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Karembeu: "El Barça ponía más y más dinero, pero mi palabra fue para el Real Madrid"

ASTV

BARCELONA

Karembeu: "El Barça ponía más y más dinero, pero mi palabra fue para el Real Madrid"

El ex internacional francés recuerda en una amplia entrevista para AS el duelo de los dos grandes por conseguir su fichaje y pasa lista a la actualidad del fútbol mundial.

Enviado especial a Atenas

Christian Karembeu (3-12-1970, Lifou, Nueva Caledonia) es consejero de Evangelos Marinakis, presidente del Olympiacos, rival del Barça en la Champions. Karembeau concedió una extensa entrevista a AS en la que habló de sus memorias en el Madrid, club que ganó al Barça la batalla de su fichaje, del presente y de muchos nombres propios: Zidane, Benzema, Mbappe, Dembélé, Umtiti…

-Ya que juega contra el Barça y que han pasado 20 años de aquella guerra Barça-Madrid por su fichaje, podrá contar algo más. La historia ya ha prescrito…

-Jaja. Guau. Fue algo caótico. Yo era jugador de la Sampdoria y me fui a la Eurocopa de Inglaterra (1996). Allí jugué como titular de la selección de forma regular. Un día recibí una llamada de alguien que me dijo: ¿te gustaría jugar en el Madrid? Me estaba hablando en español.

-¿Quién era?

-El señor Onieva (entonces vicepresidente del Madrid) se puso al teléfono y me dijo: acaba de hablar usted con el señor Lorenzo Sanz. Con Onieva hablaba en francés. Pero cuando se había puesto el señor Sanz al teléfono no sabía si era verdad o era una broma. Cuando comprobé que era verdad, dije. ¿Es usted el señor Sanz? Si usted quiere que fiche por el Real Madrid, voy a fichar por el Madrid. Me dijeron que tendría que firmar algo y le dije no. Tiene mi palabra. Yo iré al Madrid.

-¿ Y qué pasó?

-Ahí empezó algo..., no sé. Algo que no podía controlar. Veía mi nombre todos los días en los periódicos, en todos los periódicos. Entonces llamé al señor Mantovani, presidente del Sampdoria. Le fui sincero. Le dije que había tenido una llamada de Lorenzo Sanz y le dije que por favor se viera con Lorenzo Sanz. Allí empezó el caos, no sé por qué. Había mucha presión.

-Acaba la Eurocopa…, ¿qué pasó?

-Volví a Génova y había millones de periodistas allí. Y yo me preguntaba qué hacía toda esa gente allí. “¿Todo esto es para mí?”, pensaba. Sólo tenía la llamada del Madrid para entonces pero un periodista se acercó a mí y me preguntó: ¿vas a venir a Barcelona? Me sorprendí. ¿A Barcelona? Pienso que Enrico Mantovani me quería vender al Barcelona. Le expuse la situación, yo quería ir al Madrid, pero tengo que admitir que después de eso el señor Mantovani forzó una reunión con los dirigentes del Barça. Fui. Lo hice encantado pero con todo el respeto del mundo le dije al Barça: le he dado mi palabra al señor Sanz, deben respetarla.

-¿Con quién se vio del Barça?

-Con Antoni Pagés y Joan Gaspart. A Núñez no lo vi. Para mí fue la primera vez que dos grandes clubes me querían.

-¿Le superó aquello?

-Yo allí no me daba cuenta del negocia que rodeaba el fútbol, de la expectación. Sólo quería jugar. No quería ser un producto, una mercancía. Allí empecé a tener la conciencia de que los futbolistas somos mercancía. Y me dije: tengo que tener cuidado porque yo tengo unas raíces, unos valores. Y no puedo salirme de la línea de los valores de mi pueblo. Llegaron muchas veces del Barça y me ofrecieron mucho dinero. Y les dije que no quería ir.

-Lo pasó mal…

-La Sampdoria no me quería dejar jugar. Perdí seis meses de trabajo, con el riesgo de que podía perderme el Mundial de Francia. No me dejaron ni entrenar con el primer equipo, temía que entrenarme solo. Fui al Tribunal Italiano pero tuve que esperar. Entrenarme solo, trabajar más para mantener el nivel. Ahí me ayudaron mucho las cartas que recibí de los madridistas. ¡Aún había cartas! Para mí fue una historia inolvidable. Y no sé qué pasó. Dios o alguien...

-¿Y cómo recuerda la luz verde definitiva a su fichaje?

