LAS PALMAS

Nueve meses de cárcel a Sergio Araújo por negarse a pasar un control de alcoholemia

La Fiscalía de Canarias acusaba al jugador argentino de un delito contra la seguridad del tráfico por los hechos ocurridos el 26 de septiembre en la localidad de Ingenio.

Nueve meses de cárcel a Sergio Araújo por negarse a pasar un control de alcoholemia

El Juzgado de lo Penal número 3 de Las Palmas de Gran Canaria ha condenado a nueve meses de cárcel y a dos años sin poder conducir al delantero de la Unión Deportiva Las Palmas Sergio Araújo, por negarse a pasar un control de alcoholemia, según han informado fuentes judiciales.

La Fiscalía de Canarias acusaba en este procedimiento al jugador argentino de un delito contra la seguridad del tráfico, por unos hechos que ocurrieron el pasado 26 de septiembre, a primera hora de la mañana, en la localidad de Ingenio (Gran Canaria).

Esta no es la primera vez que algo parecido le pasa al atacante amarillo puesto que en febrero de 2013, cuando residía en Barcelona y jugaba en el filial blaugrana, también fue sancionado durante ocho meses sin carnet de conducir.

La Fiscalía reiteró en el juicio su petición de once meses de cárcel por delito contra la seguridad del tráfico al haber alegado el jugador argentino que fue engañado por la patrulla de la Guardia Civil que le exigió pasar un control de alcoholemia.

En la vista, que se celebró en Juzgado de lo Penal número 3 de Las Palmas de Gran Canaria, declararon, además del propio Araujo, cuatro agentes de la Guardia Civil, el padre el futbolista y un amigo que lo acompañaba en el momento en el que sucedieron los hechos.

En el juicio se acusaba a Araujo de haberse negado a someterse a un control de alcoholemia el 26 de septiembre, cuando estaba detenido con su coche en un carril de incorporación a la autovía GC-1, en el municipio de Ingenio, a primera hora de la mañana.

El delantero sostiene que fue víctima de una encerrona por parte de los agentes, ya que, según su versión, estos le convencieron para que moviera el vehículo (un BMW de su propiedad) hasta una zona donde no interfiriera con el tráfico, ya que se habían detenido a un costado porque su amigo, que conducía, se encontraba indispuesto.

Araujo mantiene que él estaba sentado en el asiento del copiloto y que contó a los agentes de Tráfico que había bebido alcohol, pese a lo cual, estos supuestamente le animaron a que moviera el coche para luego hacerle pasar el control de alcoholemia.

El jugador admite que llamó "mentirosos" a los guardias civiles porque se sintió "engañado", pero ha negado que los insultara en los términos que recoge el atestado, donde se le atribuyen estas palabras: "No soplo, yo no conducía. Son unos conos. No sirven para nada, en vez de ayudarnos nos joden. Cabrones. No sé para qué escribís tanto. Yo no me voy a presentar, lo hará mi padre con mi abogado y mi presidente lo solucionará todo".

El atacante sudamericano finalmente accedió a pasar una prueba con un etilómetro no homologado -el que llevaba la patrulla motorizada-, y dio una tasa de 0,76 (por encima de la permitida), pero no llegó a someterse a la segunda prueba, con el etilómetro homologado que trajeron dos nuevos agentes, requeridos por los primeros ante la actitud del jugador.

En su declaración el futbolista aseguró que no fue informado de que con su negativa a someterse al control incurría en un delito, como estipula el artículo 383 del Código Penal.

La versión que ofrecieron los agentes en el juicio fue totalmente opuesta. El primero de ellos sostiene que solo hablo con el amigo del jugador -Iván Martín, de 38 años-, al verle fuera del coche, y asegura que después de avisarle de que si no movía el coche tendría que ser retirado por una grúa, fue Araujo quien, por voluntad propia, se puso al volante y circuló durante unos 20 metros, trayecto que observó el otro agente, quien le ordenó parar.

El segundo de los agentes ha relatado que le pareció extraña la maniobra porque circuló muy lentamente, con un pequeño zig-zag, y no se incorporó a la rotonda cuando podía hacerlo con normalidad. Y al hablar con él, observó que estaba bajo los efectos del alcohol. Los agentes aseguraron que fueron insultados por el jugador y que este incluso intentó cerrar el coche y abandonar el lugar, por lo que solicitaron refuerzos para su posible detención.

El futbolista, de 24 años, hizo varias llamadas telefónicas desde su móvil y su padre se personó pocos minutos después en el lugar de los hechos. Este ha testificado hoy que le dijo a su hijo que se sometiera a la prueba definitiva, pero que los agentes no le dejaron. "Ya es tarde", le dijeron, de acuerdo con su versión.

El abogado del jugador, Lino Chaparro, pidió la libre absolución de su defendido porque entiende que fue víctima de una emboscada, posiblemente por tratarse de un personaje público, y porque circular 20 metros, aunque fuera bajo los efectos del alcohol, no supone un riesgo para la seguridad vial. El día del juicio ya anunció que presentaría un recurso en caso de ser declarado culpable, algo que se conoce en la mañana de este martes.