutos del encuentro frente al Numancia. Si no ha vuelto a su condición anterior de meritorio, lo parece.

Asensio fue una de las grandes noticias en el Madrid en 2016-2017. Su tremendo talento no pasó inadvertido para la hinchada, que le convirtió en uno de sus favoritos. Cuando se habla de la impresionante ráfaga de goles de Cristiano en la semifinal y final de la Copa de Europa, se olvida que Asensio marcó en la vuelta frente al Bayern en el Bernabéu y en la final de Cardiff contra la Juve. En los dos partidos, fue suplente. Dos meses después, marcó dos goles memorables al Barça en la Supercopa. Pocas veces se ha visto un jugador con un techo más alto a su alcance. Sin embargo, su situación es preocupante. Lejos de acreditarle como titular, sus méritos le han conducido a una suplencia irremediable. Hasta en su gesto se advierte la desilusión.

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