-Fue mágico. Cuando escuché la voz del señor Sanz, algo se iluminó en mi mente. En ningún momento pensé en el dinero. Cuando me llamó Lorenzo Sanz me dije, ya está, me voy al Madrid. Sabía que en una institución con el Madrid podía ganar. Tenía la intuición de que iba a ser campeón y ganar títulos. El Barça estuvo dos o tres veces más en casa de Mantovani para ofrecerme más y más dinero. Yo les dije: no es el dinero lo que quiero.

-¿Volvió a ver a señor Gaspart?

-¡Sí! Lo vi muchas veces. Siempre le di un abrazo. Le tengo mucho respeto. Pero no quería cambiar de idea. Había elegido mi camino.

-¿Los valores aprendidos en sus orígenes de Nueva Caledonia fueron fundamentales para tomar esa decisión?

-Sí. De mi pueblo. Es una mochila que llevo siempre conmigo.

-Vivió tres años maravillosos… Lo ganaron todo

-Siento que estaba predestinado a eso. Raúl, Morientes, Hierro, Mijatovic, Panucci, Illgner... Éramos un gran equipo.

-Se habló del Madrid de las vedettes pero eran años muy buenos de relación entre ustedes en el vestuario.

-Teníamos talentos, a veces con ego. Pero mucho respeto. Éramos ganadores y activamos de nuevo el madridismo. Después de Di Stéfano y Puskas, habíamos tenido en el Madrid sólo la Quinta del Buitre. La llegada de Capello fue clave. Cambió la mentalidad. Él hizo los fichajes. Luego Heynckes dio otro empujón. Con Jupp todo fue agradable porque él quería que fuéramos felices.  Compartimos cenas, fiestas. Cuando ganábamos un partido, necesitábamos estar juntos y crear un espíritu de ganador.

-¿Todavía le recuerdan los madridistas los goles que marcó a Leverkusen y Dortmund?

-Sí, muchos. ¡Barcelonistas también! (risas) Yendo a Barcelona me pararon varios en el avión para hacerme fotos. Aún me reconocen. Por mi pelo, seguro.

-¿Cuántas veces ha visto su famoso punterazo al Bayer Leverkusen?

-No lo he visto nunca. ¿Había vídeo entonces? (risas). No he visto nada de los partidos de Dortmund y Leverkusen. Cuando salía del campo, era una persona normal. Yo llegaba a mi casa y no sabían si había ganado o había perdido. No me gustaba hablar de cómo había sido el partido, no me gustaba verlo. Eso sí, un día antes siempre veía vídeos de mis rivales para saber cuáles eran sus habilidades. Creo que esa era un valor que tenía porque me permitía aprender.

-Antes de la final de Amsterdam hubo una crisis que solucionar. Parecía que Heynckes no iba a llegar a dirigir esa final ¿Recuerda aquellos días?

-Había egos, cierto, pero fue vital unirse porque el favorito era la Juventus como había pasado con el Dortmund. Supimos dar más de nosotros. Cada vez que pasábamos una ronda nos sentíamos más fuertes. Escribimos la historia con la Séptima y eso fue importante para el club y creo que eso abrió la puerta a los títulos. Hubo un agujero de 32 años. Pusimos una semilla, eso es, una semilla este Madrid.

-Cuando tiene que acordarse de esa final de Amsterdam, ¿qué es lo primero que le viene a la cabeza?

-Todo (se le iluminan los ojos). Siempre pienso en el gol de Pedja. El gol fue salvador. Nosotros sabíamos que en defensa estábamos muy bien. Con Hierro, Sanchís, Panucci, Roberto Carlos, Redondo y yo, teníamos para aguantar lo que fuera. No nos harían gol. La clave era como contra el Dortmund. Hacer un gol. Cada ronda que pasábamos teníamos la intuición de que podíamos ganar.

-¿Dónde estaba cuando marcó Mijatovic?

-Estaba siguiendo el juego en el centro del campo. Cuando le vi haciendo el regate supe que marcaba seguro. Me fui a seguirle mientras corría a dedicárselo a Fernando Sanz. Si ves la imagen, se me ve detrás de él. Y todos. Cada gol, el Madrid era una piña Se vio que éramos todos uno. Sabíamos que estábamos haciendo algo grande.

-¿Se considera un tipo con estrella? Ganó todo lo que puede ganar un futbolista en un año.

-Simplemente, fui una parte de eso.

