Denver Broncos

A los Broncos les está hundiendo la carrera, no el QB

Trevor Siemian está cumpliendo su papel de quarterback rookie con notable en Denver. Son las yardas terrestres las que están matando al equipo.

A los Broncos les está hundiendo la carrera, no el QB
Wesley Hitt AFP

Los Denver Broncos son los actuales campeones de la NFL. Consiguieron el anillo con Peyton Manning como quarterback titular. Ahora tienen a un rookie (ya sé que es de segundo año pero, a todos los efectos, le considero un novato esta temporada) en el puesto, Trevor Siemian, y van 8-5 y con serias dudas de que puedan siquiera clasificarse para playoff. Es lógico pensar que el cambio de Manning a Siemian les ha llevado a un bajón y, por lo tanto, eso explicaría la bajada de nivel ¿No?

No.

Lo que de verdad está lastrando, a punto de hundir, a los Denver Broncos es la carrera. La del ataque y la de la defensa. Y el juego de Siemian tiene que ver lo justo con eso. Es más, muy probablemente su rendimiento esté siendo minusvalorado por lo desequilibrado de la ofensiva, donde está haciendo más de lo esperable o exigible, y mucho más que su predecesor en el puesto.

Es algo que se puede comprobar mirando los números. Siemian ha completado un 61,2% de los pases que ha intentado este año por el 59,8% de Manning. Bien escasa, y nada significativa diferencia. Pero resulta que la relación entre touchdowns e intercepciones del rookies es 16/7 y el del seguro Hall of Famer fue de 9/17. Casi nada. Además, Siemian hace que el equipo gane 7,3 yardas por pase intentado por las 6,8 de Manning. Eso hace que el ataque aéreo de Denver sume 24 yardas por partido más este año en relación al pasado.

Y también sirve, para notar la diferencia, el viejo método del ojo propio y las impresiones personales. Siempre subjetivas, que duda cabe, aunque me resulta fácil notar que incluso en partidos como el que pierden ayer los Broncos en Tennessee, anotando tan sólo 10 puntos, es el juego por aire el que más aporta a Denver, que sumaron 334 yardas. No es poco. No es baladí.

Como no es baladí que las derrotas de los campeones hayan sido contra Titans, Falcons, Chiefs, Raiders y Chargers, equipos que les corrieron a placer. Es ahí, justamente, donde está la vía de agua.

La pérdida de Malik Jackson y Danny Trevathan, escapados a pastos más verdes en lo económico durante la agencia libre, ha dejado a esa defensa a merced de los buenos equipos que sepan correr con el balón. A pesar, o quizás debido a que la defensa contra el pase sigue siendo la mejor de toda la NFL, los rivales atacan a la yugular y tienen el balón mucho tiempo, amén de anotar con el venerable método de ganar los primeros downs yarda a yarda sin arriesgar una interecepción de Talib o Harris, sin arriesgar una bofetada de Von Miller o DeMarcus Ware.

Cuando los Broncos tienen el balón, el mismo fenómeno pero al contrario. La lesión de C.J. Anderson les ha dejado sin corredores de nivel, de los que consiguen yardas por sí mismos. Con una OL que tampoco es de las que abre los mares para ellos, se han visto relegados al puesto número 28 (de 32) en lo que a yardas por intento se refiere. Un abismo. No sólo no sirven de ayuda a un ataque que tiene un QB novato, sino que son un lastre que obliga a sobresfuerzos en el pase nada aconsejables.

Los Denver Broncos tienen tres partidos muy difíciles para terminar la temporada: reciben a Patriots, van a Kansas City, reciben a Raiders. Su clasificación para playoffs está muy comprometida, aunque, desde luego, en su mano. Son los campeones. Merecen todo el crédito y la confianza de que aún podrán meterse en la pelea por la Super Bowl. Pero si no lo hacen la explicación no puede ser, no debe ser, el cambio de Trevor Siemian por Peyton Manning, porque sería una gran injusticia.