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Trey Mancini y su bat mágico le dan dinamita a los Orioles

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Trey Mancini y su bat mágico le dan dinamita a los Orioles

Trey Mancini y su bat mágico le dan dinamita a los Orioles

USA Today Sports

El madero del novato también ayuda a que otros jugadores de Baltimore hagan gala de su poder.

Mexico City

Nadie va a confundir a Trey Mancini con Robert Redford. Eso es un hecho. Pero no se descarta que inicien las comparaciones entre el novato de los Baltimore Orioles y Roy Hobbs, el personaje al que Redford dio vida en la cinta “The Natural” de 1984.

El filme basado en la novela debut de Bernard Malamud es memorable por tres cosas: Redford, una Kim Basinger en su ápice y, desde luego, “Wonderboy”, el bat que lleva a Hobbs al estrellato.

Más de 33 años después del estreno de la película, Mancini encontró su propio “Wonderboy”. Y no tiene miedo de compartirlo.

El novato disparó dos cuadrangulares el domingo ante los Toronto Blue Jays para llegar a cuatro en la naciente temporada, nada mal para alguien en sus primeros 22 turnos de 2017. Pero la historia de Mancini no empieza ahí, sino en los últimos cinco juegos de la temporada anterior, cuando pegó otros tres palos de vuelta entera en apenas 14 apariciones oficiales al plato.

Es decir, que jardinero y bateador designado de los Orioles tiene siete jonrones en sus primeros 12 juegos en Grandes Ligas, hazaña que comparte con Dino Restelli de los Pirates en 1949 y Trevor Story, el año pasado con los Rockies.

Al ver el éxito de Mancini con el Louisville Slugger modelo C243, sus compañeros no tardaron en probar los beneficios de blandir un tolete caliente.

Tres bateadores después del segundo jonrón de Mancini, Craig Gentry tomó uno de los bates del novato con resultados inmediatos, un jonrón de dos carreras. El dominicano Manny Machado no se quiso quedar fuera de la fiesta y, otros tres bateadores después, también se fue para la calle con uno abordo y darle forma al triunfo de 11-4 sobre los agonizantes Blue Jays.

A diferencia de Hobbs, Mancini no talló su bate del mismo árbol que partió un rayo, y debajo del cual murió su padre. Pero al igual que con el ficticio personaje, alguien no va a tardar en querer inspeccionarlo a detalle. Mientras eso sucede, sin duda habrá más jugadores de los Orioles parándose a batear con uno de los toletes de Mancini. Hay que aprovechar la magia mientras dure.

La de Mancini es uno de esos cuentos de hadas que se escriben cada abril en Grandes Ligas. Solo queda esperar que no termine como la novela de Malamud.

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