-Luego ganó el Mundial. Se recuerda aquel equipo campeón de Francia. Por su fútbol pero también por conflictos, incluso raciales. ¿Cómo lo recuerda?

-Cuando hablamos de Francia o de un país que fue imperio colonial, hay ciudadanos de todo tipo de cultura y diversidad. Ese es el valor del deporte. La inclusión y la integración. El fútbol es una herramienta. En Francia sabemos que hay nacionalismo, como en muchos sitios, pero había que educar a la gente y demostrarle que éramos franceses y seres humanos. Eso sí, para que terminásemos de ser integrados, teníamos que ganar títulos. Si no, ya salían los prejuicios. Sólo las victorias cambian cosas. Cuando ganamos el Mundial, Francia se identificó con este grupo. ¡Ah¡ Franceses de África, de las islas, de Europa. Esa es la riqueza de un país.

-Habla de igualdad.

-Lo que hay que entender es que cuando una persona llega desde fuera, viene para trabajar. No se le puede marginar de la actividad económica, social y política de un país. Es un actor más. Y el deporte es igual. Ahora soy embajador de LaLiga y estoy orgulloso de promover LaLiga fuera de España. Hubo un jefe de un partido (Le Pen) que declaró que éramos africanos, negros. Él ni sabía que yo era de una isla francesa. La historia es el movimiento de los pueblos. Para sobrevivir, hay que moverse. Cuando España ganó la Eurocopa, ¿Marcos Senna era importante? Sí. Hubo momentos en que sólo los blancos jugaban al fútbol, las élites. Luego incluyeron a los nativos porque les daba un plus físico. Así alcanzamos la diversidad en el fútbol, pero no fue fácil. Hace poco estuve en Jordania con la Fundación de la UEFA para inaugurar un campo de césped artificial en un campo de refugiados. Para mí es mágico. Ver en las caras de los niños y niñas la felicidad por estrenar un césped. Y detrás de ese campo que estrenna sólo tienen desierto y guerra. Los refugiados están en el mismo planeta que nosotros. ¿Por qué decimos que son refugiados? Somos todos ciudadanos de la tierra. No sé por qué hay que poner denominaciones. Respiran el mismo aire. Necesitan movimiento. SI hay guerra o hambre tienen que moverse. ¿O usted no lo haría?

-En esa polémica y ganadora selección de 1998 coincide con Zidane. ¿Creía que iba a ser entrenador? Muchos decían que lo veían demasiado introvertido para eso…

-¡Sí! Él ya decía que quería ser entrenador. No sé cómo lo ven ustedes desde fuera pero Zidane hace bromas, ríe siempre y, qué puedo decir, en el trabajo es meticuloso. Él fue a estudiar a Limoges y luego con el Madrid ha estado en todos los departamentos: asistente, consejero de presidente, entrenador del filial... Hizo todo el camino en el Madrid. Cuando fue el momento justo de coger al equipo, él sabía lo que había dentro. Conocía el ambiente. Eso no ha pasado por arte de magia, él había hecho el camino. Y es un ganador. Con Zizou no se puede perder, no lo soporta. Inspira a la gente a ser mejor. Él es capaz de convertir a talentos en estrellas. Mejora a los jugadores y al equipo con su personalidad. No es fácil dirigir un vestuario de un club tan grande.

-¿Qué opinión tiene de lo que está pasando con Benzema en Francia?

-Sabemos que es uno de los mejores atacantes del mundo. Sé que Deschamps le cerró la puerta. No conocemos toda la historia. La justicia francesa no pone claras las cosas, no es transparente. Si mañana es transparente, está en la selección. Los políticos y los jueces tienen que ser transparentes para decir que es inocente porque no hay nada. En Francia existe la presunción de inocencia. Lo necesitamos. Es un gran jugador, pero decide el seleccionador. Como deportista es fenomenal. Y no sólo es Benzema, también es Valbuena.

-¿Cree que puede haber algo de prejuicio racial?

No. En esa plantilla hay de todo. Umtiti, Fekir, Payet, Griezmann. No, no. Por favor. No quiero pensar eso. Tenemos un equipo para ganar títulos pero hay que estar unidos. Fuimos finalistas de la Eurocopa pero en este equipo, excepto Benzema, faltan ganadores y con Karim puede cambiar el ambiente. Él ha ganado la Champions tres veces y eso es una riqueza. Nosotros en nuestra época teníamos a Illgner, que había sido campeón del mundo. En el campo necesitas ganadores pero respeto siempre al seleccionador. A mí me tocó estar seis meses sin jugar y Jaquet me llamó para decirme que si seguía así no podía llevarme. Espero que Deschamps hable con Benzema y todo se aclare.

