La pickup de Bad Bunny: Todo sobre la Ford de 1968 del Super Bowl LX

El Levi's Stadium fue testigo de cómo un camión clásico se convirtió en un podio de resistencia. Exploramos la historia, la técnica y el mensaje político detrás de la elección automotriz más comentada de la década.

La pickup de Bad Bunny: Todo sobre la Ford de 1968 del Super Bowl LX

El 8 de febrero de 2026 quedó marcado en la memoria colectiva como el día en que una pickup desplazó a los reflectores habituales del pop. En el centro del Levi’s Stadium, rodeado de una escenografía que respiraba Caribe, apareció una silueta que muchos reconocieron de inmediato, aunque pocos supieron identificar con precisión técnica al primer golpe de vista. 

La imagen fue poderosa: Benito Antonio Martínez Ocasio, el artista más escuchado del planeta, decidió que su mensaje de identidad latina no necesitaba de motores italianos ni de acabados en fibra de carbono. En lugar de eso, prefirió el acero americano de finales de los años sesenta.

Muchos espectadores en las redes sociales comenzaron a preguntarse por la pickup de Bad Bunny casi al instante en que las cámaras enfocaron su parrilla reluciente. Existe una tendencia generalizada a llamar a estos modelos como «Ford 100», principalmente porque en la memoria de los países hispanos esa denominación es casi un sinónimo de familia y esfuerzo. 

En realidad, lo que vimos sobre el escenario fue una Ford F-250 de 1968, perteneciente a la mítica quinta generación de la Serie F. Este modelo es conocido entre los coleccionistas como «Bumpside» debido a esa línea metálica prominente que recorre todo el costado.

La pickup de Bad Bunny: Todo sobre la Ford de 1968 del Super Bowl LX

La pickup de Bad Bunny: El misterio técnico detrás del metal de 1968

Elegir una F-250 en lugar de una F-100 no fue una decisión tomada al azar por el equipo de producción. Los conocedores de los fierros saben que una F-250 tiene una capacidad de carga de tres cuartos de tonelada, lo que se traduce en una suspensión mucho más rígida y robusta. 

Esta característica era vital para que el artista y sus bailarines pudieran saltar y realizar coreografías sobre el techo y la caja sin que el vehículo se balanceara de forma inestable o sufriera daños estructurales. 

Las llantas de ocho pernos delataron su naturaleza industrial, dándole una postura de autoridad que un modelo de media tonelada simplemente no habría proyectado con la misma fuerza.

La estética del camión se mantuvo en un estado de pulcritud absoluta. El color blanco, que en las tradiciones afrocaribeñas se vincula con la protección y la paz, servía como un lienzo perfecto bajo las luces del estadio. La pickup de Bad Bunny no llevaba adornos innecesarios.

El minimalismo de su restauración permitía que la atención se centrara en la forma del vehículo, una máquina diseñada originalmente para el campo que esa noche se graduó como un ícono de la cultura urbana global. 

Los reflectores laterales, obligatorios por ley desde ese mismo año 1968, brillaron como pequeñas joyas técnicas que confirmaban la autenticidad histórica de la pieza.

La pickup de Bad Bunny: Todo sobre la Ford de 1968 del Super Bowl LX

Por qué el trabajo pesado venció a la ostentación

Benito tiene los medios para presumir cualquier hiperdeportivo de su colección privada. Posee un Bugatti y varios Rolls-Royce, pero llevar uno de esos autos al Super Bowl habría enviado un mensaje de exclusión. Un superdeportivo es un objeto de deseo que casi nadie puede alcanzar. 

En cambio, un camión Ford clásico es un espejo donde se ven reflejados millones de trabajadores. Es el vehículo del abuelo en el campo de Puerto Rico, el transporte del contratista en Florida y la herramienta del paisajista en California. Al subirse a esa plataforma, el cantante validó la estética de la clase obrera.

Este acto de apropiación cultural es fascinante desde el análisis sociopolítico. Las pickups han sido históricamente asociadas con el patriotismo estadounidense más tradicional y conservador.

Al llenar ese espacio con reguetón, letras en español y una narrativa de orgullo inmigrante, se realizó una reingeniería del símbolo. El camión dejó de ser solo un producto de Detroit para convertirse en un puente entre dos mundos. 

La pickup de Bad Bunny representó la movilidad social: el migrante que llega con las manos vacías y, a través de la «brega» constante, logra conquistar el escenario más importante del entretenimiento.

La pickup de Bad Bunny: Todo sobre la Ford de 1968 del Super Bowl LX

Datos clave de la pickup de Bad Bunny del show

  • Modelo exacto: Ford F-250 «Bumpside» de quinta generación.
  • Año de fabricación: 1968 (identificado por la parrilla y reflectores laterales).
  • Configuración: Cabina sencilla con caja larga, ideal para servir como escenario.
  • Capacidad: Tres cuartos de tonelada, lo que garantiza estabilidad en la coreografía.
  • Color: Blanco «Wimbledon», asociado a la pureza y la flota comercial clásica.
  • Simbolismo añadido: Un balón con la frase «Together, we are America» que unificó el mensaje continental.

Curiosidades que quizás no se notaron

  1. El número 64 en el jersey de Bad Bunny y el año 1968 del vehículo crean un marco temporal de la década de los sesenta, época clave para los derechos civiles.
  2. La parrilla de 1968 es única; los modelos de 1967 no tenían luces de posición laterales y los de 1969 cambiaron el diseño interno de las barras.
  3. A diferencia de otros artistas, no se modificó el motor para que hiciera ruidos exagerados; se respetó la esencia de la restauración original.
  4. La altura del chasis de la F-250 permitió que el artista estuviera por encima de la línea de visión de los bailarines, funcionando como un podio natural.
  5. Muchos fans en México y Argentina juran que es una F-100 debido a la inmensa popularidad de ese nombre en el cono sur.

Una jugada maestra de marca personal

Lo que hizo Benito fue una de las mejores campañas de relaciones públicas para la nostalgia industrial. En un mundo que nos empuja hacia los vehículos eléctricos llenos de pantallas, ver un bloque de acero de 1968 funcionando perfectamente nos recuerda la durabilidad y la honestidad de la mecánica simple. 

La elección de este vehículo es un recordatorio de que la verdadera riqueza no está en lo que brilla por el precio, sino en lo que resuena por su historia.

El impacto en el mercado de usados no se hizo esperar. Las búsquedas de camionetas Ford de finales de los sesenta se dispararon en portales de venta apenas terminó el evento. Esto demuestra que la cultura pop tiene el poder de revalorizar el patrimonio industrial. 

La pickup de Bad Bunny no fue un simple accesorio; fue un personaje más en la narrativa de un artista que sabe que para ser global, primero hay que ser profundamente local. El camión blanco se convirtió en el caballo de fuerza de una nueva era donde el orgullo hispano ya no pide permiso para ocupar los espacios de poder, simplemente llega manejando un clásico que todos respetan.

El mensaje final fue de unidad. El uso de una marca tan americana para contar una historia tan caribeña cerró la brecha entre culturas. Al final del día, todos entendemos el lenguaje de una máquina que arranca al primer llavazo y que está lista para otra jornada de trabajo, sin importar si esa jornada es en una granja o en el medio tiempo del Super Bowl.

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