-¿Le gustaría verlo en Rusia?

-Sí. Necesitamos victorias.

-¿Qué opinión tiene de Mbappé?

-Es muy joven. Las redes sociales han creado ya una estrella con él. Podría haber ido a cualquier equipo, pero quiso jugar en la liga que conoce.  No es fácil para un joven, muy joven como él, aunque este chaval ya es maduro. Yo tenía 25 años. Él tiene 19 cuando llega todo con un montón de dinero. Él tiene mucho talento y tiene que trabajar para ser lo que ven los que piensan que va a ser una estrella. Hay que ayudarle, no machacarle y tiene que saber que su trayectoria puede ser alta pero debe ser regular.

-Otro compatriota suyo es Dembélé. ¿Cree que la lesión pudo estar causada por el estrés al que estuvo sometido este verano antes de su fichaje?

-No sólo Dembélé. Mbappé también estuvo sin jugar. Su cabeza no estaba preparada y ni el Mónaco lo alineó. No jugar es un daño para el jugador, que tiene que sentirse vivo para estar físicamente bien. Seguramente la lesión de Dembélé estaba más en la cabeza. La expectación aquí era inmensa. Neymar se fue… y no es fácil venir por él. Dortmund y Barça son dos universos diferentes y dos culturas diferentes. Y el físico no se adaptó. Ojalá vuelva rápido. Espero que Valverde sepa educarle y hacer que destaque su talento. Porque lo tiene. Necesita tiempo. Pero esto como hemos hablado antes de los refugiados. Hay que saber quién es y hay que saber adaptarlo.

¿Le ha sorprendido lo bien que se ha adaptado Umtiti?

-Es un puro talento. Es muy discreto. No se habla de él pero es eficaz en el campo.

-Fernando Sanz, que está haciendo una labor clave en la expansión de LaLiga, le llamó a usted y a alguna ex estrella más para que fueran embajadores. ¿Cuál es el valor de nuestra competición que más orgulloso se siente en transmitir?

-Antes sólo se hablaba de la Premier. Ahora se habla de LaLiga. No sólo por el Clásico. Ahora saben quién es el Getafe. Creo que el señor Tebas ha desarrollado la marca de LaLiga con una visión tremenda implementando una marca primera. Además, los Balones de Oro juegan aquí: Cristiano o Messi.

-Llegados aquí y no le hemos preguntado por su aventura en Atenas. ¿Qué hace en Olympiacos? 

-Fui jugador allí. Jugué tres años y gané dos Ligas y hace cinco años, el presidente Evangelos Marinakis, me llamó diciéndome si quería trabajar con él. Nuestra estrategia es crear una academia, desarrollar nuestra cantera. Creo que tenemos materia prima. Acabamos de vender a Retsos al Bayer Leverkusen. Fíjese lo que es el fútbol. A mí no me gustaba ser un producto y ahora digo que tenemos productos… Es una palabra económica, lo sé. Hemos vendido Manolas, Mitroglou. Hace parte del negocio y es nuestra necesidad. Nos intentamos adelantar a las crisis económicas. No es fácil para nosotros pero luchamos. Este es nuestro desafío. Hay que ir renovando la estructura. Cuando hablamos de Grecia, hablamos de la Acrópolis, no de su fútbol. Cambiar eso es difícil. Queremos que sea atractiva pero es difícil vender una liga media a otro país. El objetivo del Olympiacos es globalizarse. Nosotros no somos una marca global como liga griega pero como club sí.  Tebas lo ha hecho bien. Trabajar juntos para hacerse fuerte.

-¿Qué equipo tiene Olympiacos?

-Tenemos un presupuesto de 65 millones de euros, muy bajo. No se puede comparar con los 700 u 800 del Barça, lo del Madrid. El nivel no es el mismo en todos los grados.

-¿Echa de menos el fútbol?

No. Jugué el tiempo suficiente. Empecé con 17 años y terminé 17 años después para equilibrar. Ahora me quito el mono con las leyendas del Real Madrid. Me gusta ir a los sitios para poder educar a la gente. Yo tuve mi momento. El fútbol me ha dado de comer y yo le tengo que devolver algo en educación, respeto a las canteras.

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